Dos iconos del arte cumplen años

El Guggenheim y el MoMA protagonizan el otoño cultural de Nueva York

Una de las nuevas salas del MoMA, que ahora expone su colección permanente en orden cronológico.
Una de las nuevas salas del MoMA, que ahora expone su colección permanente en orden cronológico.

Nueva York

Treinta años separan el nacimiento de los dos santuarios del arte contemporáneo de Nueva York. El Museo de Arte Moderno (MoMA) abrió sus puertas el 7 de noviembre de 1929. El Guggenheim lo hizo el 21 de octubre de 1959. El primero cumple ahora 90 años. El segundo acaba de alcanzar los 60.

La casualidad hizo coincidir el pasado martes el aniversario de la apertura del icónico edificio en espiral construido por Frank Lloyd Wright por encargo del filántropo Solomon R. Guggenheim con la reapertura, tras cuatro meses cerrado por reformas, del museo impulsado por Abby Aldrich Rockefeller, mujer del financiero John D. Rockefeller Jr.

Se han convertido en los dos eventos estrella del otoño cultural de la Gran Manzana. «Es increíble que una construcción de estas características se levantara en el Nueva York de los 50», comenta Rose Anderson, una turista de 63 años procedente de Carolina del Sur. Está parada en la esquina del número 1071 de la Quinta Avenida con la calle 89, a punto de entrar en el Guggenheim para asistir a una de las visitas guiadas sobre su construcción, que forma parte de los actos de celebración del 60 aniversario. Dentro le espera otro dato inverosímil. Wright contempló pintar la fachada de rosa, de naranja e incluso de rojo cherokee, según figura en los dibujos de los archivos del proyecto del edificio. «La construcción atrajo tanto admiración como crítica, pero lo que fue indiscutible era que Wright había reinventado el concepto de museo», explica Richard Armstrong, director del Guggenheim, en un comunicado. La rampa curvilínea por la que se sube hasta el techo contemplando las obras de arte está considerada hoy una obra maestra. El edificio abrirá todos los días desde el 7 de enero hasta el próximo octubre y protagoniza las charlas, sesiones de dibujo e, incluso, las Noches en silencio, que se celebran cada primero de mes, donde los asistentes pueden disfrutar de su interior en un ambiente meditativo en homenaje a la primera directora, Hilla Rebay, que consideraba el espacio un «templo del espíritu».

Treinta y cinco calles más abajo, en pleno Midtown, el MoMA luce el lavado de cara de 406 millones de euros de su sede, inaugurada en 1939. «Hemos mantenido la conexión entre el museo y el centro de Manhattan, tan vibrante y explosivo, que la energía de la calle entre en el museo y lo animara», señaló el director, Glenn Lowry. La fachada luce un nuevo alero que levita sobre la acera y grandes cristaleras que dan a la planta baja con acceso gratuito. El gran cambio está en su interior. Espacios más abiertos con su colección permanente expuesta por primera vez en orden cronológico desde principios del siglo XX hasta la actualidad. «Antes era un espacio desordenado, me gusta mucho el resultado», comenta Christine Wood, una neoyorquina de 43 años, en los pasillos del museo. Otra novedad es la apuesta por la mezcla de artistas de muchos períodos, países y disciplinas. Se puede ver Las señoritas de Avignon (1907) de Pablo Picasso junto la pintura Die (1967) de la artista nacida en Harlem Faith Ringgold, que representa un motín racial donde blancos y negros se aferran unos a otros. Una combinación pensada para adecuar al siglo XXI la institución que expuso por primera vez a los artistas más importantes del siglo XX. Uno de ellos fue el arquitecto Frank Lloyd Wright.

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