Martín García, el joven pianista de Gijón que triunfa por todo el mundo: «Es  un honor tocar con la OSPA»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

CULTURA

El pianista asturiano Martín García García
El pianista asturiano Martín García García

El famoso músico regresa a casa para ofrecer dos conciertos en Oviedo y Gijón con la orquesta asturiana

11 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Dos fechas imprescindibles marcan el regreso de Martín García García (Gijón, 1996) a los escenarios asturianos. El pianista se une a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y a la directora Nil Venditti para interpretar, el 19 de febrero en el Teatro de la Laboral y el 20 en el Auditorio de Oviedo, el célebre Concierto para piano n.º 1 de Chaikovski. Esta doble actuación supone el reencuentro del joven músico con su público, interpretando la partitura con la que ha girado por España y que le ha valido el reconocimiento como uno de los grandes talentos de su generación.

—Vuelves a casa para tocar una de las obras más emblemáticas para piano. ¿Qué significan para ti estos dos conciertos en Asturias?

—Volver a casa es siempre un honor. Me da la sensación de viajar al pasado, de rememorar eventos de mi niñez y de volver a mis orígenes musicales. Aunque me haya mudado fuera de Asturias desde temprano, siempre tengo un hogar espiritual en la tierrina.

—Tanto a nivel personal como profesional, ¿qué supone interpretar el Concierto nº.1 de Chaikovsky?

—En particular, la combinación de este concierto con el lugar supone un hito personal. Desde que era pequeño auscultaba y repetía sin cesar muchos vídeos en la televisión de mi casa, de la mano de grandes artistas como Evgeny Kissin, Van Cliburn, Arcadi Volodos, y soñaba con tocar esa música tan majestuosa en el escenario más cercano y emblemático a mi: el Auditorio Príncipe Felipe. Las grandes melodías, de poder inalcanzable, los grandes clímax, y el desparpajo de los pasajes para el piano, eran ideas magnéticas para mi, y lo son más hoy en día. Esta vez, se cumple ese sueño que me llamaba desde tan temprana edad.

El pianista Martín García García actúa en Ibermúsica
El pianista Martín García García actúa en Ibermúsica

—¿Cuál es el mayor desafío que enfrentas a la hora de tocar esta obra?

—Lo más complicado seguramente sea cohesionar la gran forma del concierto, que como es típico en Tchaikovsky, tiende a utilizar momentos improvisatorios de conexión entre ideas, eternas resoluciones, y líneas muy largas. Cuando se escucha todo el concierto unido por un solo hilo conductor, es maravilloso.

—¿Qué sensaciones experimentas mientras tocas esta obra, de principio a fin?

—Es común que me quede absorto en la genialidad de los grandes tuttis orquestales, o que la música «me lleve», como si de una fuerza invisible se tratara, que absorbe y tira de mi.

«La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias ayudó enormemente a mi crecimiento musical»

—En esta ocasión, vas a trabajar bajo las órdenes de la maestra Nil Venditti

—Sí y tengo muchas ganas de trabajar con ella, ya que he escuchado bastante de ella y conozco algunas grabaciones, aunque nunca nos hemos encontrado en persona. Estoy emocionado por conocerla.

—¿Qué significa para ti tocar con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias?

—La OSPA fue la primera orquesta en darme un espacio para tocar cuando era muy pequeño, con el concierto en Re de J. Haydn. Mis primeras aproximaciones al mundo orquestal en directo fueron a través de su temporada de conciertos, a la que asistía frecuentemente con mis padres, y es siempre un honor tocar con ellos. De hecho, muchos amigos de mis profesores en Asturias, Natalia Mazoun e Ilya Goldfarb, pertenecieron a la OSPA, y siempre tuve contacto con los músicos de la orquesta, lo cual ayudó enormemente a mi crecimiento musical.

—¿Qué esperas que se lleve el público asturiano después de estos dos conciertos?

—Espero que todo el mundo vuelva a casa esas dos noches con una sensación de vitalidad, de tranquilidad y de reflexión. Y que al día siguiente, por lo menos, se levante todo el mundo de un mejor humor, que para eso existe la música.

—Si tuvieras que describir a alguien este concierto, ¿qué le dirías para animarlo a escuchar en directo?

—En 40 minutos del concierto de Tchaikovsky verán imágenes de lugares fantásticos y lejanos, se sentirán abrumados por el poder de convicción de las grandes melodías rusas, verán tragedias que les resonarán con sus propias experiencias personales, y sentirán una profunda empatía con todos los momentos musicales del concierto.

«El público de Japón es muy agradecido, y el respeto, la paciencia que ofrecen a los artistas, no tiene parangón»

—Esta temporada de conciertos te llevará por medio mundo. ¿Hay algún proyecto o debut que te haga especial ilusión?

—Todos los conciertos me hacen siempre ilusión, puesto que cada concierto es para mi el último. Sí que es especialmente emocionante mi vuelta anual a Nueva York en julio, donde se encuentra mi alma mater, mi siguiente tour a Japón en Mayo—Junio, mi primera visita a China en noviembre… También cabe destacar los dos conciertos que tocaré con la orquesta BBC de Gales bajo la batuta de Jaime Martín en abril, llevándonos a Barcelona y Madrid.

—Con esta será la octava vez que tocarás en Japón. ¿Qué tiene de especial este país? ¿Qué relación tienes con el público nipón?

—Japón es un país infinito, en cultura, en naturaleza, en clima, en la variedad de sus gentes, en el contraste entre lo urbano y lo rural, en gastronomía… Todas las facetas del país son dignas de estudio y de exploración, puesto que enriquecen nuestras vidas y son muy cercanas a mi personalidad y mi forma de ver el mundo. El público de Japón es muy agradecido, y el respeto, la paciencia que ofrecen a los artistas, no tiene parangón. De este respeto mutuo nace una relación muy bonita con los japoneses.

«Si alguien ama la música, ha de sacrificarse y trabajar duro para llegar a comenzar a aprehender el mundo del arte, que no se puede absorber en una sola vida humana»

—Con una agenda tan apretada, ¿cómo mantienes el equilibrio entre la exigencia técnica y la vida personal?

—La vida personal y la vida laboral tienen que ir muy de la mano, puesto que mis horarios o mis días de la semana no se podrían asociar a una vida estable. Desde por la mañana hasta por la noche, incluyendo viajes, mi vida y la de aquellos que me acompañan va ligada a la música. La sensación de que ser artista es un servicio a la humanidad impregna mi vida y une todos los aspectos de mi vida cotidiana, desde mis cafés de por la mañana, escuchando música, hasta el puerta del backstage de la sala de conciertos.

Martín García triunfa por todo el mundo con su piano
Martín García triunfa por todo el mundo con su piano

—A tus 29 años cuentas ya con una sólida trayectoria. ¿Qué consejo le darías a alguien que empieza a estudiar piano?

—Que si alguien ama la música, ha de sacrificarse y trabajar duro para llegar a comenzar a aprehender el mundo del arte, que no se puede absorber en una sola vida humana. Siempre trabajar, pensar, y hacer un ejercicio continuo de autocrítica y de humildad, que se necesita para crecer día a día.

—¿Hay algún consejo que te hayan dado y sigas al pie de la letra?

— «Aprende a decir que no» es uno de los consejos que me dio mi maestro en New York, Jerome Rose, y a día de hoy sigo encontrando instancias en las que usar tan importante aforismo.

—Si hablamos de futuro, ¿a dónde te gustaría que te lleve tu carrera profesional?

—Mi servicio al prójimo ya está cumplido desde el momento en el que consigo inspirar a alguien, cambiarle la vida o hacerle reflexionar sobre sus propias acciones. Cuantas más personas, más se cumple mi labor y la labor del arte. Los lugares, los países, cuántas personas me escuchan en una sala, pueden llegar a ser circunstanciales, pero esa labor continua de cambio a aquellos que sean receptivos a él, es mi presente y mi futuro. Cuantos más, mejor.

—¿Qué te motiva a seguir creciendo como pianista después de todo lo vivido?

—Me remito a la misma palabra: cambio. Yo no soy un pianista, sino que soy un ser humano que lucha por la mejora de la humanidad, a través de genios compositores que fueron capaces a transmitir ideas universales por un medio que se aleja de la religión, de la política o de todo lo que pueda conllevar conflicto. Simplemente resulta que mi herramienta es un piano, y mi lenguaje no tiene palabras.