Javier Gutiérrez: «Los vientres de alquiler son puro mercantilismo, un negocio y una atrocidad»

CULTURA

Javier Gutiérrez opta a un Goya por «La hija»
Javier Gutiérrez opta a un Goya por «La hija» Paco Rodríguez

El actor asturiano estrena el «thriller» «La hija». Cree que en las plataformas de cine y series «hay mucha morralla»

09 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«A los 50 empieza lo mejor», vaticinó a principios del 2021 Javier Gutiérrez (Luanco, 17 de enero de 1971) solo unos días después de soplar las velas de su medio siglo, con dos goyas, el premio Cineuropa a su exitosa carrera, un hijo campeón por el que llegó a rechazar el papel del Profesor en La casa de papel y tres películas y una obra de teatro en marcha contra la pesada inercia de la pandemia. Este año, Javier Gutiérrez se ha estrenado como padre por segunda vez. Y digo «se ha estrenado» porque la experiencia tiene muy poco que ver con su debut paternal, asegura. «Me pilla con otra edad y otro ritmo», sonríe. Todos los hijos son únicos, tengan hermanos o no.

-«La hija», de Manuel Martín Cuenca, llega a los cines con el aval de la crítica nacional e internacional. Nos fascina el paisaje, nos sobrecoge y aterra el planteamiento y el desenlace de este «thriller» sobre la paternidad, que pone sobre la mesa preguntas importantes.

-El cine tiene que divertir y emocionar, pero debemos también cumplir esta labor de plantear preguntas, reflexionar, para que sea el espectador el que al final las resuelva él y se posicione.

-Yo me posiciono sin dudas.

-Es una película oscura que está muy pegada a la realidad. No hay que olvidar que todos los ciudadanos apacibles y con una cara amable podemos tener una cara b donde sale a relucir el peor de los monstruos. Esta es una película pegada a las noticias, pero aun siendo oscura, tiene un final feliz. 

-No sé si feliz. Nos enfrenta a una maternidad usurpada...

-Claro.

-Nos invita a reflexionar sobre los vientres de alquiler, en un Black Friday en el que una empresa del Reino Unido lanza una oferta en gestación subrogada.

-Lo de los vientres de alquiler es una barbaridad, un negocio, un mercadeo. 

-«La hija» muestra la vulnerabilidad de la madre joven, sin recursos ni red familiar, cómo esa mujer va cambiando durante la gestación. Ella no es la misma que al principio, como no lo es su cuerpo.

-¿Y quiénes somos nosotros, los demás, para decidir sobre ese vínculo poderoso que tiene una madre con su bebé? Es un arrancamiento, una cosa brutal lo que sucede disfrazado de buenrollismo. La hija muestra un secuestro, un secuestro en toda regla disfrazado de buenas intenciones. Él es un maestro que lleva lidiando con menores con problemas desde hace 20 años, un tipo que es muy carismático y que se vale justo de esto para aprovecharse de la situación. Hay un ejercicio de manipulación de la pareja que quiere quedarse con el bebé de una chica a cambio de dinero. De entrada, él no es mala persona, porque ese plan que tiene puede ser el mejor para ellos y también para la chiquilla... 

-Esa pareja es atroz desde el principio.

-No lo creo. Pero todos los actores tendemos a defender y entender a nuestros personajes, sin juzgarlos. En ese sentido, esa pareja actúa de buena fe, pero evidentemente en lo que hacen hay un acto de manipulación. A pesar de su ambigüedad moral, entiendo y defiendo a mi personaje en La hija. Y es nuestro deber como actores encontrar ese punto de luz que conecte con el público. Si no, seríamos auténticos hijos de puta.

-Pero tu postura sobre los vientres de alquiler está clara.

-Yo lo tengo clarísimo: es puro mercantilismo, un negocio y una atrocidad.

-Ese paisaje de montaña en el que nos aísla «La hija» es imponente, habla solo. Tiene la fuerza del de «La isla mínima». Tiene en las dos pelis un gran protagonismo la naturaleza y la naturaleza humana.

-Martín Cuenca le da muchísima importancia a los espacios y en este caso mucha más. Nos sitúa en un lugar muy aislado para que todo cobre más sentido. Esa sierra de Jaén es imponente, bellísima, pero a la vez es muy agresiva, con esa forma rocosa que tiene como si fuesen cuchillas. Eso favorece entrar en los personajes y en la historia que estamos contando.

-Un descubrimiento la actriz Irene Virgüez. ¡No la conocíamos!

-Es uno de esos casos excepcionales que hay en el cine, una actriz entre miles. Martín Cuenca la llamaba su actriz japonesa y, de hecho, es una actriz que, si tuviera carrera en el cine asiático, triunfaría por sus rasgos y su forma de interpretar. La extrema sensibilidad de Martín Cuenca, su forma de dirigir actores, hace que el trabajo de Irene, como el del resto del elenco, brille aún más. Al ser una película de tantos silencios, la mirada de Irene es deslumbrante. Su primer trabajo en el cine es muy apabullante. 

-¿Fue muy duro el rodaje, qué fue lo más difícil para ti?

-Es una película muy dramática, densa, honda, pero fue un auténtico divertimento, ¡o yo lo viví así! Martín Cuenca puede ser un Haneke español, como dice una amiga mía, pero es un tío muy divertido, hedonista, disfrutón, en el que cada día de rodaje es una fiesta, por lo menos para los actores. Él es un manipulador en el buen sentido, te da libertad absoluta, pero necesita saber de tu vida personal para contaminar de tus vivencias y momentos al personaje, hasta donde tú le dejes. Es un juego con límites, un juego sano.

-La crítica es unánime, Toronto y San Sebastián han celebrado «La hija». ¿Qué dirá el público?

-¿El público? ¡Yo qué sé! Jajaja. La película viene de festivales importantes, como el de Toronto, el festival de festival, viene de estar en San Sebastián y en Sevilla con muy buena acogida, en Tokio, estará en Zúrich... ¿Qué va a pasar con el público? No lo sé... La gente prefiere ver el cine y las series en casa de forma compulsiva, pero invito a los espectadores a que se acerquen al cine, que es mejor. Igual yo tengo una idea muy romántica, eh... Estamos ya sobrepasados y un poco indigestos de las plataformas. Con el mal tiempo que hace en nuestra tierra, es un buen momento para disfrutar del cine en pantalla grande, para disfrutar del músculo que tiene el cine español.

-El otro día nos lo advirtió el director del Festival Internacional Cineuropa, José Luis Losa: «No todo está en las plataformas».

-Por supuesto que no. En las plataformas hay mucha morralla. Yo trabajo para las plataformas, que también son un balón de oxígeno para el audiovisual, pero no todo el cine está ahí ni mucho menos.

-A veces las plataformas, esto de ver cine en píldoras en la tablet en cualquier lugar, es un consuelo.

-Sí, pero imagina que te sirven un buen entrecot en un pedazo de cartón con cuchillos de plástico... ¡No es lo mismo! No, no se disfruta igual. Hay una liturgia en ir al cine incomparable. 

-¿Aprendiste o no a disparar para esta peli?

-Yo aprendí a disparar y disparo muy bien, pero Martín Cuenca quiere tal realidad que me obligó a disparar con un fusil en los ensayos... Y hay una cosa que se llama el retroceso que te disloca el hombro y el cerebro te lo deja tintineando. Le dije al director: «¡Manolo, hazlo de tal forma que no tenga que sufrir!». Y lo hizo muy bien, porque no disparo con balas de verdad. Yo soy un actor que no está dotado para la acción, y, si no hubiese sido así, seguramente habría estado de baja después de repetir esa secuencia, jajaja. Como el cine es ficción, ¡espero que cuele!

-Este año de tus 50 le has dado un hermano a tu hijo Mateo. ¡Bienvenido, Lucas! ¿Qué tal te sientes como padre de dos?

-Bueno la vida pasa y te va haciendo regalos. Uno va creciendo y aparecen los hijos, que es algo maravilloso. Ser padre por segunda vez no tiene nada que ver con la primera. Me pilla con otra edad, con otro ritmo, pero también lo vivo como algo maravilloso. Tengo muchas ganas de dar amor y de recibirlo.

-¿Te deja dormir?

-Poquito. Con las jornadas maratonianas que tiene su padre además...

-¿Qué tal tu experiencia en el Camino de Santiago?

-Maravillosa, pero me queda la espinita de hacer el Camino solo o acompañado, en bicicleta o caminando, sin una cámara delante. Más allá de haberlo hecho como trabajo, me parece una experiencia única, irrepetible y más en el Camino Primitivo. 

-Celebraste el Premio Nacional al maestro Sacristán. Ahora celebramos su Goya de Honor.

 -Gente como José Sacristán, Concha Velasco, Lola Herrera son un orgullo, son auténticos referentes. Los actores españoles deberíamos privilegiar más ese espejo que el de actores americanos, por ejemplo, o de cualquier otra nacionalidad. Aquí tenemos gente como Pepe Sacristán, que sigue haciendo teatro y monólogos que impresionan con 80 años. 

-Se va acabando ya tu año de los 50. ¿Qué tal este medio siglo, cómo se te ha dado?

 Los 50 muy bien, creo... Tuve un niño, fui a Galicia con Principiantes y ahora tengo el estreno de La hija, que es la gran película de la temporada. A nivel personal y profesional, he vivido grandes hitos.