«John Wick. Capítulo 3-Parabellum»: Vibrante relato que escora al tópico

Miguel Anxo Fernández

CULTURA

Una borrachera de sangre y fuego coloca a John Wick en el imaginario de los expeditivos más próximos al universo cómic que al género de toda la vida

09 jun 2019 . Actualizado a las 20:33 h.

De uno, dos o tres disparos. Se pierde la cuenta, treinta, quizá cincuenta fiambres que la palman así… Pero son bastantes más, casi dos centenares en una borrachera de sangre y fuego que coloca a John Wick en el imaginario de los expeditivos más próximos al universo cómic que al género de toda la vida. Podemos imaginarnos el síncope que les daría a los setenteros Siegel, Aldrich, Fleischer o Frankenheimer de ver algo así y constatar en qué derivaron sus antihéroes, aquellos fulanos peleados con el mundo o de espaldas a la sociedad biempensante y abriéndose paso a tiros, que es más rápido que a codazos. Es el signo de estos tiempos de cine, cuando ya pesa tanto el acabado visual, la posproducción de imagen y la transgresión llevada al límite como la propia historia recreada, de una simpleza que marea.

Ponen precio a la cabeza de Wick en una Nueva York más estrambótica que distópica y un montón de killers se disponen a cobrarse los catorce millones de dólares en plan Wick, corre, corre que te pillo y en un contexto de submundo en el que no entra la luz del sol, excepción de la secuencia rodada en Marruecos.

Ahora bien, tengamos en cuenta el ingrediente fantástico, pues no hablamos de un thriller urbano al uso, y su eficacia se traduce en espectáculo vibrante, una interminable sucesión de disparos con la coreografía correspondiente y, claro, un detallado catálogo de armamento molón, manejado por el protagonista y, en un par de secuencias, por su colega Halle Berry. Tampoco nos pongamos repugnantes, solo es una peli, pero es que las armas de ahora deben de pesar como el plomo.