Carlos García Gual: «Las mujeres han entrado tarde en la Academia, pero tienen el camino abierto»

El helenista ocupa el sillón J de la RAE. Dice sobre el lenguaje inclusivo que «conviene no exagerar. Hay gente que llega a excesos, que es absurdo»


Santiago / La Voz

Hay un brillo en sus ojos cuando habla de Ulises. Como Prometeo, dedica su vida a llevar la cultura al ser humano. Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) estuvo esta semana en el IES Antonio Fraguas de Santiago para hablar de la Odisea dentro del proyecto del centro sobre por qué leer a los clásicos.

-Acaba de publicar «Grecia para todos». Si todos somos griegos, como decía Percy B. Shelley. ¿Por qué hay que recordarnos de dónde venimos?

-Bueno, no creo que la gente sea ya consciente de que todos somos griegos, que venimos de Grecia. Shelley era un poeta romántico con el entusiasmo de algunos poetas del XVIII y yo no creo que la gente ahora comparta esa tesis. A pesar de todo, creo que hay algo de griego en el fondo de nuestra cultura, que es esa búsqueda de la verdad, el pensar que hay que mantener una cierta crítica... La idea también de la libertad y la igualdad... Al fin y al cabo los griegos inventaron la democracia. Pero en otros aspectos estamos bastante lejos de los griegos. Vivimos en una sociedad de masas donde los medios de comunicación imponen una visión del mundo muy distinta de la antigua.

-¿En qué sentido?

-Bueno, es un mundo donde lo que se aprecia sobre todo es el dinero, la fama superficial, la tecnología, y esto naturalmente no es una crítica a la tecnología [sonríe], es muy distinto del mundo antiguo. El mundo antiguo era más sencillo, era más de pasiones más claras y donde todavía el individualismo podía cultivarse. El drama de la sociedad de masas es que es muy difícil ser individual y crítico.

-Usted es un reputado helenista. Con este bum del STEM, ¿las Humanidades están en peligro de extinción?

-Tanto como en extinción no, quizá, pero creo que están en muy mal momento y siempre lo he dicho, no por una crisis interna de las propias Humanidades, sino por una presión externa que va totalmente en contra de ellas. La enseñanza de las Humanidades se ha reducido tremendamente en el sistema educativo. En la cultura mediática también van perdiendo papel. Domina una propaganda que pueda ser de consumo masivo, por ejemplo los best seller etc sigue siendo lo que ocupa un espacio tremendo tanto en librerías como en los periódicos. Mientras, otros temas, otros libros u otros enfoques más críticos quedan casi ahogados. El peligro es que todo ese mundo crítico, liberal, queda un poco ahogado por los medios de masas.

El drama de la sociedad de masas es que es muy difícil ser individual y crítico

-Estamos creando una sociedad acrítica.

-Sí. Creo que sí, creo que el dominio de esos medios de masas hace que se cultive una cosa como mucho más superficial. Es un mundo, por otra parte, mucho más de la imagen. La imagen domina sobre los textos escritos. Uno de los problemas es el de la lectura. En parte, la crisis actual comienza con esa disminución de la lectura. Por otra parte, claro, hay todo ese apoyo a lo que es fácil y masivo, a una literatura superficial... Entonces es verdad que acercarse a las Humanidades requiere tiempo, libertad y una especie de búsqueda de una crítica individual. Eso  está en peligro.

-No se lee y parece que cada vez escribimos peor. En las últimas oposiciones de profesorado se generó una polémica ante una supuesta ortografía muy precaria de los aspirantes.

-Exacto. Cada vez se leen menos libros y se escribe menos. Es que hay que pensar que hay mucha gente que gasta muchas horas de su día mirando el móvil. Ese es uno de los problemas de nuestro tiempo, que ahora empiezan a darse cuenta también los psicólogos y a decir lo peligrosa que es esa deriva. Uno lo ve en la sociedad, que hay muchísima gente que pasa muchas horas de su día atendiendo al móvil. Efectivamente, eso va contra la lectura y sobre todo también contra la lectura crítica.

-¿Leer en una pantalla no es leer, entonces?

-No, no. Bueno... No es leer nada de una cierta profundidad. O sea, leer eso es como leer eslóganes o frases sueltas. Eso no es la lectura. Yo me refiero a una lectura crítica. En ese sentido, el libro para mí sigue teniendo su enorme atractivo y su enorme importancia, aunque es verdad que también hay mucha gente que lee en pantallas.

-Acaba de tomar posesión del sillón J de la RAE. Lo hace en un momento en el que el debate sobre las lenguas cooficiales está en la arena política. ¿Usted cree que el español está amenazado?

-Yo creo que en general, no. Ahora, en cierta áreas, por ejemplo de Cataluña, si se impone con dureza el catalán como único idioma sí puede estarlo. En general, el idioma español tiene muy buena salud porque ahora acaba de salir un libro que dice que lo hablan más de 555 millones de personas. Pero en ciertas zonas, si se impone una especie de censura a todo lo que es en castellano, si solo se promueve la literatura en catalán, pues sí, evidentemente. No logrará imponerse, pero que puede hacer retroceder al español, sí.

-Pero no hay ninguna comunidad en la que haya una persona que no conozca castellano.

-Nooo, que no conozca castellano es imposible. En parte también porque la televisión que se ve en gran parte es en español. Puede haber un cierto retroceso en eso que decíamos de que escriban peor en castellano, que no entiendan peor.. Y es muy raro y es un poco lamentable, porque yo que he conocido la realidad catalana, es una sociedad bilingüe, como aquí la gallega es una sociedad totalmente bilingüe. Tiene sus elementos positivos que se insista en que esas lenguas, como el catalán o el gallego, deben escribirse y tienen una importantísima literatura. Lo malo es cuando hay una tendencia dogmática a imponer una sola. Como en el franquismo en ciertos momentos también.

-¿Está el español fracturado? Por ejemplo, Netflix subtituló en español de España el español de México de «Roma». A Cuarón no le ha sentado muy bien.

-No, creo que no la hay. Hay pequeñas variantes en el vocabulario. Es verdad que en un habla mexicana así popular puede haber bastantes palabras que no entendamos, pero eso es bastante reducido. El español, a pesar de todas esas variantes sudamericanas, tiene una gran cohesión y se ve en la Academia. La Academia ahora tiene muy buena relación con todas las academias sudamericanas. Y en la gran literatura, los novelistas mexicanos, colombianos, etcétera se leen aquí sin ningún problema, igual que el castellano se lee allí sin ningún problema. Pero sí, hay variantes de pequeñas zonas, palabras nuevas... Pero yo creo que eso no es grave y que incluso enriquece el castellano. De cuando en cuando la Academia admite palabras que vienen de ahí, que vienen de esas hablas locales.

-Pero no hablo tanto de cuestiones lingüísticas como de una prevalencia del español de España sobre el de América.

-Yo creo que ahora no, que eso puede haber sido en cierto momento. La idea actual es que el español de América es un español excelente. No sé si García Márquez utiliza muchas palabras colombianas o no, o los grandes escritores de México, que yo creo que es la literatura más viva de la lengua española en este momento. Pero no, no es un problema, yo creo que es algo que enriquece la lengua. El otro día vi la presentación de un diccionario de colombianismos que era impresionante, y no creo que para el español eso sea ninguna desventaja. 

-Cito sus palabras en otra entrevista: «La Academia ha sido injusta en el pasado con ciertas figuras femeninas». Usted, hombre, ha ocupado el sillón J. Hay un nuevo presidente, también hombre. ¿LA RAE tiene que hacer una reflexión?

-Creo que ya la hace, o que ya la ha hecho. Actualmente yo creo que ese problema no existe. Es verdad que solo hay ocho mujeres, de las cuales seis han entrado en los últimos diez años. Cuando yo decía eso de injusta me refería sobre todo a casos como el de la condesa Pardo Bazán. Creo que en su época era una gran escritora y era una persona intelectualmente de primera fila. Ese fue un caso injustísimo. Pero eso en estos momento no se da. Creo que actualmente se aprecian los méritos de las mujeres igual que los de los hombres. Lo que pasa es que en la Academia se entra por mérito, luego da igual que sea un individuo masculino o femenino. Creo que no lo hay hoy, pero lo ha habido. El caso más escandaloso es el de la condesa Pardo Bazán.

-O María Moliner.

-María Moliner también, pero María Moliner, la verdad es que no es tan grave, porque se presentó en una ocasión frente a Emilio Alarcos, que era un gran escritor y un hombre muy reconocido y no salió. Y cuando se quiso volver a presentar no estaba bien de salud. No hubo una segunda vuelta. Yo he entrado en una segunda vuelta. En cambio la condesa no sé si hizo dos intentos o algo así. María Moliner habría entrado sin duda, no tengo duda. Lo que pasa es que esa primera vez, pasa a veces ¿no? Se encontró con un hombre que era muy prestigioso... Yo creo que más que que sea masculino o femenino, a veces puede influir que tenga buenas relaciones con otros. Emilio Alarcos aparte de un gran lingüista era catedrático de universidad y tendría seguramente más apoyos dentro. Pero siempre se ha tenido un gran respeto por María Moliner.

María Moliner habría entrado en la Academia, sin duda

-Entonces en un futuro veremos a más mujeres en la Academia.

-Claro, claro. De hecho, puede decirse que en todas las academias del mundo pasa algo parecido, porque las mujeres han entrado tarde, pero tienen el camino abierto.

-Vuelvo a citarlo: «Duplicar palabras innecesariamente es una tontada». Esto sobre el lenguaje inclusivo. ¿No hay que cambiar absolutamente nada?

-Me refiero a que conviene no exagerar. Por ejemplo, este libro se titula Grecia para todos. Pues no habría que titular «para todos y para todas». A eso me refiero, que hay gente que ya llega a esos excesos, que es absurdo. Cuando alguien dice «tengo tantos alumnos», ya se entiende que son alumnos y alumnas. Marcarlo en todo es un tanto excesivo, porque insisto que el plural tiene esa forma neutra que sirve para los dos. Es verdad que a veces coinciden con la masculina, pero no es eso. Si empezamos con todos, el lenguaje se recarga inútilmente. Es lo que quería decir.

-¿En qué momento hay que marcarlo?

-Cuando convenga remarcarlo. Por ejemplo, uno se puede dirigir a un público diciendo «todos» pero a lo mejor si hay mujeres puede decir «señoras y señores», incluso poniendo antes señoras. Conviene marcarlo cuando sea útil y necesario. Pero cuando no, creo que no.

-¿Entonces no comparte esa máxima de lo que no se nombra no existe?

-No, porque yo creo que no quiere decir eso. Es como si en plural quiere decir seres humanos. Pues no hay que decir seres humanos y seres humanas. Está comprendido.

-La Academia parece que está aceptando con un poco más de rapidez los neologismos, sobre todo de tipo tecnológico. ¿Es más permeable?

-La Academia está muy atenta a lo que ya se hace. No da leyes, sino que recoge usos. Por ejemplo, yo estoy en esa comisión y siempre tenemos un dossier de lo que ya se dice «esta palabra ya está usada tantos miles de veces». A veces tenemos una nota de Internet, de 300.000 veces. Pues una palabra que ya se ha usado 300.000 veces la Academia debe acogerla y procurar en todo caso que se escriba de la mejor manera posible.

-Y si aparecen 300.000 entradas con «todos y todas» ¿habría que pensarse lo de la economía del lenguaje?

-Pero eso no creo que apareciera, pero no lo sé. Eso no es lo que escandaliza a la gente sino que haya palabras nuevas que vengan del inglés. Esas palabras, en principio, entran como palabras de un idioma extranjero, pero a la larga se españolizan. A la Academia la acusan a veces de introducir neologismos, pero es que los neologismos ya están ahí. Lo que tiene que hacer es buscar la forma más correcta de escribirlo. El problema son los anglicismos, que entran a chorros, y admitir los que ya no sea posible traducir al castellano.

-¿Hasta qué punto hay que dejar entrar esas nuevas palabras?

-Hay que intentar marcar un límite, pero a veces ya no se puede. Hay palabras que se ha buscado la forma española y lo otro es arrollador. Pero se intenta de cuando en cuando. Sobre todo la prensa, muchas veces, tiende a introducir palabras extranjeras, inglesas, sobre todo, demasiado deprisa. A veces por pura comodidad, porque existe la palabra española.

Una palabra que se ha utilizado 300.000 veces la Academia debe acogerla y procurar que se escriba de la mejor manera posible

-A veces la la palabra española no tienen el mismo matiz.

-No, ciertamente [sonríe]. No tiene el mismo matiz y eso los diccionarios deberían recogerlo. Se intenta, eh. Pero a veces se cogen los artículos de prensa y tiene una cantidad de anglicismos tremenda.

-Pero el español es una lengua que en sí misma es reacia. En cambio el inglés inventa palabras, las introduce y listo.

-Es que si pensamos en cosas tecnológicas el inglés siempre va por delante y tiene un carácter más universal. Si aquí se inventasen nombres para cosas técnicas tendrían un alcance mucho más reducido. La marea terrible que viene de nombres extranjeros viene del inglés.

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