Kilian Jornet para el crono en el Everest

El alpinista español ascendió por la cara norte de la montaña más alta del mundo solo, sin oxígeno ni cuerdas, en 26 horas

Escalada al Everest en tiempo récord Escalada al Everest en tiempo récord

En estos tiempos de grandes expediciones comerciales que abarrotan el campo base del Everest, masifican su recorrido y suben a clientes -tras pagar decenas de miles de euros- asegurados al recorrido con mosquetones y atados a una bombona de aire, llegar a la cima solo, sin oxígeno y sin utilizar cuerdas fijas tiene un indudable mérito. Es lo que ha hecho el español Kilian Jornet (Sabadell, 1987) y además en un tiempo récord, 26 horas saliendo desde el monasterio de Rongbuk, último punto habitado.

El reto de Jornet consistía en partir desde Rongbuk, situado a 5.100 metros, y hacer una ascensión ultrarrápida para acabar volviendo al mismo punto. Contaba con la dificultad añadida de tener que recorrer los 30 kilómetros que separan el templo budista tibetano del campo base (un paseo para una leyenda del ultratrail como él, pero no si entre medias escalas la montaña más alta de la Tierra), y de hecho no pudo completar el plan inicial: en el descenso, cuando había llegado al campo base avanzado (6.400 metros), decidió dar por concluida su aventura al no encontrarse en condiciones de seguir.

En septiembre del 2016 Jornet ya había hecho una primera tentativa en el Everest, pero el clima adverso le impidió atacar la cumbre. A finales de abril volvió a la zona y realizó una aclimatación perfecta, que incluyó la cumbre del Cho Oyu (8.201 metros, sexta montaña más alta) el pasado 9 de mayo y el propio Everest hasta los 8.400 metros unos días después.

Con una ventana de buen tiempo de dos días, según los partes meteorológicos, Jornet puso el cronómetro en marcha el sábado 20 de mayo a las 22 horas. Su ascensión fue meteórica hasta los 7.500 metros, poco antes del campo 2, cuando empezó a sufrir malestar de estómago. «No me encontraba muy bien y avanzaba muy lentamente. Cada pocos metros tenía que detenerme, ya fuera con vómitos o con rampas», ha explicado. A pesar de ello se vio con fuerzas de continuar y consiguió llegar hasta el mítico trípode chino que señala el punto más elevado de la Tierra.

«Vi una puesta de sol espectacular y, finalmente, a medianoche llegaba a la cima. Estaba solo pero veía luces de frontales tanto en la vertiente norte como en la sur de expediciones que comenzaban el ascenso», relató.

Ya de vuelta, en el campo base avanzado le aguardaba Seb Montaz, un prestigioso cámara francés que filmó la ascensión. Montaz esperó al español en el campo 2 y subió hasta los 8.020 metros. Fue la única compañía que tuvo Jornet y sus imágenes son importantes no solo para los espónsores (sus vídeos tienen millones de visitas en YouTube), sino para documentar la gesta. De momento no se ha publicado foto en la cima, ni datos del track GPS, aunque esto es habitual en algunos escaladores. El mismo Ueli Steck, la mayor figura del montañismo en los últimos años, era objeto de polémica por este motivo. 

«Speed climbing»

El suizo Steck, que murió el pasado 30 de abril mientras preparaba la travesía Everest-Lhotse, compartía con Jornet su pasión por el speed climbing o alpinismo de velocidad. Un estilo que requiere una preparación física excepcional (una expedición normal tarda cuatro días en subir al Everest desde el campo base) y añade el riesgo de no utilizar las cuerdas fijas. El español no se aprovechó de esta ayuda -la temporada en el Everest no se abre hasta que un equipo de sherpas las sujeta a la pared en las zonas más comprometidas- y presumiblemente tampoco de las escaleras ubicadas en el peligroso escalón Hillary (8.790 metros) desde el 2014.

La meta del Everest forma parte del proyecto Summits of My Life, con el que Kilian Jornet intenta establecer los récords de ascenso y descenso de algunas de las montañas más emblemáticas del planeta. El Montblanc en 4 horas y 57 minutos, el McKinley en 11 horas 48 minutos o el Aconcagua en menos de 13 horas son algunas de las marcas conseguidas. En el techo del mundo la cosa se complica: la ascensión más rápida sin oxígeno desde el campo base norte la acredita desde 1996 el italiano Hans Kammerlander, con 16 horas y 45 minutos; desde el campo base sur está en poder de Kazi Sherpa en 20 horas y 24 minutos. Pero Jornet empezó más lejos... Si es por récords, al Everest ha subido un anciano de 80 años y un niño de 13, ciegos, mancos y hasta un amputado de las dos piernas, el neozelandés Mark Inglis en el 2006.

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