Es la inspectora Sonia Ledesma en la ficción y busca a desaparecidos, pero ella sabe muy bien su lugar en el mundo. Su cosmos pasa por su trabajo, el deporte, los animales y saber rodearse de buena gente. Eso sí, sería capaz de renunciar a su carrera con tal de ser feliz
04 abr 2023 . Actualizado a las 16:17 h.Michelle Calvó (Madrid, 1991) tiene alma canaria. Respira los aires del Atlántico y se le nota nada más comenzar a hablar. Su marcado acento tinerfeño la delata. Es así cómo habla cuando está relajada y, a pesar del plantón que le acaba de dar la que escribe, ella reacciona con una naturalidad que se agradece: «Ni te preocupes, me retrasé el entrenamiento y ya está. Que todos los problemas sean esos».
—Habéis logrado un millón de espectadores en el estreno de la segunda temporada de «Desaparecidos». Eso es empezar con buen pie...
—Estamos supercontentos de ese pedazo de dato. No solo hay un montón de espectadores nuevos, sino que la gente que ya la ha visto en la plataforma la está volviendo a ver. Y eso quiere decir que lo hemos hecho muy bien y estamos muy agradecidos.
—En la tele no tienes ese acento canario. ¿Cómo lo has conseguido?
—No, no tengo nada de acento. Con 18 añitos me vine a Madrid y empecé a hablar todo en castellano neutro. Yo tengo muy buen oído y desde pequeña me gustaba imitar acentos. Mi madre también es de Madrid, entonces el castellano neutro siempre lo he tenido cerca. Fue a base de repetir en casa las palabras, de intentar pronunciarlas lo más parecido posible a cómo las escuchaba. Hasta que lo dominé. Pero yo soy canaria y superorgullosa de serlo.
—La serie también trata el dolor que supone para los familiares la desaparición de un ser querido.
—Cuando se muere un ser querido sabes lo que está sucediendo. Pasas el duelo y consigues las herramientas necesarias para aceptar que esa persona ya no está en tu vida. Pero en el caso de las desapariciones, no puedes hacer eso porque desconoces el paradero de esa persona, no tienes una tumba a la que llevar flores y llorar, no puedes pasar página porque estás todo el tiempo en vilo sin saber dónde está ni qué pasó. Es imposible cerrar el capítulo así. Desde que empecé con este proyecto me di cuenta del desconocimiento que tenía sobre este tema. Y estoy muy orgullosa de que la serie pueda arrojar luz sobre esta realidad y servir un poco de altavoz porque hay mucho desconocimiento sobre esto. No se sabe que desaparecen cerca de 70 personas al día en España.
—Trabajas con Juan Echanove, que interpreta una especie de figura paternal en la ficción.
—Imagínate. Para mí esta serie ha sido un regalo en su totalidad. No solo por el proyecto, sino porque me dio también la oportunidad de poder trabajar con Elvira Mínguez. Yo quise empezar en este mundo por su Clara Campoamor, que me cautivó. Pero también con Juan Echanove. Desde el comienzo tuvimos muchísima química y se generó un profundo respeto y admiración entre ambos. Con lo cual estoy muy agradecida de que una persona con una carrera tan brillante valore el respeto que yo tengo por la profesión. Además, a mí me gusta aprender con humildad y ellos, a su vez, también les gustó ver esto, y me enseñaron lo que pudieron. He aprendido muchísimo de ambos. Con Juan tenía una relación más especial porque también nos la daban nuestros personajes, pero no se quedó en el guion. Él también me cuidaba a mí y eso fue muy bonito.
—De jugar en la selección española de voleibol a triunfar en la interpretación, ¿qué te hizo cambiar?
—El deporte forma parte de mí, de mi estilo de vida, y aunque no siga jugando al voleibol, el deporte no me ha abandonado. Entreno a un alto nivel en muchas cosas y me encanta. Pero desde que hice Hombres felices, que coincidí con Pepón Nieto y Aitana Sánchez Gijón, lo disfruté tanto que supe que quería ser actriz. Yo era una niña, tenía 6 u 8 años. No era parte del reparto, solo hice una escena, pero desde ahí ya le dije siempre a mi madre que quería ser actriz y no cambié de opinión. Y con 18 años me di cuenta de que ese era el momento de ser actriz.
—¿Nunca te has arrepentido?
—Para nada. Nunca me arrepiento de las cosas que hago. Siento que me llevan adonde debía ir. Además, todas las decisiones que tomo en mi vida me enseñan algo y pasan por algo.
—¿Qué deporte practicas?
—Yo entreno todos los días. Aparte ahora estoy grabando un nuevo personaje en la tercera temporada de Entrevías, que es una exluchadora de artes marciales mixta, y entreno tres veces al día, todo enfocado en la lucha. También hago cardio por la mañana.
—¿Cómo es un día normal para ti?
—¿Estás segura de que tienes tiempo? [se ríe]. Mi vida es muy divertida, aunque cambia mucho dependiendo de las circunstancias. Depende de si tengo un evento, si tengo que ir a algún programa, si tengo entrevistas... Voy un poco organizándolo. Porque encima soy Virgo y soy muy ordenada con mis tiempos. Lo que sí es seguro es que mi día empieza con una sesión de entrenamiento. Como grabo por la mañana, intento hacerlo a primerísima hora. Y cuando salgo de grabar, me voy a casa a estudiar y con mis perros. Estudiar es algo muy normal en mi vida, me encanta nutrirme. Ahora, por ejemplo, estoy estudiando para ser entrenadora personal. Y luego también estudio los guiones. Y si tengo entrevistas y reuniones me las coloco todas en una hora para hacerlo todo seguido. Por la tarde vuelvo a entrenar. Y por la noche saco a mis perrinchis, medito, leo y ya me voy a la cama hasta el día siguiente.
—¿A qué hora te levantas?
—Normalmente, a las siete. Pero si grabo me levanto a las cinco porque soy madre perruna. Y antes de salir tengo que dejar a mis animales atendidos. Tengo que dejarles todo hecho para la chica que me ayuda a cuidarlos al mediodía. Me paso muchas horas fuera.
—¿Eres de esas personas que con los animales ya tiene colmados sus instintos protectores o te gustaría ser madre?
—Yo amo a mis perros, pero no descarto también ser mamá. Todos vamos a convivir en algún momento.
—Alguna vez has dicho que serías capaz de dejar tu carrera por perseguir la felicidad.
—Mi carrera es parte de mi felicidad. Cuando actúo siento una felicidad que no siento en ningún otro lugar. Pero imagínate que yo el día de mañana tengo una familia, y por lo que sea mis hijos tienen que viajar lejos, yo obviamente voy a estar cerca de mis hijos. Ojalá no tenga que elegir, pero si hay conflicto entre mi carrera y mis valores, tengo claro qué primará.
—¿Te mueves más por amor o eres más racional?
—Intento mantener el equilibrio para que no me devoren las emociones, pero que tampoco me prive de ellas. La razón es necesaria para que no te des una buena leche, pero también soy muy emocional y empática. Intento calmarme y decirme: «Espera un momento, respira, observa y decide. No te precipites».
—Eres una Virgo de libro.
—Sí, no puedo negarlo.
—¿Qué es lo que no perdonarías?
—Soy de perdonar todo, pero que lo perdone no significa que vayas a seguir en mi vida. Soy muy clara a la hora de poner los límites y prefiero perdonar porque creo que el rencor solo hace daño a quien lo siente. Pero es cierto que no permitiría la maldad. La mentira no me gusta, pero si encima lo haces sabiendo que vas a hacer daño, no puedo con eso.
—Una afición que sigas conservando.
—Las comidas con mis amigas de toda la vida. Cuando no grabo, yo vivo en Canarias y cada poquito nos vamos a comer las cinco juntas. Es algo que me gusta hacer.
—¿Hay algo que eches de menos de cuando eras niña?
—La inocencia. Hoy justo le comentaba a un amigo que estoy un poco triste porque me estoy dando cuenta de que no todo el mundo es tan buena persona como pensaba. Y de pequeña siempre pensaba que todo el mundo era bueno.