Iván Cano, alma de Grupo D'Cano: «Me gusta cantar canciones que aprovechen mi voz»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

CULTURA

Integrantes de Grupo D'Cano
Integrantes de Grupo D'Cano

El artista salense es el fundador de esta agrupación musical que es una de las grandes protagonistas del período estival en el Principado

29 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El verano en Asturias es sinónimo de fiestas de «prao». Es en esta época del año cuando se concentra el mayor número de eventos al aire libre y, en muchos de ellos, D'Cano es el encargado de poner la música para animar el ambiente. Allá donde actúa, este grupo que se define como «una pequeña gran familia», consigue conquistar al público asistente. «Con nosotros la gente disfruta mucho», confiesa Iván Cano, cantante y alma de la formación. Conocido popularmente como El Ruiseñor de Salas, el artista desvela la fórmula para hacer que cada romería o verbena sea inolvidable.

—¿Cuándo y cómo nace tu interés por la música?

—Desde que era bien pequeño, con cinco años ya empecé a tener interés por la música. Me llamaban la atención, sobre todo, las bandas de gaitas que iban a Salas. Entonces empecé a tirar por esa rama. Tenía una gaita y mi güelu iba conmigo a ver todas las actuaciones, porque me encantaba.

—¿En qué momento decides cambiar este instrumento por tu voz?

—Con 11 o 12 años empecé a tocar el piano y a partir de ahí comencé a cantar a la vez que tocaba el teclado. Después me centré en trabajar la voz, iba a clases de canto, y ya con 14 años salí a cantar solo por los pueblos de alrededor del concejo de Salas. Así hasta los 19 más o menos.

—¿Cuáles fueron los siguientes pasos que diste como artista?

—Empecé a cantar en Waykas, que de aquella era una formación más pequeña, éramos cinco. Estuve con ellos un año hasta que me llamó una orquesta un poco más grande: Alto Standing. Así empezó mi trayectoria, en los años 2000.

—¿Cuándo decides crear Grupo D'Cano y por qué?

—Ya llevaba muchos años queriendo tener mi propia agrupación porque llevaba veintipico años trabajando para los demás y ciñéndome a lo que era cada formación donde estuve. En el 2019 fue cuando decidí crear algo que fuera mío, que tuviera mi esencia. Empezamos y al poco nos pilló la pandemia, por lo que tuvimos que parar.

—Tras la pandemia imagino que hayáis vuelto a los escenarios con más fuerza que nunca

—Si te soy sincero, cuando volvimos en el 2021 tenía pensado seguir como dúo, con mi teclista John, porque de aquella no se veían las cosas claras. Pero luego fue cuando se sumó Lucía al proyecto y poco a poco fue resurgiendo todo. Salimos muy fuertes de lo que fue la pospandemia, porque en esa época trabajamos mucho, cuando casi nadie lo hacía, y eso nos reforzó, la verdad.

—¿Qué diferencia vuestro grupo de otras orquestas del momento?

—Nosotros hacemos mucho baile, no nos olvidamos de la cumbia, la bachata, el pasodoble… aunque somos un grupo que podemos hacer dos horas seguidas de música actual y de canciones de otro tipo. Entonces la gente nos identifica con esto porque las formaciones que hay ahora, un poco más grandes, tiran muchísimo a la actualidad, a conectar con la gente más joven. Sin embargo, nosotros tampoco olvidamos a ese público que quiere ir a bailar.

«El repertorio tiene que estar preparado de tal manera que no puedes obviar el baile»

—Encaráis ahora la temporada alta. ¿Cómo se prepara una orquesta para afrontar esta etapa tan intensa de actuaciones?

—Tenemos la suerte de que estamos todo el año trabajando, excepto en noviembre. En invierno, lógicamente, está la cosa un poco más floja pero aún así nosotros no paramos. Aprovechamos para ensayar y estrenar canciones para que así cuando empiece mayo, que es cuando comienza la temporada alta, ya estemos muy rodados. Pero, a parte de preparar el repertorio y estar bien físicamente también lo hacemos a nivel psicológico. Tenemos claro que el verano es para esto y que hay que estar preparados en cualquier momento, porque te puede llamar cualquiera o surgir cualquier imprevisto. Nos hacemos a la idea de que hay que vivir muy bien en el invierno, disfrutar de la familia y hacer planes, porque el verano es para lo que es.

—Y a nivel personal, ¿cómo llevas estar tantas noches seguidas de fiesta y viajando?

—Llega un punto en el que la cantidad de trabajo que tenemos es tan grande que casi no te da tiempo ni a pensarlo. Entonces entras en una dinámica de rodar y dormir, como digo yo: cantar, dormir, comer... y eso es lo que hacemos en verano. Te metes en ese ritmo y no le das tiempo a la cabeza para pensar en otras cosas. Y cuando te das cuenta, ya es octubre. Es verdad, este mes de mayo, por ejemplo, se nos pasó volando.

—En invierno es cuando aprovecháis para preparar las actuaciones, pero ¿cómo os organizáis para ensayar en temporada alta, teniendo en cuenta el volumen tan grande de trabajo?

—Básicamente el repertorio ya está cerrado cuando llega mayo. Pero puede pasar que salga una canción de moda y entonces lo que hacemos es que cada uno la prepara en casa. A lo mejor, el día de la actuación quedamos un poco antes y la ensayamos allí, justo antes de salir. Pero bueno también ensayamos. Nosotros nos organizamos muy bien: a veces quedamos para hacer solo la parte de baile un día, y luego, la semana siguiente, quedamos y hacemos todo. Tampoco es que estemos ensayando todos los días, no. Valoramos mucho el trabajo individual en casa. Preferimos que cada uno se lleve su parte bien aprendida, para que luego en los ensayos no tengamos que estar mil horas.

«Me gusta cantar canciones que aprovechen mi voz»

—¿Cómo elegís el repertorio para cada temporada?

—Muy fácil: el repertorio tiene que estar preparado de tal manera que no puedes obviar el baile. Tienes que tener canciones de baile de sobra, mínimo tres horas por si acaso un día es todo bailes. Luego tienes que tener canciones que sabes que van a funcionar en cuanto a participación del público como Levantando las manos, Echa Pa'lla… También tienes que tener unos 30-40 minutos de las últimas canciones que están sonando porque la gente también espera eso.

—Hay canciones que nunca fallan en las fiestas de «prao»…

—Sí, sí hay canciones que tienen que estar siempre. El año pasado la canción del momento era Si antes te hubiera conocido de Karol G y no podía faltar. Otra canción que nunca falta es Asturias de Víctor Manuel; no sé por qué, pero todo el mundo la canta, incluso los guajes siguen aprendiéndola. Es más emotiva, sí, pero a nosotros nos gusta terminar la actuación con ella.

—¿Qué estilos musicales te gusta interpretar más en el escenario?

—La copla, en concreto. Me gustan también las cumbias que son más melódicas y que requieren un poquitín más de voz, porque a mí, sobre todo, me gusta cantar canciones que aprovechen mi voz. Si te soy sincero, las canciones de actualidad no me gustan. No es que no me guste; hay temas que están muy guapos, pero básicamente es que no aprovechas tus recursos. Sí que con ellas animas a la gente y tienes que meterte en el papel, pero, en realidad, con la copla me siento más identificado, con los corridos mexicanos y tal… Canciones que son más melódicas y con las que aprovecho mis recursos vocales.

«Somos un grupo que no hacemos nunca el mismo repertorio»

—De todos los lugares a los que vais a animar una verbena, ¿cuál es tu sitio favorito?

—Este año estamos descubriendo la zona de Cantabria y nos estamos dando cuenta de que es un público superinvolucrado en la verbena, pero ya desde el principio. En los núcleos de grandes ciudades la gente también disfruta mucho. Pero bueno, en realidad, prácticamente, en casi todos los sitios a los que vamos el público se involucra mucho. Por eso no sé decirte una zona en concreto. Sí que es verdad que en mi tierra, en Salas, me cuesta mogollón mover a la gente. Cuando son fiestas más pequeñas, no; pero en la fiesta grande sí. Creo que van más para ver al grupo y escuchar. Luego, sí que es verdad que recibo críticas muy buenas.

—¿Notas diferencia de cómo os recibe el público en Asturias respecto a otras comunidades?

—Sí, sobre todo en el repertorio. En León, por ejemplo, lo que es la cumbia y el merengue no entran mucho. En cambio, sí que triunfan más los corridos mexicanos y los pasodobles. Aquí en Asturias eso no pasa, porque los ritmos latinos la gente los lleva de calle.

—Durante vuestra actuación, ¿hay margen para la improvisación o está todo muy medido?

—No, no, que va. Somos un grupo que no hacemos nunca el mismo repertorio, es decir, no seguimos el mismo orden. Tengo un guion pero lo voy modificando porque aquí cabe mucho la improvisación.

—¿Cuál ha sido la actuación más especial o inolvidable para ti?

—Tuvimos recientemente la suerte de estar cantando en el Molinón y la verdad que fue muy emocionante, porque soy sportinguista y lo llevo muy dentro por mi padre, que por desgracia ya no está con nosotros. También fue muy especial cuando el otro día cantamos en Ujo el Santa Bárbara bendita. Hubo gente que se emocionó por lo sucedido en el accidente minero de Cerredo. En verdad, nosotros siempre nos acordamos de la gente minera, porque mi padre también se dedicó a eso. Pero bueno, en realidad, todas nuestras actuaciones tienen un momento especial.

«Saber que hiciste feliz a alguien durante un ratito es lo más gratificante que te puede pasar en la vida»

—¿Y alguna anécdota sobre los escenarios?

Todos los días. Hay veces que se me olvida la letra, otras veces presento una canción que no va. A veces caemos, como el otro día, cuando cayó Lucía de culo en el escenario ahí en Sama de Langreo. Una vez en Ponferrada —cuenta entre risas— tuve que pedir por el micro un Fortasec porque me estaba cagando encima y lo estaba pasando fatal; encima hacía muchísimo calor. De aquella no llevábamos nada en la furgoneta; ahora nos acompaña siempre. Y como estas anécdotas tenemos un millón.

—¿Qué es lo más duro y lo más gratificante de tu profesión?

—Lo más duro son los momentos que te pierdes, y sobre todo para los que tenemos hijos pequeños, que tenemos que asumir que no vamos a estar tanto con ellos como el resto de la gente. Y lo más gratificante para mí es saber que vas a una fiesta y que alguien lo pasó bien contigo; que, durante un tiempo, se olvidó de todo lo que es el día a día y vivió ese momento. Saber que hiciste feliz a alguien durante un ratito es lo más gratificante que te puede pasar en la vida.

—Si hablamos de futuro, ¿qué planes tienes para el grupo a corto y largo plazo?

—Para empezar seguir como estamos. Sí que intentaremos mejorar la infraestructura del grupo, especialmente en el escenario y cosas así. Pero lo demás no vamos a tocarlo, porque cuando algo funciona no se puede tocar. A medio o largo plazo, la idea es mantenernos, disfrutar del momento que nos toca vivir, que todo vaya bien y que haya salud. No tengo planes de ir a algo más grande en el futuro.

—¿Cuáles son tus propósitos a nivel profesional?

—Pues la idea es llegar hasta donde más se pueda, siempre con los pies en la tierra y haciéndolo bien. Cuando llegue el momento de dejarlo, que sea sin estar arrastrándome por los prados, sino dejando todo en orden. Que el grupo siga funcionando sin mí. Me gustaría que el grupo esté ahí, y que yo pueda seguir disfrutándolo. Quizá haga mis cosas de otra manera, pero no quiero que el grupo, ni el nombre de D'Cano, mueran cuando yo me vaya. Eso sería un sueño para mí: que el grupo siga vivo en la verbena, de alguna forma.