Uno de los cuadros más bellos de la historia del arte es también una de sus obras más enigmáticas, un ensayo que se lee como un «thriller» destapa los secretos de esta hipnótica pintura de Van Eyck
08 jul 2023 . Actualizado a las 09:55 h.El retrato, sin duda, tiene algo. A pesar de lo fríos que puedan parecer tanto la escena como sus protagonistas, la pareja atrapa. Ella con su mirada perdida y una mano posada en su abultado vientre. Él sujetando la falange que le queda libre a la esposa y levantando su derecha a modo de juramento. O bendición. Siempre hemos pensado que el cuadro representaba una buena noticia: la llegada inminente de un hijo. Incluso, una boda. Pero ¿y si todo ha sido un engaño de Jan van Eyck? ¿Y si los Arnolfini no eran ni Arnolfini ni matrimonio ni esperaban un bebé? ¿Quiénes son?
La investigación que publica el médico Jean-Philippe Postel (París, 1951) en Acantilado, El affaire Arnolfini, se devora con la urgencia de un thriller. El autor dice que «aplicando a una obra pictórica los métodos de observación clínica» ha querido llegar al fondo de la pintura sobre la que planean tantas teorías, desenmascarar los secretos que esconde uno de los cuadros más famosos de la historia del arte. Datado en 1434, se puede ver en directo en la National Gallery de Londres desde 1842, después de una extraña desaparición en 1813 del Palacio Real de Madrid, cuando mandaba el malogrado Pepe Botella. ¿Una conspiración? Lo mejor es que no hay que ser un entendido en arte para dejarse atrapar por esta historia. El juego de espejos, las miradas, las proporciones de los elementos de la alcoba, las caras, ¿no salen estos rostros en otros cuadros del pintor flamenco? Todo está en los detalles.
Pistas falsas
Postel se desmarca de la versión imperante que estableció Erwin Panofsky en un ensayo de 1934. El historiador de arte sentenció que el instante inmortalizado es el rito nupcial de Giovanni Arnolfini, un mercader de origen italiano que hizo fortuna en Brujas. Sin embargo, esta interpretación comenzó a cojear hace unos años al mismo tiempo que brotaban tesis alternativas.
Esta aproximación sobre las verdaderas intenciones de Jan van Eyck (Maaseyck, 1390 - Brujas, 1441) comienza desmontando el propio título del cuadro. El pintor nunca lo nombró así, sino que el apellido Arnolfini fue una interpretación posterior de Hernoulle-Fin, los términos de la primera descripción conocida de la pieza.
Todo lo que rodea a esta pintura, considerada una de las obras cumbre de la pintura flamenca, son interrogantes. ¿Se pintó a sí mismo Van Eyck, una personalidad tan enigmática como lo son sus trabajos? ¿La mujer es una figuración de una primera esposa que murió durante el parto? ¿Estaba embarazada? ¿Desvela el cuadro una infidelidad?
La tabla de roble pintada al óleo de 84,5 por 62,5 centímetros tuvo una vida agitada hasta su llegada a Londres. Se desconoce quién la encargó y pagó. El primer dueño conocido fue Diego de Guevara, paje de la corte de Felipe el Bueno. Después, Margarita de Austria (quien le puso una cerradura con llave) y María de Hungría. Con la hermana de Carlos V llegó a España en un baúl en 1556. Formó parte de las colecciones reales de Felipe II y se salvó del incendio que destruyó el alcázar madrileño en la Navidad de 1734.
Fue un hito en el siglo XV. Sin precedentes, es uno de los primeros retratos de un tema no hagiográfico que se conservan. Y, encima, los dos retratados están dentro de una habitación.
Secretos, dobles intenciones y pistas falsas. ¿Qué nos quería contar el pintor? Una imagen vale más que mil palabras, pero también puede engañarnos sin ser conscientes. En todo caso, no dejemos de observar, eso es lo que quería Van Eyck.
«El affaire Arnolfini»
Jean-Philippe Postel
EDITORIAL acantilado PÁGINAS 168 PRECIO 12 euros