El keniano Rudisha, bicampeón olímpico de los 800 metros

Sin nuevo récord mundial, pero con autoridad, el atleta africano revalida su título de Londres


Noelia Román (DPA)

Sin un estratosférico récord mundial, como había hecho en Londres 2012, sino con un registro apenas un poco más humano, el keniano David Rudisha revalidó hoy su título de campeón olímpico de los 800 metros en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Rudisha se colgó su segundo oro olímpico consecutivo dando las dos vueltas al Estadio Olímpico de la ciudad brasileña en unos fabulosos 1:42,15 minutos, su mejor marca de la temporada. Tras él, el argelino Taoufik Makhloufi conquistó la plata en 1:42,61, récord de su país. Y el bronce fue para el estadounidense Clayton Murphy con 1:42,93, su mejor registro de siempre.

«Correr en 1:42 es simplemente fantástico»

«Correr en 1:42 es simplemente fantástico», afirmó el propio Rudisha tras revalidar el cetro. «¡Es genial! Estoy emocionado. Es el mejor momento de mi carrera», prosiguió, exultante.

«No tenía dudas antes, las sensaciones en mi cuerpo eran buenas y es fantástico ganar una competición tan grande, mi segundo oro», añadió.

Cuatro años después de su gesta de Londres y pese a sus problemas físicos, Rudisha recuperó su mejor versión de los últimos tiempos para conquistar una carrera que lanzó de manera loca su compatriota Alfred Kipketer a los 200 metros y él concluyó de modo extraordinario con su mejor marca desde Londres.

El campeón keniano no alcanzó aquel 1:40,91 de los Juegos de 2012 con el que maravilló al mundo y sigue siendo récord mundial de la distancia. Pero se impuso con tanta suficiencia y con tanta ventaja sobre sus rivales en una final en la que hasta cinco atletas batieron alguna marca, que no hubo ni la más mínima duda de quién es el monarca absoluto de la distancia.

En la olimpiada que pasó -el período entre unos Juegos y los siguientes-, nadie fue capaz de superar ese fabuloso registro.

Tampoco el propio Rudisha que, tras elevar el listón hasta lo más alto, se conformó con tiempos, simplemente, extraordinarios: sus seis mejores marcas están entre las diez mejores de la historia.

La de hoy la logró el «orgullo de África», como lo apodan sus paisanos africanos, corriendo con gran inteligencia, sin inquietarse ante el tremendo y alocado arreón que asestó Kipketer apenas superados los 100 metros de carrera.

El keniano, que tenía la segunda mejor marca de la temporada de entre los finalistas, abrió un hueco considerable, antes de rebajar el ritmo de manera dramática para dejarse atrapar recién pasado el 400, que cruzaron en unos rápidos 49,23.

Recompuesto el grupo, Rudisha apenas dejó pasar otros cien metros para lanzar su ataque en el 500 y, con su maravillosa zancada, correr hacia la meta sin a que nadie pudiera superarlo.

Fue una exhibición. Otra más. Hasta el punto de que, en su persecución, hasta cuatro de sus contrincantes batieron su propia marca personal. Tres, la de este año. Murphy, el bronce, la suya de siempre, que rebajó en algo más de un segundo y medio. Una bestialidad a este nivel.

En cuanto cruzó la meta, de nuevo para recibir los máximos laureles olímpicos, el majestuoso masai de 1,90 abrió los brazos al cielo, como para agradecer que la intensa lluvia, que una hora antes había interrumpido la sesión, no hubiese perturbado su gran noche carioca.

Con el oro de hoy, Rudisha se unió a la lista de ochocentistas que lograron dos oros en dos Juegos consecutivos. El último había sido el neozelandés Peter Snell, que enlazó su corona olímpica en Roma 1960 y en Tokio 1964.

Luego, se abrazó con Makhloufi y Kipketer, el africano loco, y saludó al escaso público que tuvo el privilegio de asistir a su carrera. No fue como el show del «rayo» Bolt, porque Rudisha no es un histrión. Pero, sobre el tartán, sí un hombre-espectáculo.

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