«Queremos el acceso universal a la salud en África»

«Hay motivos para el optimismo: se trata del continente con el mayor crecimiento económico y demográfico», señala el presidente de la Fundación AMREF España, Álvaro Rengifo

Álvaro Rengifo, presidente de la Fundación AMREF España
Álvaro Rengifo, presidente de la Fundación AMREF España

Redacción

El economista Álvaro Rengifo acumula más de tres décadas de experiencia como alto ejecutivo y gestor de políticas en las administraciones públicas. Desde la presidencia de la Fundación AMREF España intenta que la veterana ONG que cuida de la salud de África aumente su base de socios y mejorar la financiación de los proyectos que diseña la matriz de la organización en Kenia.

-¿Cómo les ha sabido el premio?

Ha sido más que una alegría. Los asturianos están acostumbrados a verlo de cerca, pero nosotros no sabíamos lo maravilloso que era. Estamos orgullos y fascinados por todos los actos de la semana anterior. Ya me habían dicho que hay un ambiente especial en Oviedo. Ahora lo sé.

-¿Cómo explicaría el trabajo de AMREF a alguien que no lo conozca?

Nuestra característica más importante, muy subrayable, es que somos una fundación africana. Nosotros solo somos el capítulo español y estamos para ayudar en los proyectos que diseña la casa matriz en Kenia. La sede está en Nairobi. También hay que decir que somos una ONG veterana, antigua. Ya hemos cumplido 61 años de trabajar por la salud en África. Eso significa que la organización nació antes de que Kenia fuese un estado independiente. Sobre nuestro trabajo, nos dedicamos a la salud y las cosas que giran a su alrededor, como el acceso al agua potable, la atención a las mujeres y los niños, que son colectivos vulnerables, y la formación, porque, para ser sostenible, cualquier proyecto necesita personas capacitadas para ocuparse de él. Nos hemos fijado como objetivo el acceso universal a la salud en África.

-¿Qué se hace en España?

Aquí estamos desde 1997, justo 40 años después de haber empezado en África, y aún somos pequeños. Tenemos pocos socios y por eso este premio nos parece un maravilloso empujón, una palanca gigante para darnos a conocer.

-¿Envían personal a África?

Por lo general, no. Solo algunos especialistas en algún procedimiento concreto si nos lo solicitan desde allí. Somos un equipo de diez personas. Lo que hacemos es ver y recopilar proyectos, que principalmente se desarrollan en Etiopía, Kenia y Senegal y, a veces, en Sudán del Sur. Son países donde la ayuda española está bien implantada. Presentamos esos proyectos ante las autoridades locales, autonómicas y estatales para buscarles financiación. No hemos llegado aún a Asturias, pero acudimos a convocatorias para dedicar fondos en salud en Castilla y León, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Madrid. La última ayuda que nos han concedido es de 150.000 euros dedicados a instalar pozos sostenibles que funcionan con energía solar para extraer agua potable.

-Para un cierto imaginario europeo, África es un continente de problemas. ¿Cuál es su visión?

Nosotros nos centramos en trabajar en tres o cuatro de los objetivos de la Agenda 2030 de la ONU para el desarrollo. Creemos que somos buenos en ello y estamos contentos. Y, se diga lo que se diga, no todo es desolación en África. También hay motivos para el optimismo. Es el continente con mayor crecimiento económico y demográfico, será el más poblado a finales del siglo XXI y eso le dará peso y hará que sea un actor importante en la escena mundial. Soy economista y no puedo evitar fijarme en las tendencias globales. Hay otra muy buena, que es el crecimiento de la estabilidad política y jurídica. Los conflictos y los golpes de estado son hoy menos de la mitad que en las décadas anteriores. Todo eso no quiere decir que no haya retos. En el conjunto de 35 países del África subsahariana donde trabaja AMREF solo hay un médico por cada 10.000 habitantes. La media mundial es uno por cada 1.000. Y en España la ratio es uno por cada 250. Nuestro trabajo es atender eso, y la estabilidad política ayudará, sin duda, a la economía y a las sociedades. La tecnología lo hará más fácil y aumentará la difusión de la información. En diez años, la conectividad cubrirá el 99% del territorio africano. Solo en zonas muy remotas no habrá cobertura. Esa tecnología dará un vuelco a la situación y eliminará muchos desfases. Pero en España aún sorprendo cada vez que cuento el grado de penetración del uso del teléfono móvil como medio de pago en Kenia. 

-¿Se aprecian muchas diferencias institucionales entre países y regiones?

Claro. Hay zonas tan estables como Europa, si no más. Botsuana, por ejemplo. Ruanda empieza a ser ejemplar, aunque suene raro a quien se haya quedado con las imágenes de la guerra en los años 90. En Senegal hay democracia de forma ininterrumpida desde los años 60. Namibia es una pequeña joya. Y Sudáfrica, por supuesto, es una sociedad fascinante, interesantísima, con todas sus luces y sombras. También hay ejemplos negativos. Zimbabue casi ha desaparecido después de 30 años de dictadura de Mugabe.

-¿Cuál es la apuesta de futuro de AMREF?

En el trabajo para formar el personal que necesitan la sanidad y el cuidado de la salud: hombres y mujeres que sean médicos, enfermeros, celadores. También damos formación a una especie de paramédicos que actúan como agentes itinerantes de salud. Son más enfermeros y enfermeras que doctores, pero recorren el territorio, dan información y ayudan muchísimo. En Nairobi acabamos de abrir una universidad para impartir estudios de Medicina y Enfermería. Nos parece esencial que haya matronas cualificadas. Son muy necesarias. Buena parte de la mortalidad infantil que persiste procede de la ignorancia de la fragilidad de los bebés durante el parto, de la falta de conocimientos y de higiene que redunda en infecciones. Es una tarea enorme, pero compensa al ver las caídas en la mortalidad infantil. Queda mucho por hacer pero la bajada ha sido enorme, casi exponencial, en los últimos 50 años y hay que hacer que siga así.

-¿Con qué recursos cuenta para trabajar por esos objetivos?

AMREF moviliza a unas 1.000 personas para gestionar proyectos que representan más de 100 millones de euros al año. Así se de tratamiento, cada año, a 10 millones de personas. Ha tratado a más de 160 millones de personas desde su fundación. Desde España, que por ahora solo es una pequeña parte donde se recauda medio millón de años al año, se ha atendido a seis millones de africanos. El impacto es muy grande.

-¿Cómo cambian esas vidas?

Mejorar la salud tiene impacto social, como se ve en la campaña por la salud femenina y de lucha contra la mutilación genital. Para explicarla en Oviedo, vendrá a España un mujer masai que es un gran referente de la lucha contra esa lacra, que, por cierto, no puede reducirse a estereotipos: es transfronteriza, transreligiosa y transcultural y se da en 30 países del mundo, de los que 29 son africanos. Afecta a 200 millones de mujeres.

-¿Mantienen el espíritu fundacional de mandar médicos en avioneta a zonas remotas?

Hoy tenemos aviones con UVI o medicalizados. Ese programa de flying doctors, que fue la primera seña de identidad de AMREF para llevar medicinas y salud a zonas remotas, sigue existiendo, pero ya no es la principal necesidad que atendemos ni lo que se lleva el grueso de la gestión. Han mejorado las comunicaciones y las infraestructuras y es menos necesario. En realidad, ahora los aviones sirven para generar recursos para las otras actividades. Tenemos acuerdos con empresas que ofrecen seguros médicos y esos aviones se ocupan de las necesidades de expatriados o turistas. Se gestiona por separado.

-¿Colaboran en iniciativas amplias con otras ONG?

No, no vamos más allá de la salud, salvo en los casos de emergencias o hambrunas. En caso de catástrofe, todo el mundo tiene que arrimar el hombro, por supuesto, y nos ponemos a disposición de las agencias de la ONU.

-¿Cómo han cambiado los desafíos en estas décadas de experiencia?

Por suerte, se han erradicado o limitado algunas enfermedades. El sida fue dramático. Parecía una pandemia incontenible. Pero la investigación y la prevención han reducido aquellas cifras terribles de los años 80, cuando la cuarta parte de los niños nacían seropositivos. Ahora es un problema serio que hay que vigilar, pero ya no una emergencia. Se ha erradicado la viruela y estamos consiguiendo reducir el glaucoma, que produce ceguera por el consumo de agua contaminada, y la malaria.

-Hay informes de agencias internacionales que alertan del tremendo impacto en África del cambio climático y las migraciones. ¿Qué retos les plantean esos fenómenos?

El cambio climático hay que observarlo a largo plazo. Es cierto que ya se están multiplicando los días calurosos, sea por un ciclo natural o por el impacto de la actividad humana. De momento, los cambios en África son mixtos. Por un lado, hay menos desertificación, lo que es positivo. Por otro, muy negativo, más sequías prolongadas. Desde luego, las hambrunas y los grandes desplazamientos de población afectan a la salud y subrayan la necesidad de garantizarla. Si gozaran de una buena sanidad universal, los africanos tendrían un motivo menos para dejar sus hogares en busca de mejoras en sus vidas.

-¿En España solo se destacan las malas noticias de África?

Sobre todo, creo que la imagen de África sigue alejada de nosotros. Por motivos históricos, miramos más hacia los países latinoamericanos. Otros países sí se vuelven más hacia África. AMREF tiene 10.000 socios en Francia, 30.000 en los Países Bajos. En España aún no llegamos a 400, aunque tenemos el reto de conseguir ser 2.000. Confiamos en que nos ayude a lograrlo la atención que genera este premio.

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