El arte asturiano hace piña en la primera exposición de Mieres sin Mieres

Familiares, amigos, allegados y discípulos abarrotan las salas de la Casa Natal de Jovellanos en la muestra de fondos municipales y de la familia inaugurada 15 días después de la muerte del pintor

Un aspecto de la inauguración de la muestra dedicada a Alejandro Mieres en la Casa Natal de Jovellanos
Un aspecto de la inauguración de la muestra dedicada a Alejandro Mieres en la Casa Natal de Jovellanos

Gijón

El pasado 23 de febrero fue de palabra, en el emotivo acto que precedió la incineración de sus restos; anoche, Alejandro Mieres recibió el primer homenaje de obra, quince días después de su fallecimiento. Aunque la obra apenas pudo ser atisbada entre los muchos allegados y admiradores -artistas también casi todos ellos- que abarrotaron una las salas del Museo Casa Natal de Jovellanos. En dos de ellas quedo ayer inaugurada la primera exposición dedicada al pintor palentino que hizo de Gijón la ciudad en la que vivir, crear, procrear, enseñar y ejercer como uno de sus ciudadanos más implicados y activos.

Tal y como se había anunciado justo tras la muerte de Mieres, la pinacoteca gijonesa ha echado mano de la obra del artista presentes en sus fondos, que ha completado con una potente selección de piezas de distintas épocas de la producción del pintor pertenecientes a la colección familiar. No fue la noche para ver arte, con todo, sino para ver más bien artistas asturianos; en particular, creadores plástcos de las dos generaciones posteriores a la de Alejandro Mieres, para los que fue maestro, guía y referencia indiscutible: una representación, muy en particular, del arte de la segunda mitad del siglo XX en Asturias, que hizo piña en torno al recuerdo del que, con razón, se consideraba el patriarca del gremio no solo por su edad sino por su ejemplo y su irradiación.

La piña se cerró también afectuosamente en torno a la familia del artista, y a ella se sumó una representación de la política local encabezada por la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, que recorrió en su presentación de la vida y el trabajo de Mieres, y recordó también las ocasiones en las que los fondos municipales se enriquecieron con su obra: una temprana y primera compra en 1964 y una operación a mediados de la década de los 90 en la que, a la adquisición de nuevas piezas, se sumó la donación del propio artista. Moriyón resaltó la decisiva aportación de Mieres a la «renovación de los lenguajes contemporáneos» y su «implicación» en numerosos frentes de la vida de la ciudad.

Intervino también en el acto la artista, discípula y activista de la pedagogía artística Pepa García Pardo, discípula y amiga de Mieres, que evocó anécdotas y actividades realizadas en la propia Casa Natal dentro de sus programas didácicos junto al pintor; en particular, el taller para escolares Diseñar el paisaje: paisajes de arena, que traspuso al arenal de San Lorenzo los principios y métodos creativos de Alejandro Mieres. Además de repartir entre los presentes el cuaderno publicado para recoger aquella experiencia, se repetirá de nuevo en el mismo lugar para el público familiar el próximo día 30 de marzo.

Pero el momento más emotivo de la noche tuvo como protagonista a uno de los hijos del pintor, el también artista Juan Mieres, que ya también conmovió con un texto de despedida a los asistentes al responso del pasado día 23 de febrero. El hijo del artista lo describió como un «jardinero loco que jugaba a ser dios» y a «construir un mundo nuevo», desplegando a lo largo de su fértil trayectoria un mapa de  «recortes de un universo infinito». Su padre, sintetizó con poderoso aliento poético, fue «un hombre solo frente a un color solo» que deja una obra donde «hay sonido: el de los clásicos que escuchaba en su estudio» mientras trabajaba.

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