Matilda, la heroína que gana con los años (y ya son 30)

El mundo editorial se vuelca con el aniversario de este clásico de Roald Dahl protagonizado por una niña prodigiosa que se enfrenta a las miserias del mundo adulto. El ilustrador Quentin Blake la vuelve a esbozar tres décadas después, imaginando en qué se habría convertido


Hace tres décadas, en 1988, Roald Dahl creaba el irresistible personaje de Matilda Wormwood, esa niña prodigiosa, valiente y precoz lectora -con 5 años ya había leído a Dickens, Jane Austen o Hemingway- que lograba enfrentarse con su voluntad y poderes mágicos a un mundo adverso, caracterizado por sus mediocres padres, que la ignoran, y la cruel e intolerante señorita Trunchbull, esa profesora abominable que escandaliza con sus métodos a muchos padres de hoy en día.

La historia, de éxito casi inmediato, disparó su popularidad con los años, sobre todo después de que en 1996 Danny DeVito la adaptase al cine, con algunas licencias sobre el guion original pero manteniendo su espíritu rebelde (con causa), y de que en esta década la prestigiosa Royal Shakespeare Company le dedicase un musical muy premiado. Aun así, es ahora, 30 años después, cuando el libro del genio galés parece más vivo que nunca. En España, Alfaguara ha querido rendir homenaje al aniversario con una edición especial que recupera las inconfundibles ilustraciones de Quentin Blake, el dibujante que colaboró con el escritor hasta su muerte y que contribuyó a realzar a Matilda como un clásico infantil. Blake, que ahora tiene 85 años, ha tratado, por su parte, de imaginar en qué se habría convertido en este 2018 la intrépida e inteligente niña. El resultado -la segunda novedad editorial sobre Matilda, publicada en Reino Unido- se ha plasmado en tres portadas de una edición especial para coleccionistas (de Puffin Books ) en las que la pequeña aparece retratada como astrofísica consolidada, viajera que explora el mundo o directora de la Biblioteca Británica, en un claro guiño a su pasión lectora.

Visión feminista

Pero, más allá de estas cuidadas revisiones, es la propia actualidad y ese anhelo generalizado de apostar por personajes femeninos libres de estereotipos, el que ha contribuido a que a Matilda le siente especialmente bien el paso del tiempo. En el 2012 la afamada revista School Library Journal pidió en una macroencuesta a sus lectores que votasen por los que consideraban mejores libros infantiles. El protagonizado por la niña quedó en el puesto 30, por delante de otros clásicos de Roald Dahl como Charlie y la fábrica de chocolate. Desde el propio medio lo explicaban así: «Esto es lo más cerca que estuvo Dahl de tener una visión feminista y las niñas de todo el mundo aman a Matilda. Fue una especie de proto-Harry Potter, con una desagradable familia y habilidades mágicas secretas. Para una generación, Matilda fue nuestra Harry».

Desde Alfaguara se insiste en lo mismo. La editorial quiso poner el foco en las diez razones por las que se debe ser fan de Matilda, si es que esta genial niña no te ha conquistado ya. Más allá de encontrar en la literatura un camino a la esperanza, su independencia, fortaleza, voluntad de igualdad inquebrantable -para ella solo existen las personas sin distinción de sexo o apariencia- o resiliencia, son solo algunos de los conceptos (modernos) que contribuyen a que la historia luzca como nunca. La protagonista tiene que soportar el desprecio de su tóxica familia (con un padre estafador y una madre absorta en su anodina existencia), de sus compañeros y de la temible directora. Pese a ello, se convierte en una persona admirable, que se evade del mundo gris que la rodea, que busca un mundo justo y que no duda en castigar a todas las personas que considera malas. En el libro la pequeña se enfrenta a varios adultos convertidos en villanos, en un atrevimiento poco común en la literatura infantil y que en su día llevó a los críticos a considerar a Dahl como un provocador. Las venganzas ideadas por Matilda y los escandalosos castigos a los que infligen a los escolares (el escritor pasó su adolescencia en un duro internado británico) chocarán, aunque también harán las delicias, a los lectores de hoy en día.

Otro final

Confirmado el éxito intergeneracional, hay críticos que ahora se preguntan qué hubiera pasado si el autor hubiese mantenido el guion original de la historia, que tenía un final diferente, un borrador que fue descubierto por su familia en el 2003, trece años después de su muerte, mientras se revisaban sus manuscritos para poder abrir el Museo de Roald Dahl en Great Missenden, el pueblo donde vivió durante 36 años. En esa primera versión de la historia una Matilda mucho más ingobernable y maléfica que la actual moría tras usar sus poderes telequinéticos (mover objetos con la mente) en lugar de abandonar a su obtusa familia e irse a vivir con la bondadosa profesora Honey, su aliada en la historia y la única que supo reconocer su brillantez. Un texto definitivo más inocente y alegre sobre el que los expertos opinan que el autor atinó y del que hay lectores que hoy valoran que reconozca formas de familia no tradicionales (profesora y alumna).

Esta originalidad sumada a una imaginación sin límite, a la introducción de temáticas poco tratadas en la literatura infantil, a su humor negro y acidez y al agudo análisis de las miserias del mundo adulto confirman de nuevo que vale la pena cumplir años junto a Matilda.

Matilda planta cara a Donald Trump

Robin Millard

Con motivo del 30 aniversario de la ingeniosa niña, el pasado octubre se erigió de forma temporal en Great Missenden, la población inglesa donde el escritor vivió durante 36 años y donde se mantiene un museo dedicado a sus creaciones, una elocuente estatua en la que Matilda aparece con los brazos apoyados en sus caderas, en actitud desafiante, frente a un Trump que la mira desde arriba con gesto de disgusto.

La idea de la escultura surgió a raíz una encuesta en la que The Roald Dahl Story Company, la compañía que gestiona los derechos de las obras del autor galés, preguntó a los lectores qué haría la protagonista del libro si estuviera hoy viva. El 42 % de ellos afirmaron que la niña, que en la ficción se enfrenta a la cruel directora Miss Trunchbull se enfrentaría ahora mismo al presidente de Estados Unidos.

«Matilda demuestra que es posible para cualquiera, sin importar lo pequeño y débil que se sienta, derrotar a las Trunchbull de nuestra vida», sostuvo en un comunicado Bernie Hall, portavoz de la compañía.

La obra se encuentra frente a la biblioteca de la localidad, un edificio que inspiró a Dahl para crear la biblioteca de ficción donde Matilda comienza a devorar literatura clásica a su corta edad.

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