Julián Hernández, de Siniestro Total: «Era mejor la censura del franquismo, sabías a qué atenerte»

«Si escribes una novela diciendo barbaridades no pasa nada, pero si escribes una canción es alto riesgo», dice el músico sobre la libertad de expresión. ¿Serían hoy posibles las letras que cantó en los ochenta?


Sobre el escenario Julián Hernández ha cantado Bailaré sobre tu tumba, Cuánta puta y yo que viejo, Es que me pica un huevo, Más vale ser punkie que maricón de playa o Las tetas de mi novia tienen cáncer de mama, un repertorio que los seguidores de Siniestro Total también han tarareado a gritos en los conciertos y que ahora vienen a la memoria cuando se habla de libertad de expresión después del encarcelamiento del rapero Pablo Hasel. ¿Serían hoy posibles las canciones que escribió Siniestro en los ochenta? ¿Nos hemos vuelto un país de ofendiditos?, le preguntamos a Julián, que sin pelos en la lengua responde.

-¿Qué pasa con la libertad de expresión? ¿Somos ahora un país más susceptible?

-Lo que pasa es que ahora no parece el momento escogido para meter a Pablo Hasel en chirona. La gente está muy enfadada, y se salen de madre. Esto se viene arrastrando desde hace muchísimo tiempo. Delitos como injurias a la corona, o a la bandera son absolutamente trogloditas. El problema es que aquí no se barrió la casa con respecto a la libertad de expresión. La ley mordaza salió del PP, pero antes estaba la ley Corcuera, del Partido Socialista, y meter en el trullo a raperos es que... Los ingleses alucinan con que haya una manifestación de homenaje a la División Azul, que, oye, podía ser que hubiera gente bien intencionada, pero es que era una división hitleriana. No hay tu tía, por mucho que estuviera Berlanga y gente maravillosa luchando en Rusia, pero es que no se puede hacer un homenaje así en Europa. Y al lado de esto, están metiendo en la cárcel a un rapero. Definitivamente no barrimos la casa, se dan medallas a torturadores del franquismo y se siguen manteniendo una serie de estructuras. Era mejor la censura tajante del franquismo, sabías a qué atenerte; ahora te vas al trullo sin saber. 

-¿Es un problema de izquierdas y derechas? 

No, ahora se supone que hay un Gobierno de izquierdas, que cree en la buena fe de la familia Franco. Que es sorprendente. Se trata de quién heredó el régimen, y también lo hereda el Partido Socialista español. Se defiende una estructura como la monarquía, que es el caso de Hasel, que insulta al rey. Es que es lo mínimo que se puede hacer. Mire, se podrá decir de todo, la blasfemia tiene que ser legal. ¡No puede ser que no lo sea!

-¿No hay ningún límite? Imaginemos una letra: «Julián Hernández, quiero matarte, te quiero colgar». ¿No denunciarías?

-En el momento en que eres rey de España, ya eres una institución, tendrás tu corazoncito, pero eres una institución. Me da igual tu corazoncito de rey, detrás de tu manto de armiño y tu corona, o tu Corinna, todo está mezclado. El problema es que este es un país de opereta, del Ruedo Ibérico de Valle-Inclán, en el que se hace piña. Todos los grupos de poder están alrededor de una monarquía que hay que salvar como sea. Es lo que nos mantiene en un estado de dominio, la Iglesia, los oligopolios, habría que empezar de cero. Yo creo que se puede hacer de una manera más elegante. Lo de las canciones de verdad, déjenlo. Lo hablaba una vez con Josele de Santiago, si escribes una novela diciendo barbaridades no pasa nada, pero, ah, si escribes una canción entonces sí que la cagas. Las canciones son de alto riesgo. Es curioso: si tú pones una cosa en primera persona en una canción, por mucho que sea primera persona, no tiene por qué ser identificable con la opinión del que la escribe o el que la canta. Yo puedo escribir: «Bailaré sobre tu tumba» y no tengo por qué ser yo el que lo esté diciendo por mucho que lo cante, no tengo por qué pensar eso. De hecho, a mí no me gusta bailar, con lo cual es absurdo. Si fuese así, tendríamos que cargarnos toda la historia de la literatura, y la Biblia, y la historia del cine.

-Cuando escuchas esas letras de los raperos, ¿crees que son más agresivas que las que hacíais vosotros?

-Claramente se lo toman un poquito más a pecho. Nosotros veníamos de una etapa en la que había que inventar de una forma más sutil. Éramos herederos de La Codorniz, todo tenía que ser, aunque no fuera cierto, más disimulado. Se supone que cuando Franco dijo que España era una reino, que fue una declaración pública, salió la leyenda urbana de que habían retirado La Codorniz porque habían puesto en portada un mapa del tiempo: «Reina en España un fresco general del noroeste», claro, eso no era cierto, pero sí la manera de actuar de La Codorniz. No iban a poner a Franco vestido de reyezuelo, pero sí sacar ese mapa del tiempo y de esa manera se escaqueaban. Es lo que hacía el propio Berlanga, El verdugo es toda una comedia negra, pero al final hay un trasfondo político increíble, que dices: '¿cómo coló?' Pues coló. Estos chicos de ahora no se cortan un pelo, ellos no estaban acostumbrados a lo que veníamos nosotros. 

Estos chicos no se cortan un pelo no estaban acostumbrados a lo que veníamos nosotros

-Aun así ¿las letras de Siniestro como «Las tetas de mi novia tienen cáncer de mama», crees que serían posibles hoy?

-Yo creo que la procacidad se permite más. Por lo pronto en los años 80 estaba bastante bien vista por la cultura de la Transición. Lo que no estaba bien visto era la letra de Cuervo ingenuo, de Javier Krahe. Felipe González le hizo la vida imposible. Ahora, las gamberradas yo creo que sí, con nosotros sí, si nos dicen algo ahora, diríamos ya que llevamos 40 años, déjenlo. No necesitamos promoción. 

-¿Vosotros no os sentisteis presionados nunca?

-No, es cierto que había que hilar fino con temas como el terrorismo, pero se podía. Nosotros tenemos una canción que dice Grupo, en lugar de Grapo, juega con la similitud fonética. Pues vale, pero no lo dice. Está hecho de tal manera que 'a mí no me digáis nada', 'Yo no lo digo'. Nosotros andábamos con pies de plomo, pero la revista Mongolia también anda con pies de plomo y ha sacado cosas muy heavies. No han acabado en un juzgado, nada más que por Ortega Cano, es increíble, por un torero borracho. Es todo patético. Valle-Inclán con todo el ciclo de Ruedo Ibérico se quedó corto. Ojalá hubiera vivido ahora. 

-¿Los raperos de ahora disparan metralla?

-Sí, pero tienen todo el derecho, está bien. No pasa nada. Podían ser más sutiles y no meterlos en la cárcel como a Hasel. Valtònyc está exiliado, pero bueno, esto, en un país civilizado, en Europa, en el siglo XXI, no debería estar pasando. El guionista está borracho. 

-Vas a tener que hacer una canción sobre todo esto...

-Malditas las ganas. Yo lo hago, pero tú me mandas una lima dentro de un pan. A mí me pilla mayor. Pero es cierto que esto no debería estar pasando, lo de Krahe fue en los ochenta, que era una época de bonanza. Y aquella canción de «Tú sacarnos de la OTAN...» le costó no poder actuar en todas partes, lo condenó al ostracismo, era un empeño personal de Felipe González. Ahora hay gente muy cabreada, nosotros nos callábamos, pero ahora sale la gente cabreada y la policía carga, es muy fácil generar violencia de un lado y de otro. 

-¿Nos ofendemos más ahora?

-Sí, ahora la ofensa es permanente. Ahora la corrección política está en todo. Ahora Dumbo es una película racista, buf, porque los cuervos son negros y hablan como negros. O Speedy Gonzales, porque ponía como vagos a los mexicanos... Tintín en el Congo, mire, esto se llama Zeitgeist, espíritu del tiempo. Según eso,  la violencia desquiciada del Quijote no sería aceptable, no puedo hacer nada. O el destape en el cine español. La censura entonces era clara, lo contaba una actriz muy guapa de los años cincuenta del cine español, una vez un censor le cortó un primer plano, así, enterita. Le preguntaron al censor y respondió: 'Es que tiene algo en la mirada'. No, no. El que tenía algo en la mirada era el censor, que veía a una chica joven, escandalosamente guapa, y se estaba poniendo como una moto. 

-Aquí se está encarcelando por exaltación de la violencia, porque se dice en las letras: 'Hay que matarte como a Carrero Blanco'.

-Es que puede ser y es ficción. Tengo que poder contar en primera persona la historia del terrorista que le pone la bomba a Carrero Blanco, tengo que poder contarlo. Es una ficción. No soy yo, es un personaje en primera persona, tengo que poder hablar de eso, no puede ser que la palabra Carrero Blanco sea tabú, no puede ser. 

-Bueno, Julián, bailaremos sobre tu tumba si te pasa algo. Ja, ja. 

-Ja, ja. No te preocupes, ya pondré en el testamento una pista de baile encima de la losa. 

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