Carlos Hipólito, Carlitos en «Cuéntame»: «Es gracioso que Imanol sea mi padre porque somos del mismo año»

CULTURA

Al fin le ponemos cara a la voz en off que en la pantalla hacía de Carlos Alcántara. «Mis padres me han enseñado a salir llorado de casa», dice

29 mar 2021 . Actualizado a las 10:30 h.

Carlos Hipólito es Carlos Alcántara en la serie Cuéntame. Al narrador que nos ha acompañado con su voz desde hace 20 años, ahora por fin le ponemos cara en la ficción. E igual de cariñoso y entrañable que es su personaje, también lo es en la realidad. Hasta el punto de que son las cuatro de la tarde y atiende nuestra llamada amablemente, a pesar de que todavía no ha comido. No son horas, Carlos. Pero está en plena promoción de su obra de teatro Rita y no ha parado: «No te preocupes es un problema mío, no tuyo», dice antes de iniciar esta entrevista.

—La voz del narrador se convierte en personaje.

—Exacto. Llevo veinte años haciendo las reflexiones de Carlos adulto y ahora puedo dar voz, cara y cuerpo, todo junto.

—Pero es un giro inesperado, al menos, para el público.

—Nunca había salido en la serie. Y de alguna manera eso estaba bien porque el público se podía imaginar al personaje como quisiera. Pero con el paso de los años ya todo el mundo sabía que era yo el que hacía la voz en off, así que cuando decidieron que el personaje apareciera en pantalla, pues me llamaron. Creo que ha sido una decisión lógica, porque si no, yo tendría que haber doblado al actor que lo hiciera para que todo tuviera sentido.

—¿Y cómo es tener de padres a Imanol Arias y a Ana Duato?

—Es muy divertido. Ana, Imanol y yo somos amigos desde mucho antes de que empezara Cuéntame. Nos conocemos de toda la vida. Y ha sido gracioso, entre otras cosas, porque Imanol y yo somos del mismo año. Él me lleva a mí unos meses, pero somos de la misma edad, y Ana es bastante más joven que nosotros dos. Entonces que fueran mi padre y mi madre, de repente, tenía su gracia. Nos reíamos mucho al principio. Además el trabajo de caracterización que ha hecho el equipo ha sido extraordinario. Cuando rodamos, se crea la sensación de que son personas de 90 años.

—La serie viaja a nuestro pasado más presente. ¿Cómo lo has vivido?

—Con cierta emoción. Los guionistas pensaron que era importante que una serie como Cuéntame, que nos ha contado tanto nuestro pasado reciente, pues nos relatara también el pasado que todavía seguimos viviendo. Por eso se inventaron ese paralelismo entre el año en curso de la serie que era 1992 con el 2020. Y se ha planteado como un homenaje a todas las personas que han sufrido la enfermedad, que han fallecido, los que han tenido alguna pérdida humana y también a todos los trabajadores, sanitarios y de todo tipo, que han estado en la primera línea. Nosotros lo vivíamos con cierta emoción porque, claro, estás hablando de cosas que estás viendo en el telediario y de pronto cuando las vives en primera persona a través de la emoción del personaje parece como que te afectan más. Y la verdad es que lo hemos afrontado con muchísimo respeto.

—Tus padres son Imanol Arias y Ana Duato y tu hermana en «Rita» es tu mujer, vaya lío...

—Sí, Mapi Sagaseta es mi mujer en la vida real. Llevamos 25 años casados, pero ahora en esta obra hacemos de hermanos y está siendo muy divertido porque el código familiar y de confianza que tiene que haber entre hermanos, pues ya lo traíamos de casa. Era gracioso porque el director, Lautaro Perotti, nos decía: ‘Está todo muy bien, la complicidad y todo, pero cuando os sentáis juntos, Mapi no le toques tanto las pierna‘ [se ríe], porque había esta cosa de que me ponía la mano en el muslo, un gesto muy de pareja y que entre hermanos era un poco raro.

—¿Y lo lleváis bien?

—Lo pasamos muy bien trabajando juntos. A mucha gente le podrá parecer un poco pesadilla, pero nos divierte y nos hace más cómplices. Además, nos ha ido tan bien que seguimos en el Infanta Isabel de Madrid para estar un tiempo largo, espero.

—Y si hay algún enfado, lo solucionáis en el escenario.

—Sí, porque tenemos broncas también [se ríe]. La obra refleja muy bien las relaciones entre hermanos, que te amas, te adoras, pero a la vez te detestas, y de repente lo que te molesta del otro, te molesta muchísimo, y discutes muchísimo, pero luego lo necesitas, lo perdonas y lo quieres. Así que no lo usamos como terapia, pero podríamos.

—Le das a todo, también estás en la serie «Caronte», ¿no hay nada que se te resista?

—Supongo que muchas cosas. Pero he intentado no acomodarme nunca. Siempre me ha gustado mucho el modelo de actor sajón, que son capaces de hacer muchos géneros, de cantar, de bailar, que tienen una preparación muy amplia, de poder interpretar comedia, drama, de hacer personajes contemporáneos y clásicos. Y ese ha sido siempre mi modelo a seguir. Es muy divertido pasar de hacer un Macbeth, que es un personaje absolutamente oscuro, siniestro, a hacer este personaje que hago en Rita que es un hipocondríaco, muy simpático, muy gracioso... a mí eso me divierte mucho.

—¿Y tú como eres, más tirando a hipocondríaco? Porque como Macbeth no te veo...

—Soy bastante optimista. Tengo bastante buen talante. Hipocondríaco, no. ¡Hombre! Tengo mis momentos de bajón como todos. Y creo que mis chicas, tanto mi mujer como mi hija, me quieren bastante. Te dirían cosas bonitas de mí. Soy un poco impaciente, a veces. Pero creo que soy un tío divertido. La verdad es que en nuestra casa nos reímos mucho. Aunque también discutimos, pero en general no somos rencorosos y nos perdonamos rápido.

—¿Para ti es importante tener buen humor?

—Es fundamental. Mis padres me enseñaron, y ha sido una de las enseñanzas más importantes que he tenido en la vida, que siempre hay que intentar hacer la vida agradable a la gente que tienes alrededor. Ponerte en el lugar del otro, intentar salir de casa llorado, no ir a llorarle a los demás. Y eso es algo que te vuelve a ti, regalándote una mejor energía alrededor y una vida más saludable.

—¿Quién te despertó la vocación de actor? ¿Tu madre?

—Yo creo que sí. Mis padres eran muy aficionados al teatro. Mi padre era arquitecto y mi madre era una mujer muy inquieta culturalmente. Y yo fui mucho al teatro con mis padres. Sobre todo con mi madre. Y supongo que ese mundo mágico que se crea en una sala de teatro cuando se levanta un telón me atrapó. En el colegio siempre estaba metido en cosas de teatro. Y después, cuando empecé la carrera de Arquitectura, también estaba en un grupo de teatro aficionado. Luego ya entré en la escuela de William Layton. Empecé Arquitectura porque también me gustaba. Con mi padre había jugado mucho de pequeño a ser arquitecto. Me sentaba en el tablero donde estaba diseñando alguna casa y siempre me decía: ‘A ver, ¿tú dónde pondrías la ventana? Pues aquí‘. Y el me decía: ‘No, hombre, no'. Y me lo explicaba. Entonces jugábamos a eso, a fabricar casitas. Y me gustaba mucho. Pero luego cuando ya me llamaron para hacer personajes, dejé las reglas y los planos para otros y yo me dediqué a esto. Me ha dado una vida preciosa.

—Desde el 78 no te has bajado de un escenario, que se dice pronto.

—Me siento un privilegiado absoluto porque he tenido mucha continuidad. Y no he tenido problemas en hacer papeles pequeños después de haber sido protagonista. Siempre que me han ofrecido algo, fuera más grande o más pequeño, yo lo he tomado como si fuera el papel de mi vida. Y por eso me siguen llamando. Se siguen creyendo que yo sirvo para esto, con lo cual estoy encantado.

—Con 64 años, ¿te planteas jubilarte?

—Cuando pueda, a lo mejor me compensa [se ríe[, pero no creo. Mientras el cuerpo y la cabeza me respondan, yo seguiré haciendo personajes.