Ángela Molina: «Con la vejez hay que saber despedirse de la belleza»

CULTURA

XOAN A. SOLER

Es guapa por dentro y por fuera. Y nadie mejor que ella para valorar lo bonita que es la vida. Pero también habla de los sinsabores de su profesión y los sacrificios de criar a sus cinco hijos. «Mientras Dios me dé salud, seguiré amando mi trabajo», dice

15 sep 2022 . Actualizado a las 16:53 h.

Aparece Ángela Molina a través de la pantalla en una entrevista virtual y a sus 67 años sigue deslumbrando. Desde la serenidad de quien sabe aceptar el paso del tiempo con naturalidad, la hija del afamado cantante Antonio Molina, Goya de Honor del 2021 y parte de una de las sagas de artistas más importantes de este país, nos habla de su nuevo proyecto, la serie Un asunto privado, que se estrena este mes en Prime Video.

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—Está ambientada en la Galicia de los años 40, ¿por qué se ha elegido esta localización?

—Yo creo que ha sido una decisión muy sabia porque la naturaleza del norte termina siendo un personaje en sí mismo. Tan poderosa, tan pura, tan bella. En la serie se trabaja mucho con luces muy tenues, en interiores, en zonas oscuras, en noches... Entonces siempre te salvaguarda y te recreas en esa pureza que te da la naturaleza del norte. Que es transparente y que es bellísima. Y además, acompaña a los personajes.

—¿Crees que tenemos aquí un paisaje muy de novela negra?

—Total, sí. Entonces, pienso que ha sido una decisión muy pensada.

—¿Dónde la habéis rodado?

—En Vigo. Grabamos allí durante la pandemia y nos aislamos bastante. Todos los lugares que quería visitar y mis restaurantes favoritos estaban cerrados [se ríe]. Tuvimos que ceñirnos a crear esa burbuja. Y eso que a todos nos resultó muy gratificante porque nos permitía estar muy unidos, pero también nos aislaba un poco de lo que teníamos tanto deseo de disfrutar.

—Dices que tienes restaurantes favoritos, ¿te dejas caer mucho por aquí?

—Bueno, en Vigo en concreto sí, porque había rodado más veces. Y en el norte he rodado mucho. Lo conozco muy bien. Para mí es gratificante siempre ir al norte.

—Cuéntanos un poco de tu papel en «Un asunto privado».

—Es una mujer viuda, mimada, burguesa... Yo creo que está alcoholizada y no se da cuenta. Ella no sabe muy bien entrar en el mundo de la hija [Aura Garrido], que tiene esa vocación policial, que le viene de su padre, que es un don de alguna manera casi científico, y que para ella es imposible librarla de ese peligro. Entonces se limita a acompañarla, a crearle esa especie de seguridad, que siempre tenga ese amparo y esa protección, pero al mismo tiempo, ella está en un momento absolutamente frívolo, como no queriendo atender a sus razones.

—Hay actrices que, al llegar a la madurez, tienen problemas para que les den papeles. No ha sido tu caso.

—No, gracias a Dios. Y me duele que haya casos así porque no debiera ser. Los actores vivimos de nuestra vocación y estamos siempre disponibles. Y cuando la realidad no nos acompaña en nuestro terreno, y hay tantos actores que sufren al no tener trabajo continuado, es complicado. Además, ese campo de acción no depende de uno. Pero hay que tener la entereza de consagrarte a desarrollar las cosas que luego a la larga van a favorecer nuestro trabajo. Yo siempre me veo trabajando, no tengo tampoco mucho tiempo para echarlo de menos. Y lo agradezco. Pero sí me conduelo cuando no es así.

—¿Esto se da más en las mujeres que en los hombres?

—Bueno, hay para todos. No soy de las que piensan que las mujeres lo tengan más complicado o que sean los hombres los que lo tienen más difícil. Sé que puede verse desde ese punto de vista, pero creo que somos absolutamente diferentes y absolutamente iguales en eso. Hay muchos hombres que están en momentos espléndidos y dicen: «Dios mío, tengo todo por dar», y no tienen esa posibilidad. Y las mujeres, igual. Eso es lo que en este oficio se debiera contemplar con más responsabilidad. Porque es además algo con lo que el público cuenta. Había que ir cambiando eso de alguna manera.

—Con los años te has consagrado como un icono de belleza, que has sabido envejecer con naturalidad.

—Lo que pasa es que como me habéis visto envejecer, pues es más fácil aceptar el paso de los años. Porque ya te has ido acostumbrando. Yo ya estoy entrando en la vejez y la amo por lo que es, que es el tiempo en la vida. Y es lógico, se va perdiendo belleza, pero también qué es la belleza sino vivir. Y lo demás es la consecuencia de ser una persona que pasa por todas las fases y hay que saber también despedirse de la belleza. Aunque yo te puedo decir que, por ejemplo, a mi madre cuando tenía más de 80 años la veía tan hermosa... Le decía: «Mamá, ¡qué hermosa estás, qué guapa estás!». Y ella me decía: «Pero, ¿qué dices?». No se podía creer lo que le decía. Pero yo se lo decía de verdad, porque claro, ella se ha conocido joven y bella, entonces para una persona que ya es mayor, como es mi caso, ves la vida como es, no como fue.

—Pero ahora la tendencia es que los de 70 tienen que aparentar 30.

—Pues ellos se lo pierden. Porque acompañar lo que la vida te da es muy grande. Es ir dando gracias cada día, e ir viendo lo que sucede. Yo eso no lo cambio por nada.

—¿Estás contenta con la vida que te ha tocado vivir?

—Sí, me siento muy agradecida porque he dado todo por mi trabajo y mi trabajo me lo ha dado todo. Y, sobre todo, porque tengo la familia más bella y más buena, que más admiro y amo, y que hubiera podido soñar. Y eso me motiva para todo.

—¿Te planteas jubilarte?

—Depende de la salud. Mientras Dios me dé salud, seguiré amando mi trabajo y desarrollándolo. E interpretaré a señoras de 70 u 80. ¡Ojalá! Que luego la salud te va cambiando tus sueños o los vas adaptando porque te va pidiendo más tranquilidad, pues también. Se vivirá y se agradecerá de otra manera.

—Has tenido cinco hijos y has trabajado muchísimo, ¿cómo lo has hecho?

—Sí, y tengo cuatro nietos ya. Pues tuve que pasar por eso, por volverme loca. Sacando los biberones para dárselos a mi bebé mientras estaba rodando... Esas cosas de la vida misma que vas haciendo lo que sea posible y que por eso no son menos amados, porque están a tu lado y sabes delegar y que los otros los amen por ti cuando tú no puedes, y es así. La vida es así. Es un bello sacrifico en muchas ocasiones. Pero vale la pena.

—¿También te has sentido culpable por dejarlos solos?

—Me he sentido muy culpable y, sobre todo, cuando ya eran más mayorcitos y tenían que estar en el colegio y ya no podían venir conmigo. Cuando volvía, sentía que había pasado un tiempo que yo me había perdido como madre. Que eso ya no me lo podía devolver nadie, todo lo que me he perdido. Pero al mismo tiempo sabes que es por ellos, para ellos, que la vida está bien como es y que no se puede hacer nada más que lo que uno cree que es mejor hacer. Entonces, en ese sentido, también está la satisfacción de que ellos han crecido con otras personas.