«Elegir entre ciencias o letras es como pretender decidir si es más importante el cerebro o el hígado»

Entrevista con Salman Khan, premio Príncipe de Asturias de Cooperación 2019

Salman Khan
Salman Khan

Redacción

Salman Khan (Nueva Orleans, 1976) no es un matemático e ingeniero al uso. Desde su plataforma sin ánimo de lucro, la Khan Academy, imparte conocimiento gratuito para estudiantes de primaria y secundaria en 36 idiomas. Khan y su academia han recibido este año el Premio Princesa de Asturias de Cooperación.

-¿Cómo le explica a un niño que las matemáticas podrían ser divertidas o importantes?

-Bueno, creo que las matemáticas, en su núcleo, son la forma más pura de describir nuestro universo, de describir la realidad, de describir el pensamiento mismo. Y todos los humanos tenemos una cierta curiosidad inherente. Y no hay cuestión más profunda que: ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿Cuál es la naturaleza del pensamiento? Y cuando quitas todas las capacidades de nuestra percepción, ¿cuál es la forma más pura de representar este pensamiento? Esto son las matemáticas. No puedo sino imaginar que esto fascinaría a cualquiera. Y creo que en términos de importancia, más allá de la importancia filosófica de la que acabo de hablar, prácticamente cualquier vida hoy en día se ve cada vez más influida por las matemáticas. Obviamente el pensamiento crítico que te proporciona las matemáticas es importante en todos los campos, por ejemplo las finanzas o la computación, que hoy en día es importantísima; también en las ingenierías. Todas están basadas en las matemáticas. En términos de diversión, bueno, creo que una forma de abordarlo sería a través de la extravagancia y la maravilla. Creo que puede ser divertido. Creo que puede ser inspirador. Y creo que la única razón por la que la gente, históricamente, no se siente así, es porque está en un entorno donde se despoja a las matemáticas de esto, o se siente estresada, presionada, y no se le permite trabajar a su propio ritmo. Por eso espero que la Khan Academy pueda formar parte de la solución a estos problemas. 

-Decidió comenzar una herramienta educativa tras ser profesor. ¿Cree que las escuelas y universidades se quedan atrás respecto a un mundo que cada vez depende más de internet?

-Yo nunca fui un profesor como tal. Siempre me ha fascinado la educación. Siempre que he podido he dado clases particulares, he dirigido algunos programas. Algunos campamentos de verano. Siempre he sentido un profundo respeto por los profesores. Y mi visión siempre ha sido: ¿cómo podemos crear herramientas que mejoren a los seres humanos, que mejoren a los estudiantes, a los profesores? Procuro ser muy claro. Si tuviera que escoger entre un profesor increíble y una teconología increíble, siempre me quedaría con el profesor. Pero cuando empezaba con la Khan Academy, hasta este día, me he preguntado: ¿cómo es que no podemos crear herramientas para más estudiantes y profesores que sirvan para que el estudiante aprenda a su ritmo, que hagan que aprender sea algo divertido y motivador, que los educadores tengan más información para poder ayudar más a los estudiantes? Y esto no implica utilizar tecnología porque sí. No es usar internet porque sí. Es decir: ¿cómo podemos usar estas herramientas para dar un buen servicio a las necesidades humanas? 

-¿Una plataforma como la Khan Academy es más o menos eficiente que un buen profesor?

-Yo diría que esto es una comparación falsa. Como acabo de decir, si tuviera que escoger entre un profesor o la tecnología, siempre me quedaría con el profesor. Yo diría que la Khan Academy, idealmente, se usa en servicio de un gran profesor para que él pueda cubrir todavía mejor las necesidades de sus alumnos, sirve para reforzarlo. Así, puede emplear menos tiempo en cuestiones banales y dedicar su energía a aquello que más valioso sea para sus estudiantes. También creo que la Khan Academy puede ser muy útil en partes del mundo donde el alumno quizá no tiene acceso a un profesor. Pudiera haber algún momento del día en que no se pueda consultar ninguno. Pudiera ser que no tuvieran acceso a ciertos temarios, o que los mismos profesores no tuvieran acceso al temario. Una gran parte de aquello en lo que creemos es educación de primer nivel para todo el mundo. Así que queremos ofrecer todo el apoyo posible. Por eso no creo que el dilema esté entre escuela física o Khan Academy. Creo que el tema central debería ser: ¿Cómo podemos empoderar en educación a los cientos de millones de personas en todo del mundo? 

-En un mundo donde cada moneda cuenta, ¿por qué decidieron que Khan Academy no tuviera ánimo de lucro? 

-Bueno, en mi carrera previa en el mundo de la tecnología y luego en las finanzas, vi muchas entidades que causan el bien en el mundo, tienen ánimo de lucro y son muy innovadoras. Pero muchas veces, cuando toca apretarse el cinturón, tienen que optimizar los beneficios. Y yo siempre he pensado que la educación es uno de esos espacios en los que el mercado no siempre funciona como debería. Los beneficiarios son diferentes de los que pagan, que a su vez son distintos de los que toman decisiones. Y por si fuera poco, hay unos ciertos valores sociales en la educación que pueden no comulgar con el mercado, básicamente, que todo chico merece una oportunidad para desarrollar su potencial. Así que, al poner en marcha la Khan Academy, a pesar de que trabajaba como analista en una empresa de inversiones, invirtiendo en empresas con ánimo de lucro, me dije: “bueno, quizá este proyecto, esta Khan Academy -y era la fantasía de un tipo que trabajaba en un despacho estrecho- pueda ser un nuevo tipo de institución”. Así como tenemos desde hace tiempo grandes universidades, grandes museos, grandes bibliotecas que han sobrevivido durante cientos o miles de años, quizá la Khan Academy pueda ser un nuevo tipo de institución que prospere durante los siglos venideros. Y las entidades sin ánimo de lucro son el único tipo de entidad en el que la gente confía al 100% en que el objetivo está antes que cualquier otra finalidad subyacente. Está claro que de algún modo tenemos que pagar las facturas, principalmente a través de la filantropía, pero el objetivo es la educación gratuita de primer nivel para cualquiera, donde sea. Y más allá de mi vida, de todas nuestras vidas, ojalá que la Khan Academy sea capaz de mantenerse firme y apegada a tal objetivo, y que las generaciones que vengan sean capaces de lograrlo.  

-¿Cree que el SAT -en España tenemos algo muy similar, la EBAU- es una forma adecuada de evaluación?

-No creo que ningún test, en el vacío, sirva para, ya sabe, decir que eres el mejor o eres el peor. Creo que lo valioso e importante es ser capaces de medir algunos aspectos del progreso de los alumnos. Y eso es importante hacerlo de una forma estandarizada, porque, de lo contrario, ¿cómo contrastas las distintas mediciones? Pero lo más importante es que no se vea como un resultado, este número, esta medida, como indicativo de la identidad de la persona a quien representa. Puede indicar algunas cosas. Se puede correlacionar con otras. Pero hace faltar tener en cuenta el contexto de la persona. Tienes que observar el entorno en el que creció, las oportunidades que tuvo, las que no tuvo, su creatividad, su capacidad para comunicarse; todas esto es muy difícil de medir a través de una cadena de datos como el SAT (o la EBAU). Así que yo diría que herramientas como los exámenes estandarizados pueden ser útiles. Pero debemos ser muy cautos a la hora de contemplarlos como un todo; que ese número, ese resultado que obtienes, pueda de algún modo definirte como ser humano. Somos mucho más que la nota de nuestros exámenes. 

-¿Cree que, en la enseñanza, hay cierta tendencia a situar la ciencia por encima de las artes?

-Así es hoy en día. Con STEM, con la ciencia y la tecnología e internet y la computación siendo cada vez más relevantes en la economía, mucha gente piensa así. Y quizá sea fructífero adentrarse en esos campos. Así que existe este énfasis. Pero para mí no es un tema de ciencias o artes. Yo para mis niños quiero ambas. Lo que quiero para los usuarios de Khan Academy, y para todos los chicos, son ambas. Creo que es importante que todo el mundo tenga conocimientos básicos de matemáticas y ciencias para entender ciertos aspectos del universo en el que vivimos. Pero resulta igualmente importante, como humanos que somos, experimentar la belleza de lo que nos rodea. Y me parece una lástima que ambas disciplinas se consideren a veces tan distantes. Las matemáticas y la ciencia pueden alcanzar muchas veces la misma belleza que las artes. Y, de forma similar, sea escribiendo, o en otros tipos de humanidades, se puede alcanzar un altísimo nivel de pensamiento crítico. Es como discutir sobre qué parte del cerebro es más importante que el resto. O qué órgano, si es más importante el cerebro o el hígado. Un ser humano necesita las dos. Y creo que hay formas de que la gente aprecie ambas. Me parece triste que alguien diga: «Yo soy de letras». O «yo soy de ciencias». Idealmente, te sentirás más pleno si te interesas por ambas. Eres un ser humano pleno que ve la belleza en todas las dimensiones del estudio. 

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