Felipe VI da el testigo a Leonor en los Premios Princesa para «ir cediéndole ya este espacio»

CULTURA

El rey Felipe VI interviene durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias celebrada este viernes en el Teatro Campoamor, en Oviedo
El rey Felipe VI interviene durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias celebrada este viernes en el Teatro Campoamor, en Oviedo Ballesteros | EFE

El rey reivindica la educación en valores como «el gran pilar de la convivencia democrática»

24 oct 2025 . Actualizado a las 20:15 h.

El rey Felipe VI dedicó el centro de su discurso en el Teatro Campoamor de Oviedo a la idea de educar en valores como pilar de la convivencia democrática, y aprovechó la ocasión para anunciar simbólicamente el relevo generacional dentro de los premios de la Fundación al afirmar que ha llegado el momento de «ir cediendo ya este espacio» a su hija, la princesa Leonor, de quien dijo que ya ha demostrado «madurez y sensibilidad» al asumir un papel cada vez más activo en la vida pública.

El monarca pronunció sus palabras con un tono emotivo, aludiendo a su doble condición de «padre y rey», y recordó que lleva 44 años interviniendo en estas ceremonias, los últimos siete junto a la heredera. «La Princesa Leonor ha ido asumiendo gradualmente esta tarea, dando a cada paso nuevas pruebas de madurez y sensibilidad», subrayó, antes de añadir que le corresponde «ir cediéndole ya este espacio, como Heredera de la Corona y como Presidenta de honor de la Fundación desde hace once años». Felipe VI aseguró que, aunque ceda el testigo, mantendrá su vinculación con los Premios, con la Fundación y con Asturias, tierra que definió como «querida» y de la que, dijo, ni él ni la reina Letizia pueden concebir estar lejos.

El rey destacó el cariño que la familia real recibe cada año en el Principado y expresó su gratitud por el afecto y entusiasmo de los asturianos, que según dijo hacen de estos galardones «una parte esencial de nuestra memoria colectiva». En ese sentido, reivindicó el papel de los Premios como una cita que no solo reconoce la excelencia individual, sino que también sirve de ejemplo y estímulo para la sociedad, especialmente para las generaciones más jóvenes.

Felipe VI dedicó buena parte de su intervención a reflexionar sobre la importancia de la educación como instrumento para equilibrar individualismo y comunidad en un mundo marcado por la globalización y la tecnología. A su juicio, las sociedades contemporáneas se enfrentan a «dos extremos inquietantes»: un «individualismo radical» que conduce a la indiferencia y a la soledad, y una «pulsión globalizadora» que homogeneiza y degrada la diversidad. «Vivimos en un mundo interconectado lleno de personas que están solas, se sienten solas o tienen problemas para comunicarse», advirtió.

Frente a esas tensiones, el rey defendió que educar en valores no significa negar la realidad tecnológica ni rehuir los cambios, sino aprender a gestionarlos con sentido ético. «Educar en valores consiste en encontrar el camino intermedio entre la comunidad y la persona, entre el respeto por lo colectivo y el valor del individuo», afirmó. En esa búsqueda, añadió, la convivencia democrática encuentra su gran pilar en la educación, porque «mientras seamos capaces de inculcar en quienes vienen detrás los principios y valores por los que hemos luchado, les estaremos dando las herramientas para construir su futuro».

El monarca vinculó este mensaje con la dimensión didáctica de los Premios Princesa de Asturias, que calificó como un homenaje a personas excepcionales «cuyo camino largo, fecundo y exitoso merece ser reconocido». Según subrayó, la finalidad de los galardones no es imitar a los premiados, sino «aprender cómo se hace y cómo se recorre un buen camino».

Felipe VI dedicó también parte de su intervención a repasar las trayectorias de los galardonados de esta edición: el filósofo Byung-Chul Han, por su pensamiento lúcido y de denuncia; el sociólogo Douglas Massey, por su análisis de las migraciones; la genetista Mary-Claire King, por sus investigaciones pioneras; el escritor Eduardo Mendoza, por su «ironía elegante y su pulso narrativo»; la tenista Serena Williams, por su «garra y espíritu competitivo»; la fotógrafa Graciela Iturbide, por su «verdad descarnada en los paisajes y retratos»; el economista Mario Draghi, por su labor al servicio del consenso europeo; y el Museo Nacional de Antropología de México, por su destacada tarea divulgativa.

El rey celebró los encuentros de los premiados con el público durante la semana, especialmente con los jóvenes, y destacó la «curiosidad e interés» que despiertan entre ellos. A su juicio, esas conversaciones representan «enseñanza y aprendizaje, pero, ante todo, conversación», y evocó en ellas «mucho del espíritu socrático» que promueve el pensamiento y el diálogo.

Felipe VI concluyó su discurso con palabras de reconocimiento hacia la Fundación Princesa de Asturias y su patronato por mantener vivo el espíritu de los premios. Agradeció de forma especial el apoyo de los asturianos, «por su afecto, entusiasmo y calidez cada otoño», y reiteró su compromiso con los valores que sustentan la institución. «Recibamos el ejemplo de los premiados como una palabra de ánimo que nos alumbra en nuestra propia andadura, como la experiencia de los mejores que nos inspira para mejorar la sociedad en que vivimos», afirmó.