Roberto Santiago: «Los niños me criticaron un final de "Los Futbolísimos"»

CULTURA

Es el pichichi de los libros infantiles. Ahora llega una nueva entrega y ya son 24. «De niño me encantaba jugar al fútbol, pero era muy malo», confiesa

04 nov 2023 . Actualizado a las 22:06 h.

Apunto de salir a la venta el libro número 24 de Los Futbolísimos, el autor de la colección infantil más famosa desde hace una década, Roberto Santiago (Madrid, 1968), nos recibe en su casa para hablar de las aventuras de Pakete, Helena con h, Tomeo, Angustias y Camuñas. Él sí que ha marcado un golazo por la escuadra con esta colección que tiene atrapados a los niños con sus misterios y sus partidos de fútbol.

­—¿Sabes cuántos ejemplares has vendido?

—Es una locura. Me da hasta vergüenza, pero en España llevo cinco millones de libros vendidos. Es un milagro. Ni en mis mejores sueños podría haberlo imaginado. Y está traducido a 15 idiomas. Hay algunos más en perspectiva para dentro de poco. Sigue viajando por todo el mundo.

­—¿Siempre tuviste claro que con las historias de Pakete darías el pelotazo?

—Cuando escribes siempre sueñas con llegar a muchísimos lectores, pero nunca tanto. Los árbitros dormidos [el primer libro] salió en el 2013, hace justo ahora diez años, y salió poquito a poco. Me acuerdo de que coincidía con la Feria del Libro de Madrid y yo estaba en la caseta de la editorial y es verdad que despertó interés desde el principio. Pero no se hizo una campaña de publicidad ni nada parecido. Fue el boca a boca lo que hizo que fuera creciendo. Y en pocos meses la editorial me dijo: «Oye, esto está gustando mucho. Prepárate porque hay colección larga a la vista». Pero no me podía imaginar que diez años después iba a estar hablando de 24 novelas, tantos países, una película...

­—¿Qué es más difícil: escribir para niños o para adultos?

—Yo hago de todo. He escrito guiones de cine, de televisión, de teatro, muchas novelas..., me costaría decir qué es más difícil. Lo que sí tengo claro es que los niños son muy exigentes porque son más directos que los adultos. O les interesa o no les interesa. No hay punto medio. Y a mí eso me encanta. Me encanta escuchar a los niños. Y son muy críticos. Cuando algo no les convence, te lo dicen a la cara. Normalmente, me suelen decir cosas muy bonitas y que les parece divertidísimo. Una de las cosas que más me repiten es que les encantaría formar parte de la pandilla. Pero hay una crítica que me hicieron cuando salió el segundo libro, El misterio de los siete goles en propia puerta, porque era un final abierto, se resuelve el misterio, pero no se cuenta cómo acaba el torneo. Y me empezaron a decir: «Pero ¿cómo acaba el torneo?, ¿ganan o no ganan?». Entonces les expliqué que lo importante era resolver el misterio. Pero insistían: «No, no, no, Roberto. Queremos saber quién gana». Fue apabullante. Entonces, cuatro libros más tarde conté cómo acababa el torneo. Y me encantó, porque vi que tenían razón. Qué final abierto... No los puedes meter en un torneo y no decirles cómo acaba.

­—¿Tú también eras un paquete jugando al fútbol de niño?

—Yo era malísimo, pero malo, malo, malo, aunque me encantaba jugar al fútbol. Me parecía a Tomeo, otro de los personajes. Era muy grandote. Jugaba de defensa central como él. Pero me encantaba jugar a la salida del cole, con el equipo y tengo muy buenos recuerdos. De hecho, muchos de mis mejores amigos son con los que yo jugaba al fútbol y muchas de las cosas que me pasaron entonces las voy contando en Los Futbolísimos.

­—También una de las claves del éxito es que sean unos niños muy normales, de barrio, que se sienten un poco perdedores...

—Tengo muy grabado un encuentro que hicimos con niños en la Caja Mágica de Madrid. Yo les pregunté qué era lo que más les gustaba de Los Futbolísimos. Unos decían que eran muy divertidos. Otros, que les gustaba mucho la parte del fútbol. A otros les gustaba más la parte de los misterios... Pero recuerdo a una niña que dijo: «No, no, no. Lo mejor de Los Futbolísimos es que son como nosotros». Y lo dijo tan convencida que se me quedó grabado. Me di cuenta de que se sentían reflejados y creo que por ahí va la cosa.

­—También que los personajes son muy reales e imperfectos.

—Buscar personajes imperfectos siempre es mucho más interesante. Tanto los infantiles como los adultos: los entrenadores, Felipe y Alicia, y Juana, la madre de Pakete... Luego, también se trata de buscar el humor. No como un fin, sino como un medio para contar una historia, que no deja de ser cotidiana y realista. El humor es un vehículo buenísimo, pero no para reírse de los demás, sino de uno mismo. Esa es la clave. Y por eso les hace tanta gracia.

—¿No se te acaban las ideas con 24 libros?

—A veces pienso que va a llegar un día en que piense que ya está todo contado. Pero de momento, me lo paso muy bien y me divierto mucho. Y esa es mi única guía. Mientras siga disfrutando con cada novela, seguiré escribiendo. De momento, hay Los Futbolísimos para bastantes más libros. También mientras les siga interesando a los lectores...

—¿Sigue habiendo muchos niños que leen en papel?

—Por supuesto. Claro que los niños leen en papel y además quieren coger el libro, tocarlo y mirarlo. Lo veo todos los días.

—Cada nueva generación son nuevos lectores de «Los Futbolísimos».

—Esto es lo curioso. Porque los niños de hace diez años ya leían Los Futbolísimos, y, sin embargo, siguen entrando nuevas generaciones. La editorial me dice siempre: «Mientras el libro uno y dos se sigan vendiendo mucho es que entran nuevos lectores». Y me hace mucha ilusión.