Koke se ciñe el timón de la selección española

El centrocampista del Atlético dio sentido al juego de España, puntillosa en el pase hasta que se adelantó


redacción / la voz

Koke quedó fuera de foco en Saint Denis. Apenas en alguna de esas ocasiones en que las cámaras apuntaban a Del Bosque, mientras el seleccionador perseguía en su cabeza una esquiva solución, se pudo ver de soslayo la figura del centrocampista del Atlético de Madrid. Nunca llegó a pisar el césped y España se hundió sin él, encomendada a un Cesc ramplón. Pocas cosas buenas salieron de aquellos octavos de la Eurocopa, aparte de algunas notas mentales tomadas por el próximo timonel del combinado nacional. Ayer se puso a prueba su pericia, y desde una plaza vital para el equipo enseñó al nuevo proyecto a navegar.

Hasta que Italia tocó arrebato, Koke siempre eligió bien, demostrando que la penúltima campeona de todo sigue siendo capaz de someter a cualquier adversario desde el buen pie. Él tocó la pelota más veces que nadie en Turín -121, por las 94 de Silva, o las irrisorias 67 de Barzagli, el más persistente del conjunto local- y tanta frecuencia no mermó su concreción. Acertó en el 89% de los pases (hasta el 95% se disparó el canario) y entre ellos coló uno que pudo haber resultado fundamental. Dejó a Vitolo al borde del doblete, pero su socio pifió la ocasión.

En descargo del extremo del Sevilla juega que antes había aprovechado un error de bulto de Buffon para descarrilar el partido con su gol. Hasta el 0-1 Italia no había hecho otra cosa que perseguir un balón que pasaba por las botas de Iniesta, Koke y Silva con regularidad. Mientras perduraron las tablas iniciales, solo los envíos de Carvajal se movieron por debajo del 89% de efectividad. Los visitantes acumularon gracias a ello un 73% de posesión.

Era Ventura el que no daba con la tecla, mientras Lopetegui apuntaba al pleno con un triunfo de postín. Pero si hay un equipo al que no dar por muerto ese es el rival de ayer. El que recuperó en Francia su condición de oponente maldito, descabalgando al campeón. Aquel 27 de junio había otro patrón en el banquillo y un hombre distinto en tareas de construcción. Esta vez, además del buen botín de un empate, España ha ganado un timonel.

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