Javier Reverte cuenta en «La frontera invisible» un viaje de 4.000 kilómetros que sabía que era el último

m. lorenci MADRID / COLPISA

CULTURA

El escritor Javier Reverte, que falleció en el 2020, le dejó indicado a su editor el orden de publicación de sus libros póstumos
El escritor Javier Reverte, que falleció en el 2020, le dejó indicado a su editor el orden de publicación de sus libros póstumos Eduardo Parra

Atravesó Turquía e Irán y recaló en Dubái tras cruzar el estrecho de Ormuz

13 jun 2022 . Actualizado a las 09:14 h.

Javier Reverte (Madrid, 1944-2020) pensó en no retornar de su última aventura y quedarse en Isfahán (Irán). Así lo sugiere el añorado escritor en La frontera invisible (Plaza & Janés), último y póstumo libro del irredento viajero. Para su postrera aventura viajó hacia Oriente desde Estambul para atravesar Turquía e Irán y recalar en Dubái tras cruzar el estrecho de Ormuz.

«Quería ir a Oriente Próximo, una región cuyo nombre resuena a inmensidad, ancianos imperios, guerras estremecedoras, ejércitos perdidos, ciudades enterradas, religiones muertas, viejas lenguas enmudecidas; también a pogromos y genocidios, sanguinarios sultanes, guerreros feroces y reyes belicosos, y junto a todo ello, a sensualidad, aventura y poesía», aclara Reverte su interés por la zona que recorrió sabiendo que se le escapaba la vida. Acosado por el cáncer de hígado que se la robó, dejó instrucciones a David Trías, su editor durante veinte años, sobre el orden de publicación de sus tres últimos títulos: la novela Hombre al agua, sobre un antiguo preso sumergido en una red anarquista, apareció en marzo de 2021; Queridos camaradas, sus memorias, en octubre del mismo año, y La frontera invisible, su último cuaderno de viaje, llega ahora al lector.

Lo inició con su mochila cargada de fármacos y clásicos sobre Oriente. Los médicos le recetaron lo necesario para afrontar un periplo de casi cuatro mil kilómetros, movido por la mezcla de curiosidad y capricho que le impelía diseñar sus itinerarios, como cuenta en el prólogo. «¿Por qué no ir a Isfahán?», se preguntó ante una foto de la soberbia cúpula de la mezquita de la monumental plaza de la ciudad iraní que los persas llaman La mitad del mundo. Viaja y nos habla de Alejandro Magno, del Gran Tamerlán, del sultán Bayaceto (El Trueno), o de Kemal Atatürk, el padre de la Turquía moderna. Una controvertida figura de quien Reverte destaca lo bueno y lo malo. «Liberó a las mujeres del serrallo, les arrebató el velo y las llevó al Parlamento», recuerda. Abrió universidades, cerró las madrasas, desbarató la ley islámica, creó un código civil y alfabetizó a país, pero era «autoritario en exceso» y «admirado por Hitler y fascistas españoles, como Ramiro Ledesma».