Solo para fans de «Big Little Lies»

Los que viajaron al Monterrey que deslumbró en los Globos de Oro tienen nuevo destino familiar a la vista. «Heridas abiertas» lleva a streaming la ópera prima de Gillian Flynn. El domestic noir gana enteros. Despierta. La pesadilla está en casa.

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La novela negra le ha cogido el gusto a quedarse en casa. Pero de sweet home, nada. Si la letra es negra y criminal, dices hogar y hace frío, viento helado, viruxe, papel film que envuelve la historia familiar, a veces la primera gran desconocida. Tu muerto está delante y no lo ves, un clásico. La pesadilla está en casa, y hoy cruza el umbral de la puerta, se lee con ganas, se acomoda (y a la chita callando revienta estereotipos sociales) entre los intereses del lector y el homo streaming.

Posiblemente, los fans de Big Little Lies, gran ganadora de los Emmys y los Globos de Oro con su golpe al cliché del beautiful way of life y el matrimonio-familia-maternidad perfectos, lo sepan: uno de los estrenos más sonados, de los más esperados del año en la plataforma HBO, anunciado para el verano pero sin fecha, es la serie Heridas abiertas, basada en la novela debut de Gillian Flynn, periodista de Misuri que tras diez años de oficio en la revista Entertainment Weekly se quedó en paro y descorchó el éxito. La autora ha revisitado el escenario de su feliz y plácida infancia, según cuenta, en clave de novela negra, psicológica, doméstica. Y Heridas abiertas tiene, a priori, mucho en común con la estupenda Big Little Lies: dirige Jean-Marc Vallé, la apuesta es fuerte en actores (la sobria y grandiosa Amy Adams, debes verla en La duda y La llegada, y la protagonista de It, Sophia Lillis, luminosa), una trama limitada a ocho episodios, un lugar pequeño y un cuadro familiar rico, frívolo, modélico... en la foto. Pero así de partida veo una diferencia con Big Little Lies: tras estas Heridas hay una buena novela, 300 páginas que leerán del tirón los adictos al domestic noir. Stephen King aprecia su escritura impetuosa e inteligente.

En la desespera de la serie, muerde la letra. Como novela Heridas abiertas es cine Hitchcock, con papel activo para la angustia del espectador (se nota que a Flynn la marcó Psicosis). Welcome to Wind Gap, y estás atrapado (¿atrapada?). Los hechos: dos asesinatos llevan a la periodista Camille Preaker a volver a su pueblo natal. Pero son sus personajes los puntos más potentes de la trama: la propia Camille, oscura y autodestructiva, una hermana precozmente fallecida; otra hermana, Amma, caprichosa, manipuladora, obsesiva. Una casa de muñecas que nos va sacando de quicio. Una madre con ¡qué nombre!, Adora. La historia tiene su aire de familia con ¿Y tú qué clase de madre eres?, la novela con que nos fustigó Paula Daly.

Heridas abiertas lo muestra, las grandes apariencias esconden historias de terror, copas rotas en la manga, restos de sangre y bilis bajo la alfombra. Hay sombras como pozos en las familias perfectas, que se parecen al menos en una cosa: su frágil consistencia.

Hay vida fuera, pero el thriller se precipita dentro, como un mindhunter buscando la razón del sociópata, la raíz de enfermedades sociales.

Es un suspense casero, de cara lavada y coleta, que tronza códigos, y ahorra en personajes y efectos. Y atrapa por eso. Por natural. Por señalar el crimen que nos queda más cerca.

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