«Ad Astra»: Solo un buen espectáculo

Miguel Anxo Fernández

CULTURA

Brad Pitt protagoniza un filme sobre un astronauta cuya base argumental proviene de «El corazón de las tinieblas» de Conrad

04 oct 2019 . Actualizado a las 09:11 h.

Las películas de anticipación juegan con la ventaja de que pueden idear el futuro como les venga en gana, por lo general apoyándose en presupuestos generosos que garantizan lo prioritario para ser rentables, dar espectáculo. Las ambientadas en el especio exterior suman un plus de fascinación sobre la base de a saber qué demonios hay o anda por allá arriba. Pero conviene guardar las formas vinculadas a la verosimilitud para equilibrar el resultado. Ad Astra es una virguería en cuanto a resolución visual hasta que sacas el bisturí y te haces preguntas para las que tú tienes respuesta fácil aunque el guionista -coguioniza el propio Gray- prefiera ignorarlo, por mucho que la base argumental provenga de la conradiana novela El corazón de las tinieblas. De ahí que mejor hagámonos los suecos, asumamos que Pitt es un astronauta sobrado de factor genético, frío, cualificado, capaz de manejar cualquier nave o de pasearse por ella como Perico por su casa, y seguro que logra su objetivo: dar con su padre, que lleva treinta años rondando Neptuno y tiene la cabeza como las maracas de Machín.

Para disimular lo que pueda lastrar la película como espectáculo a palo seco, la estrategia es el recurso a Conrad, que ya Coppola utilizó en el memorable filme Apocalypse Now (1979), aunque aquí se trata de un hijo con una misión de doble variante. Por un lado, hallar al padre que apenas conociste; por otra, el sentido del deber. La progresión del personaje principal está bien gradada y Pitt, cada vez mejor actor, cumple con creces. Es un tipo en apariencia frío y en un mundo que no parece estar mucho por los sentimientos. También el idealista loco que pasa a ser el enemigo público n.º 1.

El guion acierta en el suspense, pues no se intuye el desenlace con claridad meridiana. Lo hace asimismo en su referencia a otros géneros, como en la secuencia de acción en la cara oculta de la Luna, con fuerte aroma a wéstern, aunque no son indios los que persiguen la diligencia sino sofisticados piratas... O el comedido coqueteo con el gore de los monos enloquecidos. Sin duda, un buen espectáculo.