Sonsoles Ónega: «Las críticas por el Planeta me violentaron el alma, se me cuestionó como escritora»

VIRGINIA MADRID

CULTURA

Javier Ocaña

«He hecho esta novela con rabia para demostrar que esto de la literatura va en serio y que el premio no ha sido fruto de la casualidad», confiesa la periodista

13 mar 2026 . Actualizado a las 14:12 h.

Sonsoles Ónega (Madrid, 1978) presenta su nueva novela Llevará tu nombre, la historia de Mada Riva Fernández, una valiente y tenaz mujer que se enfrentará a su destino para cumplir el sueño de convertirse en escritora: «Esta novela es un homenaje a las mujeres invisibles, aquellas que no pudieron publicar sus escritos con su nombre». Así nos recibe días antes de conocer el fallecimiento de su padre, Fernando Ónega. Llega luciendo sonrisa, con su eterno flequillo rebelde a juego con un jersey beis, un pantalón negro y subida a unos altísimos tacones.

—¿Sientes que esta nueva novela te está reparando interiormente? ¿Ha sido una escritura terapéutica?

—Siempre lo es. Para mí, escribir es la salvación al ruido y a la excesiva exposición televisiva. Pero más que terapéutica, esta novela ha sido una confirmación de mí misma. Necesitaba volver a mirarme al espejo y decir: «Oye, que eres la de siempre, que dirán lo que quieran, pero tu vocación está intacta y que lo que tú quieres es perseguir el sueño de escribir, por mucho que revistan ese sueño de intereses comerciales que no te representan».

—¿Cómo te sentiste con la lluvia de críticas que sembró «Las hijas de las criada» tras ganar el Premio Planeta?

—Sentí rabia por no reconocerme en todo aquello que se dijo de mi novela. Yo no escribí Las hijas de la criada para ganar el Premio Planeta, en absoluto. Cada vez que he empezado un libro, mi intención es la misma: contar una historia. Y ese fin quedó pervertido por algunas cosas que se dijeron y eso me llevó a sentarme a escribir con rabia, con la necesidad de sentir la pureza de la literatura como cuando era una niña.

—¿Te dolieron las críticas y todo lo que se dijo sobre tu novela?

—Sí, claro, por supuesto, porque esas críticas y comentarios respondían a intereses que no eran estrictamente literarios. Ese grupo de comunicación tiene unos intereses que colapsan con los de mi grupo editorial y mediático y yo estaba en medio. Yo encajo las críticas muy bien, pero se dijeron cosas muy duras, muy feas. Se calificó mi manera de escribir de redacción escolar. Eso me violentó el alma, porque jugaron con mi vocación, se me cuestionó como escritora y eso fue muy doloroso.

—«Llevará tu nombre» es tu octava novela. ¿Te sientes satisfecha?

—Sí, estoy muy satisfecha. Todo se puede mejorar, también es cierto. Además, confieso que soy una insatisfecha profesional, me pasa también con la tele y eso define mi carácter. Pero siento un poso de orgullo el haberla terminado, el no haberme dejado vencer por el desánimo de todo lo anterior. Yo no soy un producto, como insinuaron, soy escritora y he escrito esta novela con rabia para demostrar que esto de la literatura va en serio y el premio no ha sido fruto de la casualidad.

—Reivindicas a las mujeres escritoras que se quedaron en la sombra, muchas anuladas por sus maridos.

—Eso es. Porque esto no ha pasado con los hombres y no se trata de ir de víctimas. Yo cuento en estas páginas qué hemos sido, de dónde venimos y cómo nos ha tratado la historia. He querido poner luz sobre estas fantásticas mujeres que quedaron silenciadas por las figuras de sus maridos como María Lejárraga, que escribía para su esposo y él firmaba sus obras. Por eso, hasta que los libros de texto no incluyan a la fabulosa periodista y escritora Concepción Gimeno de Flaquer, o a la estupenda traductora y novelista Faustina Sáez de Melgar seguirán en el olvido. Mira cómo sabemos quiénes eran Pío Baroja o Benito Pérez Galdós, pues estas extraordinarias escritoras también deben ser reconocidas.

—Nos cuentas cómo Mada, tu protagonista, decide enfrentarse a su propio destino. ¿En algún momento te has atrevido a cambiar el rumbo de tu vida?

—La verdad es que no. Yo he aceptado mi destino y con mucho gusto. Eso sí, he mordido cada oportunidad que me ha dado la vida y me siento muy afortunada por ello. Cuando salí de la universidad, yo quería escribir en un periódico y no lo conseguí. Luego, reconozco que he sido muy afortunada cuando trabajé en CNN +, aprendí todo lo que sé de televisión. Y con la literatura, cada vez que me han publicado una novela he intentado mejorar el siguiente libro. Aunque reconozco que ha habido libros que no han llegado a los mil ejemplares de ventas, que no han cubierto los adelantos de la editorial. Y aquí sigo.

—¿Supuso un fracaso?

—No. No lo viví como un fracaso. Yo nunca he tenido agente literario, excepto para una novela. Y recuerdo la pena de aquella agente literaria cuando me dijo: «No has cubierto el adelanto». Supuse que aquello era un fracaso, porque no llegué a lo que se esperaba. Pero no me importó, porque el fracaso no me paraliza, me impulsa más que el éxito, este hay que mantenerlo y el fracaso hay que combatirlo. Para mí, mi mayor éxito es seguir escribiendo.

—¿Sientes que estás en el mejor momento de tu carrera?

—Seguramente, sí. Porque puedo hacer compatibles mis dos pasiones que son la televisión y la literatura, pero también tiene sus sacrificios. La cara b es el agotamiento, un sobreesfuerzo y muchas ausencias con los tuyos. Implica un sacrificio grande que asumo con mucho gusto.

—Tras ganar el Premio Planeta, dotado con un millón de euros, ¿no se te ha pasado por la cabeza decir: lo dejo todo y me dedico a escribir?

—No, porque me encanta trabajar. Me gusta escribir y hacer tele, dejarlo todo no va conmigo. Mientras pueda, seguiré haciendo lo que más me gusta.

—Has hablado de las ausencias con los tuyos, de los sacrificios que supone encerrarse a escribir. ¿Has gestionado mejor el no estar presente?

—No. Es muy complicado. La literatura expulsa a todo tu entorno: a tus hijos, a tu novio, a tu familia, amigos. No es fácil hacer compatible la maternidad y la crianza con la literatura. Es verdad, que mis hijos van creciendo y van comprendiendo más, me lo perdonan, porque lo razonan. Pero yo también renuncio a planes con amigos, a comidas familiares, a horas de descanso. De momento, no me cuesta, el día que suponga una carga y no pueda, lo mandaré todo al carajo.

—Durante una firma de libros de «Las hijas de la criada», acudió la reina Letizia. ¿Le has enviado ya un ejemplar de «Llevará tu nombre»?

—Aquello fue algo excepcional y un gesto muy generoso por su parte, pero no creo que se repita. No, todavía no he tenido oportunidad de enviarle mi nueva novela.

—Has contado que cuando viste el final de la serie de «Las hijas de la criada» te llevaste una sorpresa, porque te cambiaron el final. ¿Eres más de finales felices o de finales realistas?

—Sí, pero cero disgusto. Lo que sucedió es que los de la productora de la serie son más listos que yo y pensaron que si había alguna posibilidad de hacer una segunda parte había que dejar la historia abierta. Respecto a mis finales, a mí me gusta cerrar mis novelas, y creo que hay que dejar un regusto dulce al lector, porque ya soportamos demasiada cruda realidad en el día a día.

—¿Del uno al diez, qué nota te pones respecto a tu vida?

—Pues, a ver. Hay días de faenas maravillosas y días en que te meterías en tu casa y no saldrías. Me pondría un cinquillo.

—¿Solo un cinco? Se te nota muy perfeccionista. ¿Lo eres?

—Sí. Un cinco por los días extraordinarios que vivo y los días en que no saldría de casa. Soy muy perfeccionista y exigente conmigo misma, me gusta hacer muy bien las cosas.

—¿Qué has desaprendido en el camino?

—¡Hum! Complejos. Lo confieso. Complejos intelectuales, miedos, inseguridades. Esto me lo dice mucho mi maquilladora y peluquera, Marina Navajas, que es una mujer maravillosa. Y cuando me quejo por algo, siempre me dice, que ya me querré ver como estoy hoy cuando tenga 70 años. ¡Ja, ja, ja, ja!

—¿Y cómo te ves a los 70?

—Operadísima y escribiendo siempre. Ahora estoy pasando un duelo por el tabaco y estoy escribiendo menos y distinto, porque estoy buscando mi nuevo espacio para escribir sin humo y lo estoy pasando realmente mal.

—¿Qué te hace feliz?

—Soy muy feliz con mis hijos, pasando tiempo con ellos, viendo cómo crecen y también disfruto mucho viajando, me encanta. Por eso intento en las giras sacar ratitos para descubrir los rincones más bonitos de cada ciudad.

—¿Cómo es la Sonsoles de andar por casa?

—Es una señora con unas gafotas de siete dioptrías, con un flequillo recogido con una pinza, un poquito desquiciada, porque ha dejado de fumar y además consumidora compulsiva de café.

—¿Con qué sueñas en estos momentos?

—¡Uf! No me atrevo a soñar más. Ahora mismo estoy feliz, superagradecida de todo lo que me está pasando. Pero te confieso que mi mayor sueño ya se ha hecho realidad, porque nunca imaginé que aquello que yo escribo, llevaría mi nombre...