«Diarios» de Zweig, memoria de la convulsa Europa

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Pocos escritores como Stefan Zweig (Viena, Imperio austrohúngaro, 1881-Petrópolis, Brasil, 1942) reflejan en su vida y su obra el devenir convulso de la Europa del siglo XX. Quizá su amigo Joseph Roth (Brody, Imperio austrohúngaro, 1894-París, 1939) y Sándor Márai (Ko?ice, antiguo Reino de Hungría, 1900-San Diego, Estados Unidos, 1989) se le acercan. Con unas existencias paralelas en cuanto a que han estado marcadas por la guerra, el desmoronamiento del imperio, el nazismo, los totalitarismos y el exilio, las obras de estos tres libertarios han vivido el resurgir (merecido) del éxito en los últimos años. Los tres se han ocupado en su escritura y con gran lucidez de retratar cómo esta Vieja Europa traicionaba sus sueños de civilización, progreso, libertad y hermandad. Lo han hecho en sus novelas, en sus artículos, en reportajes, en sus memorias y en otros textos de carácter más o menos confesional.

Ahora llega al castellano una monumental publicación de los Diarios de Zweig, de la mano del sello Acantilado, en buena medida responsable de un exquisito rescate de la producción del autor vienés. El libro, tirando de la edición realizada por el reputado estudioso alemán Knut Beck, incorpora un hermoso prólogo de otro libertario -que parece venido de otro tiempo, el tiempo de los humanistas y los viajeros-, el escritor barcelonés de raíces germanas Mauricio Wiesenthal, que celebra el «caudaloso río que sigue y seguirá fluyendo» del prolífico prosista, al que, dice, es imposible conocer rigurosamente sin acceder a las anotaciones de sus Diarios, que califica de Memorial Zweig, el que se completa, explica, con su imprescindible El mundo de ayer. Memorias de un europeo.

Wiesenthal se define como discípulo de este gran sabio, a quien compara -por estos diarios- con Montaigne y Chateaubriand en cuanto al estilo y las intenciones de unas memorias ensayadas. Su admiración por Zweig es tanta que, relata, durante muchos años se dedicó a seguir el rastro de los amigos que le habían sobrevivido, para tener noticia de primera de su existencia y su persona.

Ahora todo buen lector y, claro, el amante del arte de Zweig pueden seguir también sus pasos gracias a estos diarios que recorren la vida del autor desde 1912 a 1940, una aventura apasionante.