«Aún existe un abismo entre científicos y escritores»

Siri Hustevdt: «Se ha hablado mucho sobre la construcción de un hermoso gran puente a través del abismo. Por el momento, sólo tenemos una pasarela improvisada y tambaleante»

Siri Hustvedt
Siri Hustvedt

Redacción

Siri Hustvedt es una entusiasmada y curiosa mezcla, por poco frecuente, de narradora y ensayista, de científica y cuentista. En su obra cohabitan naturalmente novelas, poesías y sesudos estudios sobre psicología y neurología, un ecosistema aguerrido que ella defiende ardorosamente como suele hacer con todas sus ideas. Tal vez por eso le resulte un tanto irónico haber ganado el premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, y no el de las Ciencias.

Porque ella es autora de un libro de poesía y siete novelas, sí, pero también de dos volúmenes de ensayos y un sinfín de conferencias, lecturas y otros trabajos de no ficción, una producción colosal en ambos mundos. Es una larga trayectoria desde que comenzara a escribir con 14 años de edad después de un viaje familiar a Reykiavik, donde escudriñó los secretos de la literatura clásica. Así lo contaba en una entrevista con Claire Maniez, de la Universidad de Grenoble: «Escribí cuentos cuando tenía catorce años, pero recurrí a la poesía cuando tenía quince y luego escribí poemas durante toda la secundaria».

Después comenzó una novela en la universidad. «Escribí dos páginas y pensé que eran maravillosas, pero no tenía idea de hacia dónde ir después de ese comienzo (…). No tuve la capacidad de seguir», de modo que retrocedió hacia la poesía, en la que reconoce que no era especialmente brillante pero que le sirvió de ejercicio y para conectar con el mundillo literario. Entonces llegó el atasco y el consejo de un profesor: «Siri, cuando me encuentro en el bloqueo del escritor, escribo automáticamente». Eso hizo ella y funcionó. Se sentó, escribió 30 páginas en una sola noche y luego pasó tres meses editándolas. «Había cruzado un puente. Cuando terminé mi tesis, quería escribir una novela o una historia larga. Todo mi ser sabía que seguía un impulso. Fui impulsada por un sentimiento inquietante. Y cuando terminé las treinta páginas de la historia, supe que aún no había terminado con Iris [personaje de la novela]. Así comenzó The Blindfold».

Y así nació la novelista. Dos de las cuatro historias que componen esa primera obra literaria, The Blindfold (Los ojos vendados, 1992), fueron antes publicadas en revistas. Desde entonces no ha parado de publicar, sin dejar de lado la novela, en los campos de la filosofía, el psicoanálisis y la neurociencia, aunque también le gusta comentar las artes plásticas. De hecho, ha visitado España bastantes veces y ha dado conferencias sobre pintura en El Prado y, en EEUU en el MOMA de Nueva York. Incluso ha escrito sobre Almodóvar. Y precisamente con el cine mantiene una relación muy especial: «Me siento al mismo tiempo atraída y aterrada por la idea de capturar un hecho o una persona en una película sin otra forma de interacción humana».

Esa unión del ensayista y el novelista, entre lo real y lo imaginario, que ella defiende, es un leit motiv que descubrimos en muchos de sus escritos. Por ejemplo, en el ensayo Three Emotional Stories: Reflections on Memory, the Imagination, Narrative, and the Self  (Tres historias emocionales: reflexiones sobre la memoria, la imaginación, la narrativa y el yo. 2010), la autora norteamericana propone que la memoria y la imaginación participan de los mismos procesos mentales, que son impulsados ??por la emoción y a menudo toman forma narrativa.  «A través de la autoconciencia reflexiva, los seres humanos no están sujetos al presente. Pueden recordarse a sí mismos en el pasado, imaginarse en el futuro y habitar reinos ficticios», dice. Pero ¿dónde termina lo real y empieza lo imaginario? Es una frontera tenue: «un ser corporal, afectivo y atemporal es el fundamento del ser narrativo, temporal».

Vayamos al último libro de ensayos que ha publicado, A Woman Looking at Men Looking at women (La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres, 2016), un título que recuerda vagamente al de la famosa novela policíaca de Stieg Larsson pero que, obviamente, no habla de asesinatos en la nieve. Asegura Hustvedt que la brecha entre «científicos físicos» e «intelectuales literarios» no debería existir… y sin embargo existe, de lo que a menudo se lamenta.

«Hago excursiones regulares a ambos lados y tengo amigos cercanos en cada cultura», confiesa. Y continúa: «Se ha hablado mucho sobre la construcción de un hermoso gran puente a través del abismo. Por el momento, sólo tenemos una pasarela improvisada y tambaleante, pero he notado que cada vez más viajeros deambulan a través de él en ambas direcciones. Puede pensar en este libro como un relato de mis viajes de ida y vuelta», concluye la escritora.

En ese mismo libro, revela en la introducción parte de su objetivo ?al menos el consciente-: «Si puedo decir que tengo una misión, entonces es simple: espero que usted, el lector, descubra que gran parte de lo que recibe en forma de libros, medios e internet como verdades decididas, científicas o de otro tipo, de hecho está abierto a preguntas y revisión».

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