McEwan arremete contra el «brexit»

héctor porto LA VOZ / REDACCIÓN

CULTURA

TONI ALBIR

El narrador inglés, en una dura sátira contra el populismo, sustituye al primer ministro británico por una cucaracha para así favorecer la ejecución de un programa antieuropeo

13 ene 2020 . Actualizado a las 20:10 h.

¿Y si Kafka tenía sobradas razones cuando imaginó la mañana en que Gregor Samsa se despertaba convertido en un insecto? ¿Y si se quedó corto con su metamorfosis [transformación, en la traducción literal del alemán]? Más de cien años después de la publicación de aquel relato por el autor checo, en 1915, el escritor inglés Ian McEwan (Aldershot, Hampshire, 1948) le da una vuelta de tuerca a Kafka en La cucaracha, su última obra, que llega el próximo miércoles a las librerías españolas de la mano de su sello de referencia, Anagrama.

McEwan pone en juego a su cucaracha, pero es esta la que usurpa un cuerpo, una persona, en una agria mañana de resaca, la del primer ministro británico, Jim Sams. Lo sustituye conscientemente con el aliento de una patriótica misión, favorecer la ejecución de un programa antieuropeo que el insecto sospecha que Sams nunca tendrá la valentía de llevar adelante. El ambicioso blatodeo vive entre las viejas maderas del palacio de Westminster (sede del Parlamento), asistió a muchas sesiones, escuchó a sus señorías, y ha tenido tiempo y ocasiones para corroborar el estilo vacilante del premier y su Gobierno. Hay que tomar cartas en el asunto o el problema no se solucionará.

Tras superar las molestias por la luz y las limitaciones de movimiento que le provocaban sus escasos y tubulares miembros, el usurpado Sams se pone manos a la obra para hacer que su Ejecutivo impulse su nuevo modelo económico, el reversionismo, un descabellado sistema que obliga a las personas a pagar por trabajar y que las remunerará proporcionalmente por sus compras. «Cuanto mejor y en consecuencia más costoso sea el empleo que [uno] encuentre, más deberá comprar para compensarlo». Esto, barrunta, reactivará el consumo y la industria. Y devolverá el protagonismo al pueblo británico. Para ello deberá bloquear las maniobras de los llamados avantistas, que tratan de impedir el cambio y defienden el funcionamiento clásico de los flujos. No dudará en recurrir a las fake news para convertir un desgraciado accidente en una agresión y desatar así un conflicto diplomático con Francia. Sabe que la unión frente a un enemigo externo es fundamental para que el país acabe entendiendo y valorando el reversionismo, que causa desconcierto internamente pero también en los socios europeos de Gran Bretaña.

Llamada a Tupper [Trump]

Para dar el empujón definitivo al proyecto, además de eliminar a los disidentes, comprende que ha de convencer al amigo americano. La llamada telefónica a Tupper [Trump] es uno de los momentos álgidos de la nouvelle de McEwan. Mientras, al otro lado del Atlántico, suena un wéstern de fondo en la televisión, Sams trata de ganárselo apelando a los pingües beneficios que el magnate percibirá directamente en su cuenta corriente particular. Tiene claro cómo seducirlo. El presidente de EE.UU. lo corta cuando le pregunta por Mel..., quiere conocer mejor ese nuevo sistema.

Cuando la oscuridad predomina entre los humanos, las cucarachas prosperan, razona el insecto cuando ha concluido su misión. Fortalecer el sentimiento patriótico, debilitar a los demás, dividir la UE y hacer creer al pueblo en su soberanía, en que el Gobierno trabaja por su confort.

McEwan escribe un libro de urgencias, de pensamiento punzante, provocador, ácido, cuya altura literaria está muy lejos de sus últimas y brillantes obras (La ley del menor y Cáscara de nuez, entre ellas). Trata de mover a la reflexión mediante una dura sátira contra el nacionalismo conservador y, en particular, de su líder Boris Johnson, incuestionable vencedor en las recientes elecciones y refrendado primer ministro. Con el brexit en el punto de mira, el narrador desnuda los tiempos del populismo y sus mentiras, la política de decir a la gente de la calle solo lo que quiere oír, señalando a los enemigos de fuera contra los que hay que protegerse.

«Hemos sufrido grandes adversidades en el pasado, por ejemplo la construcción de cloacas, el repulsivo gusto por el agua limpia, la aparición de la teoría microbiana de las enfermedades, la convivencia pacífica de las naciones. Eso y muchos otros expolios nos han reducido. Pero hemos contraatacado. [...] Cuando esta singular locura del reversionismo empobrezca a la población humana en general, será el momento de crecer y multiplicarnos. [...] La cantidad global de bienestar no disminuirá. La justicia seguirá siendo una constante», constata la audaz y brexiter cucaracha.