Un empresario vestido de músico ermitaño llamado Bob Dylan

Xesús Fraga
x. fraga REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Bob Dylan, durante un concierto en Tel Aviv en junio del 2011
Bob Dylan, durante un concierto en Tel Aviv en junio del 2011 ABIR SULTAN | Efe

El cantautor controla hasta el último detalle la comercialización de su obra

08 dic 2020 . Actualizado a las 17:25 h.

Cuando se piensa en Bob Dylan, la imagen más recurrente es la del cantautor enigmático, un anacoreta celoso de su intimidad que se comunica a través de sus composiciones, con las que ha cambiado el curso de la música del siglo XX y ha tocado el alma de varias generaciones. Pero, a lo largo de los años, Dylan también ha demostrado una insobornable terquedad por manejar personalmente el rumbo de su carrera, aunque implicase ir contracorriente e incluso perder a parte de su público, un control que no excluye la vertiente comercial.

La venta de los derechos de su catálogo completo -quedan excluidas las canciones que escribirá en el futuro- a Universal Music Publishing Group por unos 250 millones de euros debe interpretarse a la luz de la atención que Dylan siempre ha dedicado a los números además de a las palabras. En el libro Chronicles consigna los cien dólares que recibió como anticipo a cuenta de regalías con su primer contrato en 1962: «Conforme». No en vano ese año su canción Talkin' New York especificaba: «Un gran hombre dijo que te pueden robar con una estilográfica. No me llevó demasiado comprobar de qué estaba hablando».

Desde entonces Dylan ha sido consciente del poder económico que otorga ser el dueño de tu propia obra, al contrario que otros coetáneos que cayeron víctimas de atracos contractuales. Y, a diferencia también de muchos colegas, el premio Nobel de Literatura 2016, no ha sido nada escrupuloso en sus criterios de explotación. Se cuenta que The Rolling Stones pidieron una cifra millonaria por el uso Start Me Up en el primer anuncio televisivo de Windows, con el objetivo -fallido- de sacarse de encima a Bill Gates. Dylan, por el contrario, ha cedido sus composiciones para la publicidad de Apple, Google, Cadillac y Chrysler, Pepsi, IMB y Victoria's Secret, entre otros. ¿Un anuncio de yogur griego con música de Dylan? Se ha hecho.