«Que una mujer dirija la Fundación es un signo de la normalización de la sociedad española»

Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa de Asturias, analiza el pasado, presente y futuro de la institución

Teresa Sanjurjo
Teresa Sanjurjo

Redacción

Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa de Asturias, lleva una década al frente de la institución. Entre sus mayores retos, señala, están la consolidación económica y promover un aumento de las candidaturas de mujeres, que ya suponen el 25% de las presentadas.

-¿Cuál es el reto más importante que afronta la Fundación para los próximos años?

-Creo que más que de reto, hablaría de la evolución natural de la Fundación, que aspira a mantener e incrementar el nivel de excelencia que hemos logrado en los premios y su prestigio. En este sentido ha sido decisivo, y aún lo es, reforzar el alcance de las candidaturas que recibimos, tanto en calidad, diversidad y procedencia geográfica, como en los perfiles de sus proponentes. Es también importante para la fundación mantener la independencia económica y, desde luego, es para nosotros esencial, y muy ilusionante, la incorporación de la Princesa de Asturias a la vida de la fundación.

-¿Afectó la crisis española a la solidez económica de la institución que dirige?

-En nuestro caso, el apoyo permanente y constante de los patronos y miembros protectores, que son nuestros mecenas, permitió la continuidad de nuestras actividades sin que se vieran afectados su número, y más importante aún, su calidad. Por supuesto, la financiación pública disminuyó de una manera muy significativa, y nosotros realizamos un ejercicio interno de revisión de nuestra gestión, que siempre busca la contención y la austeridad, para lograr la máxima eficiencia en la administración de nuestros recursos.  

-Recientemente se reunió con el nuevo presidente del Principado, Adrián Barbón. ¿Cree que contó antes, y cuenta ahora, con el apoyo incondicional del Gobierno regional?

-Sin lugar a duda; todos los gobiernos del Principado, actualmente el de Adrián Barbón, y con anterioridad, los de Javier Fernández, Francisco Álvarez-Cascos y Vicente Álvarez Areces, con los que he coincidido a lo largo de estos diez años, así como los de sus predecesores, han brindado un apoyo sólido y sin fisuras a la Fundación, por lo que les estamos muy agradecidos.

-Por primera vez, por cierto, la Fundación cambió su nombre dado que una mujer, la futura Reina de España, es la que ostenta el título de Princesa de Asturias. También una mujer, en su caso, dirige la institución. ¿Es esto un signo de los nuevos tiempos hacia la igualdad de género en España?

-Me parece un signo de la normalización de la posición de la mujer en la sociedad. En lo que a mí se refiere, no creo que fuera seleccionada para dirigir la Fundación por el hecho de ser una mujer, sino por mis características personales y mi trayectoria profesional. Se trata de que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres y se puedan alcanzar los mismos puestos, independientemente del género.

-En ese sentido, no parece casual que las mujeres sean mayoría entre los premiados de este año. ¿Vamos hacia un mayor reconocimiento de la presencia femenina no solo en las instituciones, sino también en la sociedad?

-No hemos buscado que las mujeres sean mayoría entre los premiados. No por obvio es menos importante recordarlo, los jurados son personas altamente cualificadas y expertas que durante el proceso de elección de los galardonados reflexionan y deciden con absoluta independencia de criterio. Lo que la Fundación aporta es un trabajo previo para promover un aumento de las candidaturas de mujeres. Hace años no recibíamos más que un 7% de candidaturas de mujeres, actualmente estamos recibiendo un 25%, aproximadamente, lo que hace que aumente la probabilidad de tener mujeres premiadas. Es decir, se trata de un reflejo de la realidad: el talento y los mayores logros están representados en hombres y mujeres, y nosotros trabajamos para identificar muy buenos candidatos con independencia del género, la raza, la procedencia o cualquier otra característica.

-Los Premios están ligados a Asturias, pero tienen una especial relación con Oviedo, donde nacieron. ¿Le gustaría que la fábrica de La Vega, donde ya se realizaron actos culturales, fuera un espacio dedicado a la cultura permanentemente? 

-El pasado año la respuesta ciudadana a las actividades celebradas en la fábrica de la Vega fue un éxito rotundo que nos ha impulsado a profundizar en esta línea con la programación de este año. Respecto a los usos que se le vaya a dar en el futuro a este espacio, habrá que analizar con mucho detenimiento, detalle y amplitud cuáles son las necesidades y los recursos de la ciudad para utilizarlo de la forma más beneficiosa posible.

-Al principio, los Premios eran poco más que la ceremonia de entrega. Hoy en día han ‘crecido’ tanto que suponen ya un verdadero acontecimiento cultural que dura al menos una semana. ¿Cuánto les queda por crecer?

-Nuestro objetivo al programar la semana de los Premios y el programa educativo ‘Toma la palabra’ es cumplir con nuestra misión fundacional: reconocer esas figuras de hombres, de mujeres y de instituciones que son ejemplares y que aportan valores a la sociedad. Por este motivo, la programación pone al alcance de todas esas trayectorias, para que se conozcan y aprecien en toda su dimensión. Nos gustaría tener a los premiados muchos más días para que todos los interesados pudieran entrar en contacto con ellos y disfrutar de su presencia, pero es algo que iremos viendo en el futuro.

-Hace menos de dos décadas sólo existía el periodismo como fuente de información para el público. Ahora están las redes sociales, las webs privadas, cientos de pequeños medios… ¿Cómo afronta la Fundación la dificultad para preservar su imagen y conseguir que la comunicación sea correcta?

-La existencia de internet y las redes sociales ha variado sustancialmente todos los parámetros de la comunicación, y sigue haciéndolo. Consideramos que la mejor manera de gestionar la Fundación y comunicar nuestros objetivos en este momento es siendo muy consistentes y coherentes con nuestro mensaje. Para ello, es esencial ofrecer una información clara, tener los canales abiertos, establecer unas pautas de comportamiento y ser una organización transparente, que hace lo que dice y dice lo que hace. Cumplir nuestro compromiso con la sociedad es la mejor manera, y una buena base, para que esa comunicación funcione bien.

-¿Cree, en este sentido, que la percepción que la sociedad tiene sobre la Fundación es positiva?

No me atrevo a generalizar sobre la percepción que la sociedad tiene de la Fundación. Hay muchas opiniones y formas de ver lo que hacemos. Lo que sí puedo afirmar con total rotundidad es que nuestras actividades generan muchísimo entusiasmo y una participación muy alta. De hecho, el límite son los aforos y la capacidad de los espacios que ocupamos. Hay otros indicadores, como el número de personas o entidades que presentan candidaturas, la vinculación de premiados de ediciones pasadas con la Fundación o la enorme atención de los medios que nos sirven para entender que estamos bien valorados por la sociedad; aunque siempre podemos mejorar en nuestra forma de hacer las cosas y alcanzar un mayor impacto, y lo que es más importante, generar más valor social.

-¿Qué son los objetivos de desarrollo sostenible y por qué los adoptó la institución?

-Los Objetivos de Desarrollo Sostenible fueron establecidos por las Naciones Unidas para animar a los individuos, instituciones, organizaciones y gobiernos a gestionarse de la manera más respetuosa con las personas, el entorno y el medio ambiente. En nuestro caso, esa forma de gestión y ese rigor encajan perfectamente con nuestra misión fundacional y nuestro foco como institución. Por este motivo, decidimos analizar los aspectos de nuestra gestión y actividad interna y externa, para ver en qué medida cumplimos esos objetivos y buscar los márgenes de mejora para que nuestro compromiso con el desarrollo sostenible sea cada vez mayor y podamos seguir avanzando en esta línea. 

-Cerca de 150 personalidades relevantes en los jurados, un patronato de peso, decenas de miembros protectores… ¿Es difícil poner de acuerdo con todo el mundo para remar en una sola dirección?

-No solo no es difícil, sino que es fácil, puesto que la misión de la Fundación es tan clara que las personas e instituciones que participan, que nos apoyan con su mecenazgo, o que se reúnen para deliberar, tienen su objetivo muy claro: conceder esos premios que reconozcan a las personas e instituciones ejemplares como lo mejor de la humanidad. Con dicho objetivo, las diferencias que pueda haber se reducen a una cuestión de matices. No hay que tratar de ponerse de acuerdo porque ya lo estamos. Nuestra Fundación tiene claro qué es y a dónde va, y todos los que estamos aquí lo sabemos y trabajamos juntos para lograr la mejor forma de cumplir nuestros fines.  

-Lleva diez años al frente de la Fundación. ¿De qué está más orgullosa entre las tareas que ha realizado durante su mandato? 

-No es una cuestión de orgullo, me parece que somos un equipo muy consolidado y motivado y cuando se trabaja así, de forma eficiente, autocrítica y con afán de mejorar, de cumplir los fines de la Fundación e intentando ser constantes y sin protagonismos personales, las cosas discurren por buen camino. Pero eso no es una tarea mía, sino del trabajo de nuestros presidentes, de la herencia recibida de Pedro Masaveu, Plácido Arango y José Ramón Álvarez Rendueles; de manera más manifiesta con aquellos con los que he ejercido la dirección, primero con Matías Rodríguez Inciarte y, actualmente, con Luis Fernández-Vega; así como de nuestros patronos y del equipo entero de la Fundación trabajando con muchísimo entusiasmo. Además, he recibido algunos estupendos consejos, y siempre me acuerdo de dos de Graciano García: el primero, defender siempre la independencia de la Fundación, y el segundo, cuidar y valorar al equipo que tenemos. Verdaderamente creo que es una tarea de todos, no una tarea que haya desarrollado en solitario.

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