Festival de Cannes: El «Quijote» de Terry Gilliam cabalgará al fin 20 años después

La Justicia gala desestima la demanda del productor Paulo Branco


Cannes / E. La Voz

El Quijote de Terry Gilliam caminaba hasta ayer de modo frenético rumbo a la cima del malditismo de la historia del cine. Se aguardaba con incertidumbre en Cannes la decisión judicial que, de dar la razón al productor Paulo Branco, habría supuesto la prohibición de proyectar el filme en el festival. El conocimiento del ictus cerebral sufrido días atrás por Gilliam completaba el cénit desgraciado de la leyenda negra de esta película. Con semejante ambiente, solo faltaba que a Lars von Trier, a quien el certamen ha levantado este año el veto impuesto tras sus desafortunadas boutades sobre Hitler y el nazismo en el 2011, le hubiera saltado otro procesador mental para terminar de orquestar la tormenta perfecta.

Pero la malhadada peripecia del Quijote pareció salir de su bucle de fatalidades. El Supremo francés desestimó la demanda de Branco, algo que Thierry Frémaux anunció antes de la proyección vespertina del filme Donbass. Y, al mismo tiempo, se congratuló de la mejoría de la salud de Terry Gilliam, lo que le permitirá presentar el largometraje el próximo día 19.

Así, veinte años después de la primera y catastrófica desdicha, cuando el rodaje de Gilliam terminó en un Waterloo entre el barro y la tormenta que de manera tan fascinante recogen las imágenes del documental Lost in La Mancha, por fin cabalgará el hidalgo con el título premonitorio de dificultades The Man Who Killed Don Quixote. Y, con independencia de los rumores generalizados sobre la pobreza artística final del empeño, el director que fue factótum de los Monty Phyton, antes de brillar como caballero andante del fantastique en obras de la entidad de Brazil, El rey pescador, Doce monos o Tideland, habrá culminado su puñetera odisea.

Fuera del bucle quijotesco, en el ambiente del festival resonaban aún los ecos de las risas contraindicadas y burlescas que acompañaron el pase de prensa de la cinta de Farhadi Todos lo saben, ruido de fondo elevado a medida que el trabajo del iraní descarrilaba en un despropósito que sonaba a mezcla de un Lorca de guardarropía con diálogos y situaciones dignos del más inspirado Gila. De Lorca a Gila, con Las Grecas de banda sonora, la película a priori más hiperprotegida por el certamen ha salido igualmente en parihuelas y por la puerta de servicio, tras la entrada triunfal de la inauguración en la red carpet.

Paul Dano y Richard Ford

El debut del actor norteamericano Paul Dano tras la cámara, con la adaptación de la novela de Richard Ford Wildlife (traducida en España como Incendios), es un más que notable acercamiento al universo en parte autobiográfico de Ford y la bien dolorosa vida de este chico: una adolescencia traumática en la herrumbrosa y puritana Montana de los 50, entre un padre, golfista profesional que pierde su empleo y se alista como bombero en medio de una ola de fuegos provocados, encarnado por Jake Gyllenhaal, y una madre, Carey Mulligan, la cual, en ausencia del marido, vive un romance bizarro que termina de traumatizar al joven agonista, una revelación llamada Ed Oxenbould, que carga con el peso de la aflicción. Wildlife reconstruye con certera minuciosidad la atmósfera de la sociedad asfixiante presidida por la foto enmarcada de Ike Eisenhower. Y es un pequeño prodigio de sensibilidad dramática contenida, en los antípodas del culebrón ibérico-iraní de Bardem y Penélope.

También de desmesuras va Donbass, la nueva histeria del ucraniano Sergei Loznitsa sobre el conflicto en Ucrania. En este caso, al menos, su habitual maniqueísmo abre algo el angular y después de una hora donde muestra de modo grosero la brutalidad prorrusa enseña también que la idealizada revolución de terciopelo tiene más feas arrugas de violencia y autoritarismo que la piel de un cochino jabalí.

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