Martin Scorsese avala en ella el salto a Hollywwod del húngaro Kornél Mundruczó
06 sep 2020 . Actualizado a las 17:05 h.Hay directores de cuyas obras coliges que no son buena gente. Al húngaro Kornel Mundruczo preferiría no encontrármelo en un callejón oscuro de madrugada. Pieces of a Woman, su salto a Hollywood avalado por Scorsese, resulta exhalación extrema del cine del mal rollo. Contra mis prejuicios, me siento mesmerizado ante este retablo de mala gente que camina. Me fascina esta capacidad para aprehender la mala vibra. El film arranca con una obertura: un parto angustioso, filmado con empeño virtuoso en plano secuencia sobre los aullidos de Vanessa Kirby. Tienes la sensación de que en vez de a un retorcido nacimiento asistes a un exorcismo. No creo accidental que, consumada la conmoción, emerja Ellen Burstyn, madre aquí de Kirby y, en el túnel del tiempo, de la Linda Blair de El exorcista.
Todo lo que se conjuga luego es ceremonia del nihilismo. Y digo esto en alabanza de la atmósfera de azufre que este tipo, Mundruczo, es quien de destilar. Todos y cada uno de los actores y actrices y sus personajes generan antipatía, rechazo, deshumanización.
Leer más: Hollywood le pone tapabocas a Venecia
De ese parto inicial, entendido como aquelarre, sale expelida una familia en demolición, canibalizada. Pero no puedes separar la mirada de esa inmersión en la ruina moral, la traición a lo más querido. Las entrañas del pavor, en las que hasta el corazón del ángel es luciferino. Y hay un cénit, una de esas secuencias que sabes que no olvidarás, cuando la musa del Nuevo Hollywood que fue Ellen Burstyn sube el arpegio de su ancianidad y escupe un veneno que tiene sus raíces del mal asentadas en el germinal holocausto nazi. Ahí entiendes que Pieces of a Woman es cine de palabras mayores. Por eso te quedas desnortado cuando, traspasado ese umbral más allá del tabú, Kornél Mundruczó recule y se anote un incoherente camino de redención que se desdice de las 2 horas anteriores. Desearías rebobinar, censurar esta coda que es gran impostura. Y quedarte instalado en ese averno de con el cual has llegado a un pacto fáustico.