Ballet de Toulouse, notable alto

La compañía francesa presenta un buen programa mixto que cierra con el prestigioso Groosland de la gurú del contemporáneo Maguy Marin, delicia ética y estética

Un momento de «Fuga», a cargo del Ballet de Toulouse
Un momento de «Fuga», a cargo del Ballet de Toulouse

Segunda de abono del Festival de Danza de Oviedo, con el Ballet du Capitole de Toulouse en el programa de mano: tras la exhibición, notable. La compañía, una de las agrupaciones francesas más señeras y solventes del panorama actual, presentó cuatro piezas separadas, dos a dos, por un receso, y con un cambio en el orden de ejecución de las obras, respecto al anunciado, más acorde con la producción, los tiempos y, si se me permite, el sentido común.

Abrió fuego una de las obras más representadas de Forsythe, The vertiginous thrill of exactitude, un polvorín de genialidad de nomenclatura clásica a 45 revoluciones por minuto. Un pasote total. O lo sigues o pierdes comba. O entras en la pieza o estás siempre fuera de ella. Es un combo maravilloso. Forsythe es uno de los grandes grandes, y esta obra de 1996 entró en el repertorio de la compañía gala en 2009. La pieza, de once minutos de duración, es una exhibición de la técnica clásica del ballet y de su ejecutoria, en el centro de la clase. Es un puro derroche de precisión, comprensión, extensión y casi casi una locura de trasposición, de la mente al cuerpo, a través de un montón de pasos y posiciones de ballet encajados a ritmo y a compás en tiempo récord. Hacerlo bien, definido en la medida en que se pueda y no equivocarse demasiado ya es un acierto. Los franceses estuvieron atinados, y aunque es, vamos a decir, casi imposible no tener desajustes, suplieron el fuego del juego clásico con la armadura necesaria de la ciencia de la veteranía, que para eso la tienen. Hacer esta pieza de diez es realmente muy difícil. Apuntamos aquí que la exhibida por la Compañía Nacional de Danza nada tiene que envidiar a la francófona. Pero nada nada.

Después llegó Liens de table, un gesto de intimidad profunda, con gran sentido estético de la coreografía ajustado a la profundidad de esa intimidad bailada. Padres e hijos, hijos y padres, he ahí la cuestión, el tema y la danza. Como elementos escenográficos y de diálogo, una mesa (la casa, el hogar) y una cuerda (el lazo, la unión física y emocional), una hijadumbre de arrebato y amistad entre generaciones que no se pueden odiar ni amar del todo. La visualización de la armadura biológica y humana y su proceso de desarrollo.

La danza se plantea serena y discursiva a la vez, el intercambio generacional está claro y la densidad espesante de la pieza se plasma con gran belleza. Es un ballet como de clima, que no nos es ajeno porque habla de lo nuestro, de la cosa doméstica. Y hay que decir que el traslado de todo ello a la coreografía de Kader Belarbi es de buena a muy buena. Esa forma de intercambio del movimiento para sugerir tensión y afilamiento está muy lograda. Es buena creación de contemporáneo de corte neoclásico.

Después del receso presentaron Fugaz (Cayetano Soto, 2005), otro contemporáneo con otro tipo de planteamiento. Movimiento de efecto amortiguado, ampulosidad y riesgo en la ampulosidad para una música de base austera y diálogo de voz, una voz en tránsito para una dualidad en la que el violín ejerce como de butrón incidiendo en un centro. Aquí las bases secuenciadas y fraseos contemporáneos son de una enorme elegancia. Qué tino en la largura del cuerpo para hermosear salidas, giros, abrazos… Dulce, dulce de veras.

Remató la velada Groosland, la gran obra de una de las gurús de la danza contemporánea, Maguy Marin (Toulouse, 1951); una pieza atravesada por los Conciertos de Brandenburgo (números 2 y 3) que sigue comportándose en tabla como un fenómeno, por otra parte lo que es: cuando el espectador la descubre se sorprende por completo. Y, en parte, eso mismo le ocurrió al público de Oviedo, que si bien comenzó la velada frío, helado casi, se calentó a base de danza grasa.

Groosland (1989) es una pieza que forma parte del repertorio de muchas compañías europeas y que otras tantas representan; verla en Oviedo fue un disfrute, y más sabiendo que se sostiene prácticamente sola. Ahora bien, mantener un constante bucle cíclico de pasos y cadencias muy similares es una propuesta que no resulta aburrida por el uso, rítmico y muy acompasado, del cuerpo; un cuerpo de elemental infantilismo, que adorna de forma inequívoca un vocabulario mínimo de ejecución y máximo de expresión. Las evoluciones de todo el elenco de bailarines, en grupos, dúos, tríos y todos a la vez, termina funcionando en escena como un único instrumento, estimulando siempre lo más genuino de estas piezas de Bach: su optimismo.

Es pura fantasía, y además lo es, pese a la aparente contradicción, de forma realista: se da la oportunidad de bailar a los gordos igual que a los delgados. Vestidos y desnudos, gorduras anversas, hombres sin pito y todas las mujeres con coleta; ahora metafórico, en su momento prescriptivo. Y son infinitamente etéreos, igual que el sonido del alemán, que parece que se eleva por encima de cualquier cota.

La pieza también es un reflejo del apilamiento musical de Bach; y eso es una delicia, porque el cariño en el énfasis de la gordura es proporcional a la musicalidad de esas notas. En esa proporcionalidad es donde radica el encabalgamiento poético entre la música de un genio y lo paródico de todo el elenco. Pensar eso, sostenerlo durante 26 minutos y que siga gustando 28 años después de su concepción igual significa algo. Ética con estética, o viceversa, como se prefiera.

El Ballet de Toulouse es una sólida compañía francesa que tiene como base la técnica clásica, aunque su repertorio aborde un amplio espectro de estilos, fajándose sobre todo en el neoclásico y el contemporáneo de forja clásica. Que vuelvan. A ver si conseguimos que llenen el teatro.

Ficha artística:

Ballet du Capitole de Toulouse

Director del ballet: Kader Belarbi

The vertiginous thrill of exactitude

Coreografía: William Forsythe, 1996

Música: Franz Schubert, Allegro Vivace de la Sinfonía nº 9 en Do Mayor, D944

Liens de Table

Coreografía: Kader Belarbi, 2010

Música: Dmitri Shostakóvich, Cuarteto de cuerda, nº 8, Op. 118

Fugaz

Coreografía: Cayetano Soto, 2005

Música: Ivanovitch Gurdjieff

Groosland

Coreografía: Maguy Marin, 1989

Música: Johann Sebastian Bach, Conciertos de Brandenburgo, nºs 2 y 3

Comentarios

Ballet de Toulouse, notable alto