Gonzalo de Castro: «Me apunto el primero al regreso de 7 vidas»

Se considera más truhan que señor, lleva el humor como bandera y abraza la soledad como buena compañera. Su lado oscuro, dice, es un pronto que brota muy puntualmente. Ahora estrena en el cine «La maldición del guapo», y claro, con él nos da la risa

El actor Gonzalo Castro
El actor Gonzalo Castro

Entre las muchas cosas que cuenta Gonzalo de Castro (Madrid, 2 de febrero de 1963) es que está deseando que vuelva su antigua realidad. «Yo no deseo otra», apunta, después de un confinamiento en el que se ha sentido un privilegiado por pasarlo en el campo. «He estado acompañado por un hermano, y eso, a los cincuenta y pico es toda una oportunidad, ha sido casi como volver a la infancia», revela quien, sin embargo, está acostumbrado a vivir solo. Gonzalo es ese Gonzalo también de 7 vidas que se nos ha quedado grabado en la memoria y que él guarda en su corazón porque lo ha abierto al cariño de la gente.

 -Estrenas una de las primeras películas tras el confinamiento, «La maldición del guapo». ¿Es un privilegio?

-Un privilegio y una ocasión porque poco cine se va a estrenar en este verano.

-Una historia en la que nada es lo que parece.

-Sí, una historia en la que este truhan no es lo que parece decir que es, un señor que complica la vida a todos para contar una historia paralela: la excusa de recuperar a su hijo. Es una comedia que está muy bien pulsada.

-El título tiene su gracia. ¿Tú no eres el guapo, no?

-Ja, ja. No, es mi hijo. Que en la realidad es el hijo de Darío Grandinetti, una gran persona y un actor al que yo admiro mucho. Descubrir a Juan, a su hijo, ha sido un regalo de la vida. Y la maldición del guapo, bueno, puede ser verdad: parece que uno cuando está tocado por el dedo de Dios, y es un Adonis, pues semeja que la vida te va a dar todo gratis. Y al final, puede ser una maldición. No te puedes dormir, en la vida hay que ponerse a trabajar.

-¿Tú empezaste a trabajar muy joven?

-Sí, yo estaba en el último curso de Derecho y me dio la locura de lanzarme al mundo del teatro. A partir de ahí hice muchísimos oficios, que me dieron un barniz en la vida, con el fin siempre de ser actor. Dejé la abogacía porque mi pensamiento y mi corazón estaban en otra parte. Pero ya tenía 25 años. A partir de ahí, no todo fue un camino de rosas, pero no me voy a quejar. Yo siento que he hecho una carrera y estoy feliz.

-Es decir tu nombre y a todos se nos viene una sonrisa. ¿Tienes esa sensación?

-Sí, porque uno no puede olvidar de dónde viene. Y televisivamente hablando el trampolín fue 7 vidas para todo aquel reparto de lujo. Aquella comedia absolutamente única, original y una cantera para todos. Y por supuesto el personaje que yo defendía hizo tilín en mucha gente. Yo la comedia, bueno, la manejo bien. Por eso me parece estupendo que a la gente le dibuje una sonrisa. Yo prefiero que digan eso a «este tiene cara de perro».

-Tú has dicho que ahora la tele está abaratada viendo aquello que se hacía.

-Desgraciadamente los tiempos son otros. Hay otras prisas y otra manera de entender el trabajo. Yo abandero la forma de entonces, cuando el reloj corría de un modo normal. Ahora está todo precipitadísimo. Aquello no volverá nunca más. Esa serie fue un antes y un después para muchas cosas. Yo no dudaría ni un instante, me apuntaría mañana a volver a 7 vidas. Fue un privilegio. Yo no me olvido nunca de aquella época: ocurre solo una vez en la vida.

-¿Erais conscientes desde dentro que aquello iba a ser un fenómeno?

-Sí, todos, desde los guionistas a los productores, el director... Date cuenta de que teníamos hasta doce guionistas, hoy en día es inimaginable. Se produjo una catarsis, y desde el primer capítulo, supimos que teníamos entre las manos un fenómeno. Fueron cinco años de puro disfrute y un entreno como actores. La televisión nos daba la ocasión de trabajar todos los días con público real en directo. No pagado. Estas cosas tienen un valor y colocaron a la cadena y a la serie arriba, abrimos el spin off de Aída... En fin, durante muchos años 7 vidas dio mucha felicidad a mucha gente. La gente se sentaba el domingo para ver a Javier Cámara, Anabel Alonso, Blanca Portillo, Amparo Baró...

-Yo no sé si tú tienes 7 vidas...

-Yo tengo 8. Este oficio es muy complicado, hay que batirse el cobre, tengo abiertas muchas líneas de trabajo (teatro, cine, tele); te das cuenta de que el tiempo pasa, uno envejece, coges otros roles... Pero voy manejando bien mi barca. Hay que currar mucho, porque estas nuevas formas de trabajar con las redes sociales, este invento del demonio... Yo, la verdad, no tengo ninguna curiosidad por ello: solo tengo el móvil y el correo.

-Cuentas eso de la edad, y parece que al menos profesionalmente te ha sentado bien.

-Sí, sí. Pero bueno, han pasado 20 años y eres otro actor. La vida la tienes que leer. Yo no sé si estoy en plenitud, pero no me quejo, desde luego. Ahora viene una resaca que puede ser muy larga.

-En la peli hay un momento en el que apuntas: «Voy a decir dos palabras que no suelo pronunciar: ‘Por favor'». ¿No eres mucho de favores?

-No. Soy una persona muy educada, ese por favor también tiene que ver con la educación. Yo me cuido mucho, también por mi educación, que es algo básico, la sal y el azúcar de una persona. A mí me gusta mucho la gente educada y respetuosa.

-¿Eres más truhan o más señor?

-Bueno yo truhan soy siempre, si no, no estaría en este oficio. Si eres truhan la vida siempre te es más grata, siempre y cuando no hagas mal.

-¿La maldición del guapo, entonces, no las ha tenido?

-No, no. Yo el arma que mejor manejo es la del humor, una herramienta que uso para todo: hasta para cocinar. El sentido del humor es fundamental para transitar por la vida, por este valle de lágrimas también.

-¿Te ha salvado el humor en el confinamiento también?

-En el confinamiento me he salvado, porque he tenido el privilegio y la suerte, y lo digo con toda la boca, de estar en mi casa de campo. Yo me he pasado 90 días en un campo, sabiendo que la gente que quiero lo estaba pasando fatal, como mis hermanos, en Madrid. Yo me lo he pasado viendo encinas y cocinando. Soy también muy amigo del vino.

-¿Has aprovechado para ver muchas pelis?

-Pues mira, el problema es que yo aquí tengo un pequeño cine, que se me rompió. Así que no; tengo una pequeña tele, porque no me gusta que ocupe la casa, y bueno, sobre todo he leído mucho. Me acompañó un tiempo un hermano y hemos tenido la oportunidad de reencontrarnos. Porque uno nunca piensa que a los cincuenta y pico se va a echar cien días con un hermano. Eso es volver casi a la infancia. He estado muy a gusto.

-¿Eres muy familiar?

-No. Primero, no tengo una familia nuclear. Y mis hermanos son una diáspora, están todos por ahí.

-O sea, que estás acostumbrado a estar solo. ¿Te llevas bien contigo mismo?

-Sí, sí. Yo no tengo ningún problema con eso. Estar en soledad y estar solo son cosas distintas. Yo me manejo muy bien conmigo, creo que es importante. Cuando te dicen: «¡Que llevas solo 15 días en el campo!». Yo creo que es una maravilla. Yo me llevo bien, aunque tengo un lado oscuro, como todos. Pero manejarse solo es una herramienta fundamental en la vida. No me quiero poner trascendente, pero solos estamos siempre. Luego uno adorna la vida como buenamente puede.

-¿Cuál es ese lado oscuro?

-Tengo un carácter complicado, difícil. Tengo mis paranoias y subidas de tono. Y un pronto complicado, es puntual.

-Me quedo con que si a alguien se le ocurre que vuelva «7 vidas» te apuntas.

-Sin duda, vamos, el primero. Pero tendría que ser con 12 guionistas y cinco directores. Ja, ja.

 

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