Ted Bundy, el monstruo que mantuvo en vilo durante una década a Estados Unidos

El documental «Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy» reconstruye su sangriento historial gracias a las horas de conversación que mantuvo con dos periodistas cuando estaba en prisión


Redacción

«Hay miles de hombres atractivos y la mayoría de ellos no han sido condenados por ser asesinos en serie». Con este tuit, Netflix quiso cerrar el debate abierto por su documental sobre Ted Bundy. Cientos de comentarios en redes sociales destacaban el encanto del asesino en serie que acabó con la vida de 34 mujeres en los setenta. ¿Realmente se puede sentir algo más que asco y rabia por un monstruo de este calibre?

Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy reconstruye en cuatro capítulos el sangriento historial de Bundy gracias a las horas de conversación que mantuvo con dos periodistas, Stephen Michaud y Hugh Aynesworth, cuando ya estaba en prisión. Fue él quien solicitó que le visitasen, porque buscaba alguien que escribiese su historia. Se acercaba el día de su ejecución y quería una biografía que exaltase su figura. Era el último cartucho de su descomunal ego. Ese mismo que sale a relucir en sus charlas grandilocuentes y fantasiosas. Pero los periodistas supieron darle la vuelta a la tortilla. Le entraron al trapo. Y le consultaron, como el experto en psicología que nunca fue, su opinión sobre uno de sus asesinatos. Entonces rompieron el castillo de naipes. Y empezó a contar más de la cuenta.

En su historia todo parece ficción. Crímenes en siete estados, juicios televisados, huidas de película y su colaboración como estudiante de derecho en un grupo creado para localizarle. Incluso su final. Fue precisamente una mujer la que se encargó de acabar con su vida.

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