«Está bien recordar los orígenes del feminismo a quienes no los conocen»

Netflix acaba de estrenar la cuarta temporada de «Las Chicas del Cable»


redacción / la voz

En 1931, la llegada de la República y la lucha por la igualdad serán el trasfondo sobre el cual se desarrollará la cuarta temporada de Las chicas del cable, que este viernes se estrena en Netflix. Un año después de la explosión en la compañía telefónica, las cosas no serán fáciles para sus protagonistas, como adelantan las actrices Blanca Suárez (Lidia) y Ángela Cremonte (Elisa).

-¿Qué cabe esperar de la cuarta temporada después de la explosión?

-[Ángela Cremonte] Nuestras dos palabras clave para definirla son fuerte y flipante. Es una temporada muy potente, que estará cargada de acontecimientos. Aunque el primer capítulo es como una declaración de intenciones en el que todo se asienta, después todo eso se va a trastabillar, habrá muchos problemas y mucha intensidad. Está demostrado que en Las chicas... cualquier cosa es susceptible de complicación y en esta temporada va a haber muchas. 

-¿Y cómo de fuerte será el vínculo de las chicas frente a las adversidades?

-[Blanca Suárez] Ellas son familia, están unidas, aunque tienen sus más y sus menos. Si ya en las otras temporadas había momentos de absoluta unión, en esta ocurre algo muy fuerte y serán una familia que tiene que salvarse el pellejo las unas a las otras.

-¿Cómo va a influir el nuevo contexto social de los años 30?

-[A. C.] Es un marco que acompaña, pero sobre todo va a tener influencia en el personaje de Carlota, porque su trama es la más política e incluso va a querer acceder a la alcaldía. El resto tiene más que ver con las relaciones entre los personajes en un thriller misterioso.

-¿Mirar hacia atrás, a los orígenes del feminismo, es una aportación oportuna en el momento de contestación actual?

-[B. S.] Las chicas del cable es una serie a la que siguen un amplio rango de edades y personas, pero sobre todo mucha gente joven, muchas chicas que quizás no conocen cómo empezó todo esto y se ven de repente envueltas en una puesta sobre la mesa muy fuerte por la igualdad y los derechos de la mujer. Está bien recordarles que hace muchos años nuestras abuelas empezaron con todo esto y una forma de hacerlo a través de Las chicas del cable. No es que la serie aporte solamente esto. Es una ficción que aporta entretenimiento y sentimientos al público que la sigue, pero en ese sentido les ofrece una visión de cómo podría haber empezado todo.

-¿Qué visión tienen de sus personajes tras cuatro temporadas?

-[A. C.] La complejidad de Elisa es que es un personaje muy variable. Es difícil para mí entenderla, porque no es muy equilibrada. Las temperaturas emocionales que maneja cuando entra en crisis son extremas y eso es un reto, pero a veces complicado.

No como otros personajes más normales, si es que la palabra normal sirve para definir algo.

-[B. S.] Para mí Lidia ha supuesto muchas cosas. Es complicado determinarlas porque en cuatro años no me he sentado a ordenar y poner nombre a cada cosa que me ha aportado. Me ha enseñado honestidad y a aceptar las dudas. Es un personaje que ha vacilado, pero ha sido muy honesto con lo que ha sentido.

Las auténticas chicas del cable

SANDRA FAGINAS

Son pioneras y su vida está cargada de anécdotas como para un buen guion. No son las protagonistas de la serie de Netflix, pero podrían: Emma y María José empezaron a trabajar en los cincuenta como telefonistas, solo podías entrar si estabas soltera, separada o viuda. Y de llevar pantalones, nada de nada...

Ahí las tienen, son las auténticas chicas del cable, las primeras telefonistas que trabajaron en el departamento de Tráfico, con anécdotas para llenar y llenar un guion como el de la serie que ahora mismo se ha estrenado en Netflix. Las citamos en un enclave único, el Museo que Telefónica tiene en la calle Jacinto Benavente, en A Coruña, donde ellas vuelven a sentarse frente a la centralita en la que estuvieron trabajando casi cuarenta años. Están tan emocionadas que antes de que haga la primera pregunta las dos han cogido sus auriculares, han quitado las clavijas y se han puesto a lo suyo, a marcar para conectarse con alguien: un número, dos números, tres números, nueve números. ¡Y el que suena es mi móvil! La centralita funciona a la perfección, no ha pasado el tiempo, y todo está en su sitio, así que no queda otra que lanzarse a hablar. Al otro lado del teléfono está Emma Bello (en primer lugar en la imagen), que me responde con la fórmula con la que empezaban todas las conexiones: -«¿Qué población desea?».

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