Una Berlinale sin puente aéreo

El certamen de cine arranca este lunes en edición virtual y con nombres fuertes en competición


Cuando los partidos de la Champions League en suelo alemán se están celebrando en países lejanos, parece una obviedad que la Berlinale que arranca hoy no va a tener como sede el Berlin Palast. Será una edición virtual con acceso para un número más reducido de prensa acreditada y con una programación a priori estimable en estos tiempos de carencia. Lo que sorprende es la reducción de días de duración del certamen -solo cinco, hasta el viernes-, lo que obligaría a hacerte en tu calendario un abierto 24 horas para poder visualizar todo lo que se exhibirá.

La entrega del pasado año fue el último hurra antes de la pandemia. Te levantabas entonces cada mañana con el eco de las cifras de contagio demoledoras que llegaban muy cerca, de Milán o Bérgamo, como las primeras fotos de los cadáveres. Y mientras departías con críticos italianos sobre Hong Sangsoo o cómo el Atalanta le pasaba por encima al Valencia. No se sabía si cualquiera de esas mañanas, el festival se suspendería por la entrada del virus en el fortín cinéfilo berlinés. Pero viajabas en metro -naturalmente sin ningún tipo de mascarilla- para llegar a las salas de Potsdammer o Alexanderplatz. Luego supimos que esa Berlinale que concluyó cinco días antes del confinamiento aparentemente no produjo contagios. Y en cambio, medio Mestalla se infectó con el fútbol prepandémico.

Un año después han cambiado todos los escenarios. El Borusia Moenchengladbach juega contra el City en el Puskas Arena de Budapest. Y no hay Berlin Palast ni alfombra roja que no sea la alfombra del salón de cada cual. Todo ha mutado menos Hong Sangsoo. El del cineasta coreano es un caso digno de estudio. Todo un Parménides. El pasado año ganaba el Oso de Plata (con The woman who ran) y ahora vuelve a postularse con película nueva. La capacidad de reproducción artística del coreano es la de un supercontagiador. Cuando todo cambia, aférrate a Hong Sangsoo. A mí porque su cine me complace mucho. Pero pillas a un crítico de colmillo retorcido -de esos a los que solo gusta Clint Eastwood y de lo demás escapan- y te coloca a Hong en la lista de sospechosos de Bill Gates u otros satanistas o Quanones.

Bueno, pues en la sección oficial por el Oso de Oro, junto al inmutable Hong Sangsoo (con Introduction), parte como gran favorita la francesa Celine Sciamma, en la cumbre tras su premio en Cannes para Retrato de una mujer en llamas, y que presenta Petite Maman. En esa lista de autores de primer nivel está también el magnificente rumano Radu Jude. Y en un segundo escalón, el francés Xavier Beauvois, el alemán siempre infravalorado Dominik Graf y el mexicano Alonso Ruiz Palacios, que saltó a la palestra con la exitosa Güeros y aquí trae la metacinematográfica Una película de policías. Y en su debut como director, el actor hispano-alemán Daniel Bruhl, opta a los premios con Next Door.

Completan la sección oficial la alemana Maria Schrader, la iraní Maryan Moghaddam, el japonés Ryusuke Hamaguchi, la lianesa Joana Hadjithomas, el georgiano Alexander Koberize y los húngaros Bence Fleigauf y Dénes Nagy.

Jodie Foster y Michael Caine

Fuera de competición, los focos que ahora devendrán lucecitas de skype, serán de Jodie Foster, que presenta El mauritano, filme político sobre el penal de Guantánamo y el venerable Michael Caine en Best Sellers.

En los paralelos y formalmente más osados escenarios de Encounters y Forum, sumados a la sección de correcciones políticas Panorama, el total de títulos supera de largo los 100. Todo eso en solo cinco días no es capaz de asimilarlo ni Hong Sangsoo y sus posibles duplicaciones o doppelgängers.

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