«Dejé la tele porque no me dejaban hacer comedia»

Sabemos lo que hicieron y lo que van a hacer. Porque son los presentadores del informativo más futurista de la televisión. A Ángel Martín le encantaría retransmitir el fin del planeta Tierra, pero mientras no llega disfruta el día a día con Patricia Conde, que confiesa lo que le cuesta ponerse seria, incluso en los funerales.


No hay duda de que son una de las parejas televisivas que mejor funcionan. Hace tiempo que Patricia le rondaba a Ángel para hacer algo juntos, pero esperó «a que el niño estuviera listo» y llegara una propuesta chula. Y llegó. Cada tarde a las 20.30 horas en Movistar presentan un informativo en el que cuentan todas las novedades más relevantes relacionadas con la innovación y la tecnología. Por supuesto, con mucho humor.

-¿Sois el programa del futuro? ¿Vais un paso por delante en la televisión?

Patricia Conde. No. Somos un programa de humor, es una comedia, donde sí que es verdad que la herramienta es la ciencia y la tecnología, actualidad en lo que se refiere a Internet y redes sociales pero solo somos un programa de humor más.

Ángel Martín. Pues, yo digo sí. Ojalá. Por delante no vamos, estamos poniéndonos al día, cogiendo carrerilla.

-¿Qué noticia os gustaría adelantar?

Á. M. A mí el fin del planeta Tierra. También es verdad que me gustaría darla en el último minuto de mi vida. Terminar mi vida viendo el fin de la Tierra.

P. C. Pero en plan se acerca un meteorito a la Tierra... No lo que nos han dicho de en el 2056, sino pasado mañana.

Á. M. Claro, claro, que sea algo confirmado.

P. C. ¿Pero realmente te gustaría dar la noticia o te gustaría estar disfrutando de tus últimos minutos de libertad?

Á. M. Las dos cosas. Me gustaría dar la noticia, y luego decir: «Os dejo, que tengo dos minutos libres».

P. C. ¿Y quieres que la gente te vea a ti en la tele?

Á. M. No, no, yo quiero darla, luego que me vean o no, me da igual. Poder ser el último ser humano en dar una noticia importante para todos.

-¿Teníais el presentimiento de que os volveríais a juntar en la tele?

Á. M. Patricia sí. Lo has dicho a veces. Yo no lo sé, todo mi pasado está borroso.

P. C. Yo lo tenía claro. Yo sabía que íbamos a trabajar juntos de nuevo. Es fácil, tan fácil como coger el teléfono y decir: ¿Comemos? ¿Nos vemos? Vamos a ponernos de acuerdo. Es verdad que en su momento yo le dije a Ángel: «Podemos hacer algo...». Y me dijo: «Na, na. Estoy en otras cosas». Bueno, pues vamos a dejar que el pequeño se centre, yo mientras voy tirando hacia otras cosas y ya cuando esté listo vemos. Hay que dejar un tiempo prudencial para que la gente descanse, porque estar tanto tiempo durante tantos años... Yo creo que el espectador incluso lo agradece cuando te retiras un poco y vuelves.

-¿Se lo debíais al público?

P. C. Eso que conteste Ángel, porque fue el que movió al final todos los hilos del mundo para que hoy estemos aquí.

Á. M. Yo solo pregunté a la gente si le molaría ver algo así. Me dijeron que sí y pensé: «Pues aprovecho». Porque yo pensaba: «Igual a la gente ni le apetece», entonces ni haces el esfuerzo. Pero la respuesta fue tan guay que lo empezamos a mover, claro, lo que faltaba era alguien que viniera con una propuesta chula para no volver a hacer lo mismo.

-¿No creíais en una segunda parte de «Sé lo que hicisteis»?

Á. M. No creo que una segunda parte con el mismo contenido volviera a funcionar, porque al final han pasado diez años. SLQH llegó en un momento en el que la prensa del corazón tenía una presencia muy bestia, y estaba muy descabalgado aquello, pero ahora mismo no tendría sentido. Apetecía volver a recuperar la comedia, los sketches, los personajes, hacer el idiota en un plató... pero faltaba encontrar una percha.

-No sabéis estar serios, ¿no? ¿Cuando os enfadáis nadie os cree?

Á. M. Yo es que estoy serio todo el día, siempre. Yo, la Conde no lo sé.

P. C. A mí me cuesta mucho ponerme seria, y cuando me pongo seria digo: «Madre mía». Yo con el carácter que tengo, me cuesta mucho, sí que me tengo que poner seria, lógicamente... Soy una persona normal por mucho sentido del humor que tenga. Me cuesta, porque tengo ese sentido del humor a modo salvavidas, que siempre sale a flote. Es que yo soy de esas, que aunque esté en misa, en la boda de unos amigos o en un funeral, por ejemplo, sí que tengo mucha empatía y me dejo llevar por el dolor, pero me sale esa vena rebelde, irreverente, y al final...

-Como pareja funcionáis muy bien, pero ¿tenéis vuestros más y menos a la hora de trabajar?

Á. M. Como no es un campeonato tampoco, al final estás currando en la misma dirección. Uno escribe una broma, cuando el otro la ve, suma, porque de pronto le parece que se puede añadir algo que es más divertido, y lo haces.

P. C. Se trata de eso, si te quieres dedicar a esto, es un trabajo en equipo. Yo confío plenamente en Ángel, todo lo que dice me parece fenomenal.

-¿Ese feeling televisivo no sería lo mismo si no hay la amistad que hay detrás?

Á. M. Pues no lo sé, porque siempre ha estado ahí. Es curioso porque cuando empezamos a currar no nos conocíamos de nada, y nos entendimos desde el principio. Es verdad que en el momento en el que te haces amigo, eso crece, pero ha estado siempre, no ha habido que hacer un esfuerzo para tratar de entendernos.

-¿A qué tecnología estáis enganchados?

Á. M. Yo estoy muy desenganchado. Estaba muy enganchado al teléfono, mucho, mucho, pero hice el ejercicio de tratar de alejarme. Yo tenía que mirar el teléfono sabiendo que nadie me había llamado o escrito, era la clase de persona que tenía que mirar WhatsApp sabiendo que no tenía ningún mensaje. Era como estar loco. Hice el ejercicio de desintoxicación. Ahora casi termino el día y no lo he mirado.

P. C. Yo lo que se dice enganchada a una tecnología, a ninguna. Mi agenda sigue siendo de papel, me gusta escribir, tachar... Fíjate, hay gente que puede tener un robot de cocina, pero en mi casa yo hago mis tartas a mano. ¿Igual a Instagram? No sé si enganchada, pero reconozco que es un medio de trabajo. Al final es tu canal, tu minicanal privado en el que tienes que mantener a la audiencia, y tienes que estar publicando contenido. Igual no tengo ese enganche por mí misma, que me vuelvan loca los seguidores, sino por tenerlos contentos. El enganche es de querer ofrecer humor y mantener a la gente alegre.

-¿Ángel era tu condición para volver a la tele?

P. C. Yo he estado haciendo muchas cosas. «Somos Velvet y queremos que hagas dos capítulos interpretando a Brigitte Bardot», y no dije: «O está Ángel Martín haciendo un personaje o no voy». Los poderes extraordinarios del cuerpo humano es una serie documental divulgativa muy interesante, donde se aprende mucho y le permite al espectador aprender cosas sobre su propio cuerpo, y tampoco dije si no está Ángel no lo hago.

Á. M. Pues me parece mal.

P. C. Lo hice mal Ángel, ¿verdad? Tenía que haber dicho que o estabas tú o nada. En Gin Tonic también podías haber hecho un papelito... Nosotros hemos hablado mucho en estos años, nos hemos mandado mensajes: «Oye, a ver si cenamos hoy, a ver si quedamos con nuestras familias...». Esas cosas sí, de gente normal, pero sí que es verdad que nos apetecía mucho volver a trabajar juntos, para mí es muy fácil, porque sé que me voy a reír, me lo voy a pasar muy bien. No es como si me mandan un guion del Club de la comedia, que me lo tengo que leer para saber qué voy a hacer. Lo tengo que aprobar, y luego defender esos chistes... Muchas veces, un cómico cuando lee un guion que no ha escrito él, o que no es de una persona que conoce mucho... No es como en este caso, que lo conozco tanto, que sé lo que va a escribir, sé que me va a gustar y que es muy bueno. Tengo la mitad del trabajo hecho, y es muy bonito. Yo estoy encantada.

-Ángel, dejaste la tele por agotamiento, ¿qué fue lo que te cansó?

Á. M. Empezamos en algo que no era televisión, un espacio donde podías hacer la comedia que a ti te apeteciera, porque las limitaciones eran cero, y se convirtió en un sitio donde las limitaciones cómicas eran todas. No podías hacer comedia, y me cansó el no poder hacer lo que a mí me gustaba. Y haber estado haciéndolo durante cinco años dos horas y media al día.

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