Bárbara Lennie: «No me interesa ser la más atractiva, intento borrarme del lugar de la bella»

Es la actriz del momento, está arrasando con tres películas en cartelera y su carrera es imparable. ¿En qué eres bárbara?, le preguntamos. «En la perseverancia y en que soy optimista». Pareja de Diego Postigo, ex de Bimba Bosé, asegura que está feliz y estable en un momento muy «casero y familiar»


Bárbara Lennie ( Madrid, 1984) no se descoloca nunca, pero asegura que por dentro la cosa escuece, que tiene la piel frágil y que le puede la pasión. En cambio, no se le nota, mantiene siempre la distancia de seguridad de quien prefiere tener el control, también de una carrera -o mejor carrerón- que la ha llevado este otoño a ser LA actriz de la cartelera. Después de Todos lo saben, junto a Javier Bardem y Penélope Cruz, estrenó El reino, y ahora presenta Petra. En este subidón de éxito, Bárbara asume que tiene instinto para el talento, pero que ha tenido mucha suerte también. Feliz con su pareja, Diego Postigo, ex de Bimba Bosé, asegura que en lo personal estos años han sido también muy buenos, de refugio casero con la familia: «En eso me sale mi parte argentina, soy de mostrar mi afecto y disfruto mucho con la reunión». ¿Y en qué eres bárbara? «En la perseverancia».

-Hablamos hace tres años, rodabas en A Coruña «María y los demás». ¿Qué ha cambiado desde entonces?

-Imagínate, han sido años muy intensos. He trabajado mucho, pero sigo aprovechando, como hacía ahí en A Coruña, para salir a correr cuando estoy rodando en los sitios bonitos.

-Ahora presentas «Petra», estás con «Todos lo saben» y «El reino»... ¡Eres la actriz del momento!

-Sí, estoy en un momento de recoger un montón de trabajo previo y es verdad que han sido años muy intensos, que se han acumulado películas ahora y he rodado sin parar. Estoy muy contenta de presentar Petra porque tenía ganas de ponerme en manos de Jaime Rosales, que tiene una mirada tan particular sobre las historias. Es una especie de tragedia moderna o melodrama trágico que gira en torno a la búsqueda que hace de su padre, una vez que se muere la madre. Nunca ha sabido de él y siente la necesidad íntima de saber de dónde viene.

-Es también una reflexión sobre si podemos escapar del destino.

-Por lo menos conocer si hay un destino y saber por qué, de dónde vienes para saber adónde vas.

-Tu trabajo es siempre muy depurado, de contención, de ver el interior, ¿es un proceso?

-Yo no pienso en términos de interior o de exterior. Si fuera un personaje, en este caso, que te exige un cambio, una manera distinta de hablar, o transformarte físicamente, entonces está claro que tienes que empezar a trabajar por fuera, pero con Petra, la protagonista no ha sido así. A Jaime lo que le interesa son las personas, cuanto menos supuesto artificio haya, mejor. Por eso ha sido un trabajo de ir acercándonos a la ficción a través de la realidad, de nuestra realidad personal e ir metiendo elementos de la película.

-¿Tú llevas una mochila muy cargada de piedras?

-Sí, pero para bien. No piedras como obstáculos, sino vivencias, en positivo. Yo, al final, he vivido bastante intensamente para tener cosas a las que recurrir.

-Concrétame un poco: ¿qué te han dado tus genes en positivo?

-Una mezcla, partiendo de la infancia, que es a uno lo que más le marca, haber nacido aquí, irme para Buenos Aires de niña, volver para acá... con lo que eso lleva, con lo que conlleva la emigración, eso ha ido articulando mi identidad. Y es maravilloso, pero en el momento fue complicado. Ahora lo pienso como algo positivo: tener dos países, dos ciudades, dos familias, pero bueno, el camino no es superarmonioso.

-Tú eres de las que arma casa en cualquier sitio, ¿no?

-Sí, es una manera de supervivencia, desarrollas esa capacidad para estar a gusto en donde estés y, como tenemos este oficio que vamos con la maleta adonde sea, pues tienes que tener un refugio en donde estés. En el rodaje de Todos los saben yo compartía lugar de descanso con Inma Cuesta y Elvira Mínguez. Ellas en eso son geniales, ya no es que armen casa, es que se traían la compra al set, la tortilla, la empanada, el jamón, el vino... Era una locura, estaba fascinada con ellas, me parecieron míticas, y con ellas sentí esa diferencia: de estar en un sitio que no conoces de nada pasamos de repente a tener una especie de casita. Se lo agradezco un montón a las dos, porque son como dos mamis maravillosas.

-Me confesaste hace años que «la vida real nunca está a la altura de lo que una imagina». ¿Te has llevado muchas decepciones?

-A lo mejor lo que pasa es que he dejado de ser tan fantasiosa [risas]. Me decepciono menos porque no me puede la fantasía, disfruto más de la realidad que de la fantasía. Han sido años de aprender mucho y vivir mucho.

-¿Sigues muy unida a tus padres? Porque ellos han sido fundamentales para ti, son quienes están detrás.

-Sí, absolutamente. Sigo muy unida, no me he peleado ni nada de eso [risas]. Son fundamentales para mí, y además con una distancia muy saludable, no estamos pegoteados todo el día, nunca han sido unos padres así, pero desde que he empezado a formar mi propia familia ellos se ubican en otro lugar. Es normal.

-En ese ámbito familiar, se te ve estable y feliz con tu pareja, Diego Postigo.

-Sí, sí. Estoy muy contenta, me parece un mundo muy fascinante la familia, que me ha dado muchas cosas maravillosas, y otros momentos muy duros, pero me han hecho reubicarme en el mundo.

-¿Eres casera? ¿De hacer nido?

-Sí, sí, en todo lo que puedo sí. Soy una mezcla, me encanta la casa y a veces no saldría de mi familia, y otras solo necesito salir para estar bien cuando vuelvo. No me gusta renunciar a ninguna de las dos cosas y no es fácil.

-Eres una mujer de aspecto muy seguro, das una imagen de serenidad, pero no sé si por dentro la cosa está cociendo... o escociendo.

- Yo soy bastante pasional, parezco tranquila, pero soy muy sensible, las cosas me afectan. Por eso soy actriz, tengo la piel suave y frágil, eso no quita que luego no intente estar todo lo equilibrada que pueda, parece que es lo saludable para una. Pero a veces parezco tranquila y estoy tremendamente nerviosa.

-Bueno, eso ya es mucho. Tienes el control de la situación.

-En este trabajo aprendes a lidiar un poco con eso, porque los sets no son los lugares más tranquilos del mundo y la presión que una siente cuando dicen «acción» es fuerte, según cuándo y con quién. Aprendes a recolocarte y a respirar.

-Todos los actores dicen que el rodaje de «Todos los saben» fue duro. ¿Trabajas bien bajo presión?

-Mmmm. Es que nunca he trabajado en ningún sitio donde no haya sentido eso, donde no haya sentido presión. Lo que pasa es que puede ser para bien, puede ser creativa, para sacar adelante una historia; esa presión es muy apetecible, también te genera un nervio que está bien para el trabajo. Cuando la presión se convierte en opresión es más complicado, yo así no trabajo bien y tiendo a distanciarme, a no fluir.

-¿En «Petra» qué fue lo que más nervio te sacó, lo que más te puso contra las cuerdas?

-Fue el funcionamiento del rodaje, porque Jaime tiene muy claro lo que quiere y lo que no. Por ejemplo, le gusta el silencio, le gusta controlar prácticamente todo, no le gusta que los actores hablemos entre nosotros, que opinemos sobre lo que estás haciendo, hasta que encontraba el plano eran tiempos muy largos...

-Caray.

-Sí, sí... Entonces he tenido que adaptarme a todo ese funcionamiento y es ahí donde encontré más el reto.

-Tú me contaste que tenías mucho instinto para la gente con talento, ¡te ha funcionado!

-Sí, por un lado creo que ese olfato está aún, pero también siento que soy muy afortunada, que no es nada fácil que haya podido hacer pelis que me apetecieran, potentes, tan diferentes, con envergaduras distintas... Eso soy consciente de que es excepcional. Pero no solo ha sido suerte, hay parte de fortuna, y otra de trabajo, son sinergias que vas haciendo y a lo mejor los trabajos que haces generan interés en otros, es una cadena.

-Y cuando llega el subidón, el premio como el Goya, el aplauso. ¿Cómo lo recibes?

-Me da felicidad, alegría, una tiene que estar orgullosa de lo que ha hecho, pero no le doy más vueltas. No me rayo en ese sentido. Mi vida no gira en torno a si me dan un premio o no, pero cuando llega, digo: «Oye, estupendo».

-Has currado mucho, ¿sientes que en esta racha tienes que aprovecharlo todo?

-Eso es particular. Porque por un lado pienso que es una racha maravillosa, y por otra, ahora no estoy rodando nada. Desde que acabé Todos lo saben, en diciembre, no he vuelto a rodar. Este año he estado más alejada del cine, y no sé muy bien para dónde voy a ir. No te puedo decir que los dos próximos años los tengo cerrados y que estoy tranquilísima, porque en absoluto. Estoy todavía en búsqueda y a ver cómo lo hago, aún tengo que ir decidiendo lo que quiero. A veces la propia inercia del trabajo te lleva a cosas que no te apetecen. Ya te digo, encontrar proyectos como los que he hecho no es tan fácil.

-Mantener el listón da yuyu.

-Sí, y también hay que quitarse la presión de mantener ese listón, es una balanza. Como decía Fernán Gómez: «Hay que trabajar». ¿Vas a decir que sí a este proyecto? ¿Hay otro? No, pues entonces digo sí. Esa también es la realidad: soy actriz y me dedico a contar historias, a veces serán mejores y otras peores. Pero estoy viendo cómo hacerlo.

-Y cuando la cosa afloja, ¿te encierras en tu mundo?

-No, encerrarme no. Paro en el rodaje, pero sigo estudiando, me da tiempo a estar con la gente que quiero y que no puedo ver, estoy en casa, me voy de vacaciones y pienso que cada vez tengo más claro que a lo mejor hay que generar el trabajo una misma. Buscar historias que me apetezcan y hablar con gente que esté alrededor y que son talentosas, en eso es en lo que ando.

-¿Estás en un momento tranquilo?

-No diría que tranquilo [risas]. Vengo de estar diez días en Toulouse, en París, en Miami, ahora Barcelona, tranquila no es la palabra.

-Haciendo un guiño a «María y los demás», ¿qué dirían los demás de Bárbara?

-No tengo ni idea, no lo sé, espero que no sea una pesada de cojones [risas].

-¿Pero en qué eres bárbara? ¿Cuál es tu fuerte?

-Creo que soy perseverante, muy trabajadora. Me considero honesta y tiendo al optimismo, a pensar que vale la pena estar bien antes que estar mal. Soy muy sufridora, pero también muy disfrutona, y me recupero bien de las cosas más jodidas. Y cuando vienen buenas las disfruto mucho.

-Nos decía el otro día Maribel Verdú que no se pierde una, que dice sí a todo.

-Sí, es que yo tengo la sensación de que una se resguarda de más en la vida. Y es un poco más coñazo, más aburrido, porque es para protegerte en realidad. Y sí creo que nos protegemos demasiado. Sí, ya ves, estoy con muchas ganas de disfrutar, han sido unos años muy intensos en lo profesional y en lo personal, se han mezclado muchas cosas, estoy recolocándome y mimándome mucho, dándome mi tiempo y mis espacios. Quitando presión todo lo que puedo.

-Viendo todos tus trabajos, muchos han sido papelones, has dado voz a mujeres fuertes, pero no has explotado tu lado físico, tú que eres una mujer muy guapa. Hay un público femenino que te lo agradece, ¿eres consciente?

-Soy consciente de que no he focalizado mi carrera en mi físico, sí, es así. No es lo que me ha interesado, ni ser la más guapa ni salir la más atractiva. Si la película lo exige, sí, pero he hecho más personajes que hablaban de mujeres reales, de movidas bastante heavies, y no me perturba, es más, me gusta mucho que una mujer se siente en una sala y se sienta identificada con lo que estoy contando. Intento borrarme del lugar de la bella, no me parece tan interesante.

-Muchas mujeres han visto en ti un referente de esa manera.

-Qué bien, eso me gusta, me parece genial, la verdad. A mí como espectadora también me pasa, las actrices que me gustan son con las que me puedo identificar, y pueden ser más o menos bellas, por supuesto, pero me gusta que me cuenten algo que tenga alma, que sea de verdad. No es tan fácil.

-¿Eres muy fan de alguien?

-No, no soy muy mitómana, no tengo LA actriz, pero me gustan un montón de trabajos de compañeras. Soy muy espectadora.

-¿También de tu trabajo?

-No, no. Si años después la veo en algún sitio, o la ponen en no sé dónde, veo mis películas, pero para observar qué hicimos [risas].

-¿Y ahí te sueles gustar?

-A veces sí, otras no. ¡Algunas digo: ‘Madre mía, qué ha pasado’! Pero he aprendido a ser indulgente conmigo, en general cuando hago las cosas las hago con entrega. Cuando más me enfado es cuando no ha sido así, y pienso: ‘Aquí me despisté, o podría haberlo hecho de otra manera’. Cuando trabajo lo hago con todo mi ser, si sale bien o mal, bueno, ya es otra cosa. Sí que respeto que he sido honesta con lo que en ese momento podía ser.

-Lo único que echamos en falta es una comedia tuya.

-Síii. ¡Tanto!, si sabes de algún proyecto, ya me lo cuentas [risas]. Lo que he recibido de comedias no las he acabado de ver, no me he visto en ellas, creo que puedo hacer un tipo de comedia, a lo mejor no toda. Y ese tono no es tan fácil de encontrar, pero ya llegará. Y si no llega, pues ya me lo inventaré.

-¡Sentido del humor hay!

-Sí, es básicamente lo que me interesa en la vida, si no, me parece todo un horror.

-¿Qué echas de menos de tu Argentina?

-A mi gente, a mi familia, no tanto al país. Sería muy feliz si estuvieran aquí, o más cerca. Este año no he podido ir, fui en enero del año pasado...

 -¿Qué tienes más de argentina?

-Tengo, tengo. Los argentinos son más fáciles a la hora de compartir lo que les pasa, yo soy así. Soy de afecto, de mostrar cariño, soy próxima, analítica, a los argentinos les gustan las reuniones familiares, el jaleo, y en eso yo me siento identificada.

-¿Y Javier Bardem? ¡Cómo ha sido ese tándem con él!

-Ha sido maravilloso, ha sido de los momentos que más he disfrutado en mi carrera, sobre todo esa secuencia de la película, en que estamos en casa, ese instante intenso, lo recuerdo como muy mítico para mí. Tenerlo enfrente ha sido un regalo de la vida, creo que lo recordaré siempre, me queda ese recuerdo del trabajo muy pensado, preciso y muy serio, y por otro, el trabajo del dejarse fluir, del instinto, del juego, de la relajación. Fue muy especial para mí.

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