Elsa Punset, escritora: «Los niños empiezan a ver pornografía entre los 9 y los 11 años»

CULTURA

Su último libro sirve de contexto para hablar del abuso de las pantallas en los menores y para que los padres no se instalen en una «especie de pasotismo» digital: «No podemos sobreprotegerlos en lo físico y abandonarlos en lo virtual»

18 dic 2023 . Actualizado a las 09:07 h.

Elsa Punset (Londres, 1964) en su último libro infantil Los atrevidos en la isla de los Nimóviles crea un archipiélago sin pantallas, en la que los protagonistas, Alexia y Tasi, tienen que describir «al menos diez cosas» que pueden hacer sin estos «aparatejos». ¿Os imagináis esto en la vida real? Sería un mundo completamente idílico que, cada vez, los padres echan más de menos. Una especie de paraíso infantil libre de la dictadura digital y tecnológica que atrapa a los menores.

—Las pantallas digitales lo han transformado todo, hasta el día a día de los más pequeños...

—Es una tecnología potentísima que lo transforma todo. En muy poco tiempo ha invadido nuestras vidas, entonces esta generación es un poco un conejillo de indias. Es un gran experimento social, que nos lleva a vivir de una forma diferente. Pero sin saber muy bien cuál será el impacto en nuestras vidas. Lo malo que tiene es que no solo es muy divertida y atractiva, sino que también es adictiva, es decir, te engancha.

—¿Por qué consigue que los niños estén tranquilos?

—Porque altera toda la química del cerebro. Atrapa la atención y el problema que estamos viendo, por ejemplo, es que el cerebro recibe muchas descargas de dopamina, que le hacen sentir bien, que lo enganchan, lo atrapan. Es una sensación muy pasajera, pero muy adictiva de bienestar. Un adulto con 25 años ya tiene un cerebro maduro y es capaz de decir: «Dejo el teléfono». Pero un niño pequeño no está fisiológicamente preparado para resistir la tentación de sacar el móvil. No tiene una corteza frontal madura que le ayude a gestionar esas tentaciones. Y por eso creo que es fundamental que los padres, los educadores en general, salgamos de esta especie de pasotismo en el que nos hemos visto, un poco invadidos por esta tecnología tan divertida. No puede ser que eduquemos en todo menos en esto, que es tan fundamental en la vida de nuestros hijos.

—¿Se está perdiendo la imaginación de los niños?

—Me gustaría dejar claro que esta tecnología no es una amenaza, pero sí un desafío. No podemos demonizarla. Pero también tenemos que ser conscientes de los efectos que tiene en nuestros hijos. Por ejemplo, le afecta a la inteligencia emocional del niño de dos maneras muy claras. Una de ellas es al mecanismo innato de la empatía. Los humanos podemos convivir, comprendernos para poder ponernos en la piel del otro. Este mecanismo innato se activa cuando estás cara a cara con las personas, cuando las miras, las escuchas... Ver el sentir de las personas es muy importante para poder regular las emociones que nos intercambiamos. Lo que hace la tecnología es que rompe ese mecanismo. La capacidad de relacionarse con los demás, de empatizar, decae mucho con el abuso de la tecnología. No digo un buen uso, sino un abuso. Porque la pantalla dificulta que sientas al otro. Nos sorprende ver tanta crueldad en las redes sociales. Decimos cosas que nunca nos diríamos a la cara. Porque estamos frente a una tecnología que dificulta la capacidad de ponerse en la piel del otro.

—¿Y de qué otra manera afecta a la inteligencia emocional?

—Estamos en una sociedad de la distracción perpetua. Siempre hay algo que hacer y eso significa que el cerebro no tiene ya tiempo de aburrirse. Buscarse la vida es muy estimulante para la imaginación. Así que por una parte la tecnología está disparando los niveles de creatividad de la gente porque ofrece muchas posibilidades. Pero, por otra, lo que estamos viendo es que si la usas como un sujeto pasivo, que es como la están usando muchos niños, simplemente te sientas a ver cosas que te llenen la cabeza y no interactúas, no la usas como un instrumento de creación, entonces afecta a tu capacidad creativa para mal.

—En el libro te refieres al término «obsesión maniquil», ¿se pueden llegar a obsesionar los niños con las pantallas?

—Claro, pero es por lo que decimos, porque es una tecnología adictiva. Y ahora estamos empezando a darnos cuenta de hasta qué punto esto es algo que las grandes empresas tecnológicas sabían y han jugado con eso. Pero los que estábamos jugando no éramos tan conscientes de por qué era tan atractiva. Es adictiva y genera estos picos de dopamina. Imagínate un niño con una pantalla en la mano, y que cada vez que está enfadado o triste en vez de aprender a regular todas esas emociones, vea que es mucho más fácil abrir una pantalla. Esto tiene un enorme peligro de convertir al niño en un usuario pasivo.

— Hay padres desesperados con el uso de los ordenadores y pantallas para estudiar porque no ven manera de poner límites a la distracción. Es un bombardeo de wasaps, vídeos, redes sociales...

—Cuando hablo con padres de adolescentes, les digo que no es que sea tarde y que no puedan hacer nada por ayudarles a gestionar su vida, sus emociones, su educación... claro que no, pero digamos que pasas a un segundo plano. Es decir, cuando realmente eres el entrenador de tu hijo, cuando está aprendiendo sus hábitos, en este caso de consumo digital, es cuando es pequeño. Ahí tienes unos años que son muy importantes en los que el niño va a aprender algo que le va a durar el resto de su vida. Es fundamental que estemos ahí cuando son pequeños enseñándoles lo que significa esta tecnología, el potencial que tiene, pero también los peligros.

—Los primeros que no cumplen a la hora de poner límites a los dispositivos electrónicos son los adultos...

—Nosotros tampoco utilizamos bien esta tecnología. Nos pasamos horas y horas enganchados a la tecnología y dedicando poca atención plena a lo que hacemos porque tenemos un móvil en la mano, entras en WhatsApp, miras tus redes sociales... Y a nuestros hijos les enseñamos con lo que hacemos, no con lo que decimos. Con lo cual, tu hijo va a aprender de cómo tú lo utilices. Te tienes que educar a ti mismo, y en ese sentido, tenemos que aceptar que no podemos renunciar a educar a nuestros hijos, no podemos sobreprotegerlos en lo físico y abandonarlos en lo virtual. Los dos son ámbitos reales de la vida de nuestros hijos.

—¿Estás a favor de utilizar las pantallas en la educación, en lugar de libros de texto?

—Hay controversia porque es un área en la que no han empezado a salir los grandes estudios hasta el 2019 sobre el impacto de esta tecnología en la vida de nuestros hijos. Así que como estamos inventando sobre la marcha es normal que no todo el mundo esté de acuerdo. Pero creo que tenemos suficientes datos en la mano, y nos dicen que más que prohibir, porque no puedes prohibir algo que ya está por todas partes, sí podemos regular. No tiene sentido que si lo regulas todo, no regules esto que lo toca todo y es tan transversal. Son las escuelas las que están dando la voz de alarma porque están viendo que la salud mental de los niños y, sobre todo, de los adolescentes, es muy preocupante. Tenemos una epidemia de salud mental. Hay datos para saber que les afecta. ¿Deberíamos tener escuelas libres de móviles?, ¿esto va a mejorar la salud de nuestros jóvenes? ¿Va a mejorar sus resultados académicos, sus habilidades sociales, emocionales...? Tenemos que ser objetivos. Hay un gran investigador, que es el psicólogo social Jonathan Haidt y los datos de sus equipos de investigación son impresionantes.

—¿En qué sentido?

—Está afectando a la salud mental de nuestros hijos. Sobre todo, de nuestras niñas, les afecta a su autoestima enormemente el uso de las redes sociales. Los estudios también nos dicen que los padres no son conscientes de lo que ven sus hijos. Primero, la cantidad de horas vacías de muchos de estos niños, la cantidad de violencia, los niños empiezan a ver pornografía entre los 9 y los 11 años... ¿Cómo van a poder asimilar este tipo de imágenes? No tienen la madurez para entenderlas. Los retos virales, la desinformación... Se trata de reconocer que estamos ante una tecnología muy potente. No se trata de prohibir. No pasa nada por utilizar tablets en las escuelas, pero cuando las retiras, mejoran las relaciones sociales de los niños, la comprensión lectora de un niño de 15 años mejora cuando también lee en papel. Tenemos que llegar al uso equilibrado de la tecnología. Hemos vivido un poco en un far west y eso está teniendo un impacto en cerebros inmaduros. Hay que educar en lo virtual. Aunque también tengo que decir que estamos viviendo los 25 años más privilegiados de la historia de la humanidad, a pesar de todos los problemas que tenemos. La gestión de la tecnología y de la inteligencia artificial formará parte de los muchos retos que tenemos sobre la mesa. Pero también me parece importante este mensaje de esperanza. Tenemos una tecnología muy potente, simplemente tenemos que aprender a gestionarla. Y somos totalmente capaces de hacerlo.