Un combo palomitero XXL

CULTURA

«Proyecto Rampage», de Brad Peyton, da lo que promete: un carrusel de efectos digitales a partir de un videojuego de éxito cuyo guion ocuparía un par de folios siendo muy generosos

02 may 2018 . Actualizado a las 08:15 h.

New Line Cinema y su asociada desembolsaron 120 millones, pero en su primer fin de semana se hizo con un bruto de 150 en todo el mundo, con lo cual negocio al canto y un señor, tan simpático como limitado actor, The Rock, se confirma como la estrella más taquillera del orbe Hollywood. Son claves que conviene tener muy en cuenta ante Proyecto Rampage, que, como el algodón, tampoco engaña… Nadie que ceda dos horas de su tiempo y un puñado de euros para verla podrá afirmar sentirse defraudado porque da lo que promete: un carrusel de efectos digitales a partir de un videojuego de éxito cuyo guion, diálogos incluidos, ocuparía un par de folios siendo muy generosos. Si además pones al frente del invento al canadiense Brad Peyton, en cuyo currículo encuentras un puñado de chuminadas, pues ya está, mainstream al bote, que no lo contrataron para jugar a otra cosa. Se trata de contar una historia, ¿no? Pues aquí la tienen y si hay público que abomine de este cine y críticos avinagrados, que se lo hagan mirar o pasen de largo. De lo más lógico.

George es un gorila albino y buena gente, al que un primatólogo salvó del exterminio cuando todavía era un bebé. Aunque eso no lo vemos, nos imaginamos que entre ambos se establecerá un vínculo afectivo que haría las delicias de Freud, pero eso aquí no toca. El problema viene del cosmos, cuando una estación espacial a vueltas con malolientes experimentos genéticos, promovidos por una multinacional de escrúpulos cero, se descompone y sus restos caen sobre la Tierra. La consecuencia será una mutación en varios bichos, que acaban convertidos en monstruos, George entre ellos. Y ya está. En la última media hora, se pulen la mitad del presupuesto y dejémoslo así para evitar un spoiler. Ahora bien, dicho todo esto y balizando el filme en la versión más simplista del entertainment, reconozcamos que también en nuestra infancia nos vendieron simplezas como puños y bien que lo pasábamos. Cabe suponer que la actual chavalada, por muy resabiada que sea, encontrará esta peripecia de lo más molona. Pues nada, que tampoco es el fin del mundo...