Antonio Escohotado: «El Gobierno quiere alargar la inercia del pánico»

El pensador, politólogo, sociólogo y libertario muestra su preocupación por haberse creado con la cuarentena «un caldo de cultivo para el autoritarismo»


redacción / la voz

Aunque se le encasille como un adalid del antiprohibicionismo de las drogas, Antonio Escohotado (Madrid, 1941) es un inédito representante del Renacimiento en los tiempos digitales. Sus conocimientos abarcan la filosofía, la ciencia política y la sociología, pero también la economía, que aborda en una de sus últimas obras, Los enemigos del comercio. Su Historia general de las drogas es un clásico que ha marcado a varias generaciones.

-¿Qué tal está de salud?

-Ya estoy dando las últimas boqueadas. El cuerpo a los 80 tiene que pagar las libertades que se tomó. Pero estoy encantado con lo que he hecho.

-Su familia es de Galapagar, donde ahora vive Pablo Iglesias. Aunque están en las antípodas, sorprende el buen tono de ambos en una entrevista que le hizo.

-El día ese de la entrevista, que fue cuando lo conocí, pasamos una noche muy divertida. Él vive en un chalé mucho mejor que mi casa. De alguna manera me sorprende la capacidad de Pablo para confraternizar con personas como yo y, por otra parte, decir y hacer las cosas que hace. Son como dos personas diferentes.

-Quizás está evolucionando, como hizo usted al irse de la izquierda para ser libertario.

-La diferencia entre derechas e izquierdas está periclitada. Detrás de la maravillosa revolución hay una pueblerina pasión por que todo el mundo se compadezca de todo el mundo. La evolución de las especies nunca ha gustado a la izquierda. Les parece aristocrática. Contraria al igualitarismo.

«No saldremos de esta sin descubrir el gusto por el esfuerzo, que olvidamos con la prosperidad»

-¿Y ahora en plena crisis sanitaria, con restricciones de libertades, en qué lugar se sitúa?

-Tengo una vena poética libertaria, pero ante situaciones como esta la parte realista me lleva a pensar que hay que ser socialdemócrata. Pero no socialdemócrata hipócrita ni blandurrón. Un término medio.

-¿Lo que está pasando nos lleva a pensar que es necesario el Estado como gran proveedor?

-El Estado es en realidad la traducción de la providencia divina. Es la idea de que Dios proveerá. El problema es que las masas son muy dóciles. Siempre lo han sido.

-El dilema de los liberales es que parece que al final son los estados los que salvarán la economía. ¿Caminamos hacia una nueva dependencia de los estados?

-Me temo que no hay nada peor que hacer de futurólogo. No se sabe cómo vamos a salir de la gigantesca novedad en la que nos ha metido la cuarentena global. Es una novedad tan absoluta que no sabemos cómo puede evolucionar. Mi única certeza es la novedad misma: hemos inaugurado un terreno nuevo.

-La gente con la que habla, ¿está más preocupada por su salud o por su libertad?

-Mucho más preocupada por su salud. Hay una bajada monumental de nivel en el mundo. La generación de mis padres y la mía trabajamos mucho para que nuestros hijos tuvieran un período de estudios más largo. Quién iba a pensar que esto iba a traer una desmoralización de docentes y discentes, quién iba a pensar que tener 15 años de enseñanza obligatoria iba a crear una especie de horror instintivo a la letra impresa. Pues lo ha creado. O profesores que nada más sacar la plaza desarrollan una estudiofobia. Sin embargo, el espíritu objetivo, a través de la técnica, demuestra la capacidad divina del ser humano para sacar unas rentas que eran inimaginables. Es la revolución industrial lo que da cuenta de esa capacidad ilimitada del ser humano. Ahora el problema que tenemos no es que falten cosas, sino que sobren. Hasta la cuarentena el problema ha sido siempre el exceso, mientras que antes de la revolución industrial era la escasez. El ciclo económico se movía con los altibajos del entusiasmo o las amarguras.

-¿Y a partir de ahora?

-Ahora esto de la cuarentena es un desafío global, vamos a ver si hemos conseguido acumular suficiente para no quedar en la cola.

-¿Es optimista o pesimista respecto al desenlace?

-Soy optimista por naturaleza. La tesis precede siempre a la antítesis; la negación no puede existir por sí sola. Lo que pasa es que hasta ahora no había presenciado una novedad tan inquietante. Me lo tomo con la sensación de que ahora estamos en deuda con nosotros mismos. Pusimos en marcha una fantástica maquinaria que funcionaba prácticamente sola. Vamos a ver qué pasa. Quizás sea un saldo positivo en todos los sentidos. Pero es un quizás improbable. No saldremos de esta sin descubrir el gusto por el trabajo y el esfuerzo, que en cierta medida se olvidó con la prosperidad.

-Vimos estos días la brecha ideológica entre el norte protestante y el sur de Europa católico.

-Lo que tiene la gente del norte es el amor a la libertad. Una persona puede parar un ejército mientras que la causa sea digna y ame la libertad. Si el ser humano se atiene a su libertad se agarra a la sustancia de la vida, y si se atiene a cualquier otra cosa se olvidará que ha nacido como especie para conocer. Si el hombre no se da cuenta de que su esencia es saber, será un fracaso biológico. El león de la caverna desapareció porque el hombre descubrió el fuego, y ya no fuimos presa para ellos. Y después descubrimos la metalurgia, que es la madre del cordero técnico.

-¿La cuarentena se basa en un autoritarismo con un fin justo?

-Estamos hablando de algo que está pasando ahora mismo. Hay que abrir mucho los ojos, preparar el espíritu para algún trago amargo y seguir teniendo la misma esperanza, el mismo orgullo y la misma compasión que nos han traído hasta aquí.

-¿Y cuando vemos a los Gobiernos cómodos en el estado de alarma, entramos en una peligrosa inercia?

-Nunca hemos tenido un Gobierno tan ridículo. Todos ellos son enemigos del comercio. No han entendido el proceso económico, no han entendido la diferencia entre lo simple y lo complejo, ni entre el espíritu objetivo y el subjetivo. No saben que los precios nos informan de qué cantidades hay de cada cosa en cada sitio. Por eso legislan sobre precios. No admiten la incertidumbre. Es como si dijeran: hasta aquí nos ha traído la evolución, pero basta ya de evolucionar. Cancelamos la evolución y a lo nuestro. Pero esto es un disparate, una atrocidad. Las masas no van a aprender nunca.

-Y dice que es optimista.

-Ser anarquista, socialista y liberal no solo no es incompatible, sino que las tres cosas a la vez son necesarias. Todos tienen un punto de razón. Los que no tienen ninguna razón son los pobristas. Estar mejor porque somos iguales…

«No se sabe cómo saldremos de la gigantesca novedad donde ha metido la cuarentena global»

-Igual de pobres.

-Eso es una canallada. Solo podemos ser iguales ante la ley, cualquier otro tipo de igualdad es tiránica y monstruosa. Se trata de rasar a la baja, y eso lo hemos conseguido. Y, sin embargo, teniendo unas universidades y unos estudiantes todos ellos desmoralizados, la técnica crece y crece. Lo que nunca le había pasado a la técnica hasta ahora es la suspensión, justificada en que no mueran más personas que las debidas.

-¿Ese valor ético refuerza el autoritarismo?

-Es increíble el caldo de cultivo para el autoritarismo que ha generado esta cuarentena. Por ejemplo, el Gobierno español quiere prolongar la inercia del pánico. Pero quieren alargarla porque son tan incompetentes, tan explosivamente ambiciosos en lo personal, no entienden otra cosa que no sea reforzar sus derechos adquiridos. Si algo ha conseguido el comunismo es una capacidad para agarrarse que solo tienen las garrapatas. Han generado tal sistema de penetración en el parasitado...

-¿Surgirá un nuevo clientelismo con la cuarentena?

-Por supuesto. Se olvida que Cuba estaba mejor con Batista que con Fidel. Consiguen que las masas adocenadas pierdan sus derechos a cambio de ser apacentadas en esta ideología de buenismo superficial. Pero no es un tiempo de Ortegas y la inteligencia conocida se va reduciendo.

-Rescato una frase de su «Fenomenología sobre las drogas»: «De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción».

-Hay que recordarla sin parar. Hay que conseguir que el resultado del voto no sea el de las dos últimas elecciones. La base de los podemitas son todos estos desmotivados que quieren que el fin de la carrera universitaria sea el principio de la jubilación.

-¿De verdad cree que ese es su modelo de vida?

-Sí. Sin darse cuenta de que así se ahorran la aventura vital. El hombre rebelde es la contrapartida racional y libertaria al revolucionario.

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