Deprisa, deprisa, Ueli Steck

El escalador suizo representaba una nueva y controvertida generación de alpinistas, a los que no les basta con llegar a la cima por la ruta más difícil: tienen que hacerlo en el menor tiempo posible

El alpinista suizo Ueli Steck muestra su cronómetro tras batir el récord de ascensión de la pared norte del Eiger
El alpinista suizo Ueli Steck muestra su cronómetro tras batir el récord de ascensión de la pared norte del Eiger

Redacción / La Voz

«Hay cosas mucho más difíciles que la cara sur del Annapurna». Podría ser el comentario de un troll en cualquier noticia o foro de Internet, pero lo dijo Reinhold Messner en una entrevista concedida a La Voz de Galicia hace ahora tres años. Ueli Steck acababa de hacer historia al ascender en solitario por esa vía el décimo ochomil del planeta, una de las cumbres más peligrosas: de cada diez que lo intentan, cuatro mueren antes o después de llegar a la cima. Uno de ellos fue Iñaki Ochoa de Olza, un bravo navarro que en el 2008 sufrió un edema pulmonar a 7.400 metros de altitud, sin posibilidades de descender por sí solo. Durante cinco días se escribió una de las páginas más bellas en la historia del alpinismo: catorce escaladores de diferentes partes del mundo montaron una operación de rescate contrarreloj en la que arriesgaron su propia vida para tratar de salvar la de un compañero. Entre ellos estaba el suizo Ueli Steck, quien se lanzó hacia arriba con un material precario (a mitad de camino intercambió sus botas y su chaqueta con el ruso Alexei Bolotov, compañero de cordada de Iñaki y que bajaba tras haber hecho cumbre) y relevó al rumano Horia Colibasanu, que había permanecido junto al español durante 72 horas. Todos ellos intuían que la gesta era imposible, cualquier alpinista sabe que allí arriba estás solo, con tus propias fuerzas y tus pensamientos. Pero aún así, lo intentaron. Ochoa de Olza murió y su cuerpo reposa para siempre en las nieves eternas del Himalaya. Steck estuvo con él hasta el final, administrándole medicamentos, hidratándolo, acompañándolo. Efectivamente, hay cosas más difíciles que esa arista de siete kilómetros que conduce al cielo del Annapurna, como dejarlo todo, arriesgarlo todo, por un amigo.

Ueli Steck ha muerto ahora haciendo lo que para él y muchos como él significa vivir: subir montañas, explorar sus límites, superar retos. Intentaba completar la travesía del Everest y el Lhotse, y cayó en un muro de roca cuando hacía la aclimatación en el Nuptse. Hace cuatro años, en esa misma zona, pereció Bolotov. Los que no somos como ellos no podemos entenderlo. ¿Valen más los sueños que la propia vida? ¿Es necesario escalar con el cronómetro en la mano, como cuando subió la cara norte del Eiger en 2 horas, 22 minutos y 50 segundos, prácticamente sin usar cuerdas en ningún tramo? ¿No se puede disfrutar de una pasión sin intentar batir récord tras récord?

Messner, en aquella entrevista, decía que el montañismo se estaba convirtiendo cada vez más en un deporte y cada vez más en turismo. Explicaba que la gran ayuda actualmente no es el oxígeno, sino la pista preparada hasta la cima (el propio Steck reconoció que la ascensión exprés al Eiger no había sido en libre, sino utilizando la huella existente y ayudándose de los seguros que había en la pared). Pero, sobre todo, la gran leyenda mundial del himalayismo afirmaba que «el montañismo no lo puedes plantear como si fuera una competición, porque las condiciones cambian cada día». O sea, que puedes ser el más rápido, pero no se pueden establecer comparaciones porque depende del clima que te hayas encontrado durante el ascenso y el descenso.

Claro que Messner lo ve todo diferente desde sus 73 años. Él es un superviviente, pertenece a otra generación que no necesitaba subir las montañas corriendo. Pero también fue un pionero, abriendo rutas nuevas, buscando las vertientes más difíciles, renunciando al oxígeno, hollando la cima del Everest en solitario. Y también se marcó el reto (y de nuevo fue el primero en conseguirlo) de completar los catorce ochomiles.

Seguiremos sin entender a estos hombres y mujeres. Hay quien dice: "¿Quieres riesgo? Ten hijos, o suscribe una hipoteca". Hay personas que se encierran toda la vida en un laboratorio para intentar buscar una cura contra el cáncer. En el fondo es una elección personal. Ueli Steck eligió cómo vivir, aunque sabía lo que se jugaba en cada expedición. Como mínimo merece respeto.

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