De sidros y comedies por la ciudad que conquista Europa

La asociación el Cencerru participa en su décima edición consecutiva en el festival de la Máscara Ibérica de Lisboa. Potencia la vertiente cultural y gastronómica


Lisboa

El jardín de la plaza del Impero, en Lisboa, frente al famoso monasterio de los Jerónimos, huele estos días a fabada. El intenso olor del compango y les fabes ha cubierto el aroma dulzón de los pasteles de Belém, que generan largas colas en los obradores más conocidos del barrio lisboeta. Los culpables son los integrantes de la asociación El Cencerru, que participan en su décima edición consecutiva del festival de las Máscara Ibérica con los sidros y les comedies, justo cuando están a punto de convertirse en Bien de Interés Cultural (BIC). Con el objetivo en mente de difundir la cultura asturiana y no únicamente les mazcaráes tradicionales, innovan. Este año, han gestionado un bar con degustaciones de platos típicos asturianos, han participado en un showcooking en el que las estrella ha sido el cachopo, han protagonizado varias animaciones y conciertos con la Bandina L'embolau y han asistido a debates culturales con representantes de multitud de países.

La ciudad que cautiva a Europa, en la que se instalan estrellas de todo el mundo o que organiza festivales de Eurovisión, es una amante fiel de las máscaras. El festival ha cumplido 13 ediciones y goza de buena salud. Se ha trasladado del centro a Belém, un punto estratégico del consolidado sector turístico que permite escuchar las más variadas lenguas en los cómodos y pintorescos tranvías o en las colas de iglesias, monasterios o pastelerías. Frente al soleado estuario del Tajo, hormigueantes grupos organizados agudizan sus oídos y sus olfatos para tratar de entender qué hay en esas carpas rodeadas de personajes singulares..

Tres días intensos  

El programa ha sido intenso pero el acto central sigue siendo el multitudinario desfile del sábado por la tarde. Más de 500 personajes pertenecientes a 35 grupos de cuatro países (Portugal, España, Irlanda y Brasil) han mostrado al público cómo la cultura no entiende de fronteras y cómo la máscara asturiana tiene hermanos gemelos o lejanos en medio mundo. No desfilaron, pero en Belém también había búlgaros, cabo verdianos o belgas. Tanto es así que la directora del Museo Internacional Du Carnaval et du Masque, Clemence Mathieu, les ha incorporar un traje de los sidros a su exposición permanente. El vicepresidente de el Cencerru, Pablo Canal, ya ha recogido el guante y se está planteando cómo materializarlo. 

El desfile es el momento en el que los sidros alcanzan su máximo esplendor, con una potente puesta en escena. Con las máscaras de piel, sus travesuras y sus saltos son capaces de cautivar a los asistentes de todas las edades. El resto de personajes son el contrapunto perfecto, el ciego, el diablu, el borracho. Cada uno tiene su función y también su público. Hay quien prefiere sacarse una foto con el sidru. Otros en cambio se esmeran para posar junto a la seductora diablesa. Algunos, espoleados por el calor, buscan a los borrachos que escancian la sidra con gran estilo, aunque tengan que luchar contra el viento que entran cambiante desde el estuario del Tajo. La bandera de Asturias lucida en el garabatu anuncia su llegada tanto como los acordes de la Bandina L'embolau, con unos músicos enfundados en sus invernales trajes tradicionales. No es, por tanto, un desfile al uso sino una marcha en la que se interactúa de manera constante y en el que el lenguaje internacional es el de la máscara. Algunos dicen que llega a crear adicción. También lo demostraron los Mazcaritos de Oviedo, una tradición de recuperación más reciente, que también se han incorporado a este festival internacional.

La guinda a la participación es el desfile pero el programa ya comenzó el jueves. Las asociaciones han contando con el respaldo de dos delegaciones municipales de sus concejos. El alcalde de Siero, Ángel García, y los concejales de Oviedo Rubén Rosón y Fernando Villacampa han estado presentes en Lisboa, respaldado la importancia cultural de les mascaráes de invierno en su territorios. Los tres acudieron, por ejemplo, a una recepción con el alcalde de Sintra, Basilio Horta, después de visitar el palacio nacional, uno de los edificios de la ciudad reconocidos como patrimonio de la humanidad por la Unesco. Los ediles de Oviedo estaban especialmente interesados en este encuentro, ya que ambos ayuntamientos están tratando de cerrar un hermanamiento. Si nada se tuerce, están a punto de conseguirlo. La cena oficial también fue un espacio interesante de intercambio para todas las autoridades municipales, ya que acudieron representantes de la mayoría de los municipios, con lazos estrechos, e incluso representantes de las embajadas.

El bar ha sido un polo de atracción durante todo el festival. No solo las raciones de fabada triunfaron, también se podían comprar productos típicos como el queso. Hubo degustaciones, bocadillos de carne mechada, bollos preñaos, arroz con leche,... Y sidra en todas sus variantes, desde la natural a la de mesa o de caña. El estando de los sidros es un escaparate interesante en el que ha estado presente la IGP de Ternera Asturiana y el Ayuntamiento de Siero. Junto a los bares ha habido otro tipo de puestos. El de Oviedo, por ejemplo, fue más institucional. Los artesanos han mostrado sus máscaras y las asociaciones han exhibido su labor de recuperación y mantenimiento de las tradiciones.

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