Leonor reivindica la «lectura profunda» frente al «scroll infinito» con una carta a cada premiado: «Quizá debamos volver a lo esencial; al respeto y la educación»

Nel Oliveira
Nel Oliveira OVIEDO

CULTURA

La Princesa Leonor durante la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias 2025 celebrados en el Teatro Campoamor
La Princesa Leonor durante la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias 2025 celebrados en el Teatro Campoamor Raúl Terrel | EUROPAPRESS

La heredera al trono ofrece uno de sus discursos más personales en la 45.ª edición de los Premios Princesa de Asturias con guiños a su generación y una defensa del pensamiento pausado en tiempos de inmediatez

24 oct 2025 . Actualizado a las 20:05 h.

La princesa Leonor ha ofrecido este viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo uno de sus discursos más personales hasta la fecha en la 45ª edición de los Premios Princesa de Asturias. Con una intervención original y reflexiva, la heredera del trono se dirigió a cada uno de los galardonados a modo de «cartas» personales, un formato que justificó con una declaración generacional. «Permitidme que, en tiempos de inmediatez, de fugacidad, de virtualidades, de bits, escriba una carta a cada premiado», comenzó entonando la princesa de Asturias. «Aun siendo de la generación zeta e hija de una equis y de un boomer, tengo la sensación de que una carta permite pararse, profundizar y pensar más».

Con un tono cercano, Leonor explicó su intención de ofrecer un «envío postal de viva voz» como antídoto contra la fugacidad de la era digital: «Vivimos en la economía de la atención; a ver si soy capaz de retener ahora la vuestra». En su repaso a los premiados, la princesa combinó el rigor con guiños personales y culturales. Citó al expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, para subrayar su defensa de la Unión Europea «como la mejor oportunidad para un futuro de paz, seguridad e independencia», elogió a Serena Williams por demostrar «que la grandeza no está en ganar siempre, sino en levantarse, aprender y seguir adelante», y destacó de la genetista Mary-Claire King —ausente en la gala por una indisposición— su labor científica y su compromiso con los derechos humanos al ayudar a identificar a nietos de desaparecidos de la dictadura argentina.

También se detuvo en el Museo Nacional de Antropología de México, en la fotógrafa Graciela Iturbide —a quien definió como «una artista sin prisa, con vocación de escritora y gran lectora»—, en el sociólogo Douglas Massey por «rehumanizar la mirada hacia quien deja su país», y en el escritor Eduardo Mendoza, al que agradeció haber «provisto de curiosidad por palabras que los de mi generación no conocemos», reivindicando la «lectura profunda» frente al «scroll infinito» de los móviles.

Uno de los momentos más destacados llegó con su reflexión sobre el pensamiento del filósofo Byung-Chul Han: «Si vivimos en un redil digital, si hemos vendido el alma a un dispositivo, si lo que creemos que es libertad es solo control... ¿cómo recuperamos la trascendencia para que la vida no sea la mera satisfacción de necesidades y la exhibición narcisista en las redes sociales?».

En la parte final, Leonor lanzó un mensaje de fondo cívico y social, apelando a «volver a lo esencial»: «Al respeto por quienes piensan diferente, a la educación, a atender a las personas vulnerables, a los jóvenes que pelean por formarse y a los mayores que no desean estar solos». «La convivencia no es fácil, pero es el único camino para lograr el progreso compartido», concluyó. «Confiar en los valores que nos definen —la libertad frente al miedo, la justicia frente a la arbitrariedad, la democracia frente a la intolerancia— es confiar en el futuro».