Las «mentiras verdaderas» de Ferlosio

Fallece a los 91 años el escritor al que le bastaron dos novelas para renovar las letras españolas del siglo XX y que luego abandonó la ficción para consagrarse al ensayo

Sánchez Ferlosio en el 2007 en A Coruña
Sánchez Ferlosio en el 2007 en A Coruña

redacción / la voz

A Rafael Sánchez Ferlosio le bastaron dos libros, El Jarama e Industrias y andanzas de Alfanhuí -sus dos primeras obras-, para renovar el panorama de las letras españolas cuando el siglo XX cruzaba su ecuador. Sin embargo, el escritor cerró esa etapa a los pocos años, cambiando la ficción por la investigación y los ensayos: durante años se alejó de la creación literaria -«entregado a la gramática y la anfetamina», como recordaría más tarde-, pero habría de retomar la escritura para centrarse en el ensayo y el artículo en prensa. Cuestiones como la pedagogía, la filosofía o la gramática centraron sus intereses, pero tampoco rehuyó asuntos de actualidad como las guerras en las que participó España.

Sánchez Ferlosio nació en 1927 en Roma, donde su padre, Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange Española, estaba destinado como periodista. Su madre era Liliana Ferlosio, hija de un banquero. Rafael tuvo otros dos hermanos, Chicho, cantautor, y Miguel, matemático. Durante sus estudios de Filología en la Universidad Complutense frecuentó al grupo con el que se asociarían sus primeros años literarios: Carmen Martín Gaite, con quien se casaría en 1953 -se divorciaron en 1970; el matrimonio tuvo dos hijos, fallecidos ambos-, Ignacio Aldecoa o Jesús Fernández Santos, entre otros. Aquel fue un conjunto de escritores que renovarían el realismo, al que se adscribió la obra más conocida de Ferlosio.

El Jarama, publicado en 1955, se fijó como paradigma de aquella interpretación del realismo. El libro narraba una excursión de un grupo de jóvenes madrileños al río que dio título a la novela. Era un realismo extremo, con diálogos que parecían transcripciones puntillosas del español coloquial, y sin la más mínima concesión al subjetivismo.

Neorrealismo y fantasía

Sin embargo, Ferlosio había debutado cuatro años antes con otro libro, Industrias y andanzas de Alfanhuí, que mal casaba con el neorrealismo en el que se encasilló después al escritor. De raíz picaresca y estirpe cervantina, el Alfanhuí es una novela de iniciación, que se vale de un viaje a través de la sierra del Guadarrama, para introducir una serie de elementos fantásticos que retratan la narración como un precedente del realismo mágico. Ferlosio, en cambio, prefería hablar de «mentiras verdaderas».

Sus dos primeros libros lo consagraron: El Jarama obtuvo el Nadal y el Premio de la Crítica. Pero Ferlosio huyó de la gloria para refugiarse en la investigación y, a la postre, en el ensayo. Aún tendría tiempo a entregar algunas obras breves, que décadas después se reunirían en el volumen El geco. Cuentos y fragmentos. En sus páginas habitan diversas caras del escritor, desde su gusto por lo fantástico al orientalismo o sus catas en el español del siglo XVI y los relatos de «Yndias». Y, como un epílogo a su novelística, publicaría en 1986 El testimonio de Yarfoz.

Pero para entonces Ferlosio ya se había volcado en el ensayismo. La literatura y la lingüística fueron sus primeras entregas, aunque ambos campos se mantuvieron como referencias constantes. Las semanas del jardín tenía como objeto a Cervantes, mientras que «Guapo» y sus isótopos reúne etimología, sociolingüística e historia. La pedagogía y la filosofía también encontraron acomodo en sus intereses, así como la política, todos ellos aspectos que vertebraron su discurso de recepción del Cervantes en el 2004.

Sus primeros libros lo consagraron, pero huyó de la gloria y se refugió en la investigación

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