Pablo Carreño vive el éxito del revés

El tenista asturiano acaba el año entre los diez primeros del mundo e invitado a la Copa de Maestros de Londres

.Pablo Carreño, en su partido ante Thiem en las Finales ATP
Pablo Carreño, en su partido ante Thiem en las Finales ATP

Redacción

A Pablo Carreño le han abierto este año la pista central de Roland Garros y la Arthur Ashe de Nueva York, el escenario más impresionante del tenis mundial con sus 23.000 espectadores. O quizá sería más apropiado decir que se las ha abierto él solo. El gijonés cumplió 26 años en verano, justo entre sus éxitos en la arcilla de París, donde llegó a cuartos de final en junio, y el cemento del US Open, en el que avanzó hasta las semifinales en septiembre, y ha encontrado este año la fortaleza mental para jugar bien durante muchos minutos seguidos. El resultado es un hito del deporte asturiano: por primera vez un tenista criado en la región acaba el año entre los diez primeros de la clasificación de la ATP. Hasta le llamaron de la Copa de Maestros, la fiesta del fin de curso a la que solo se invita a los mejores de los mejores, porque solo hay ocho plazas, para sustituir a Rafa Nadal cuando se lesionó en su primer partido en esa cita de Londres.

Quién lo hubiera dicho en el 2012, cuando su lesión de espalda lo llevó al quirófano y, según creían muchos, le estaba conduciendo a la retirada. Desde entonces, Carreño ha roto un techo tras otro y ya no le quedan muchos que superar. Ya es el décimo tenista del mundo, ya se le menciona en las mismas frases que a Nadal, Federer o Djokovic. Ya no necesita ganar a secas, sino ganar más. Porque una paradoja aparente de su año 2017 es que ha escalado 20 puestos en la clasificación mundial a pesar de llevarse un solo torneo, el de Estoril, en mayo, frente a los dos que conquistó en el 2016. Pero donde ha estado la diferencia es en su trayectoria en el Grand Slam. Además de decidir eliminatorias en favor de España en la Copa Davis (contra Croacia, en febrero), nunca había sido tan constante y tan fuerte en las grandes citas, nunca su revés había causado tantos problemas a sus rivales.

En París, eliminó a Mayer, Daniel, Dimitrov (que acaba el año como número tres) y Raonic antes de cruzarse con Nadal. El partido no llegó a jugarse del todo. Un tirón en el abdomen sacó a Carreño del choque y del torneo. Se perdió Wimbledon, pero volvió a tiempo de competir en Nueva York. Allí superó cinco rondas antes de que el sudafricano Kevin Anderson le frenara a un paso de la final. Era el día de Asturias, 8 de septiembre, y el gijonés ganó el primer set, pero no llegó más allá. Ahora se le ha metido en la cabeza hacerlo y es muy metódico en sus objetivos.

Si Carreño ha sido el rostro del éxito en el deporte asturiano este año, a Fernando Alonso ha vuelto a tocarle encajar con estoicismo el deficiente rendimiento del motor Honda de su McLaren en el campeonato del mundo de Fórmula 1. Solo pudo puntuar en cinco de sus 19 carreras del año y nunca acabó cerca del podio. Su mejor resultado llegó en Hungría, en julio, al llegar sexto y sumar de una tacada ocho de los 17 puntos con los que cerró la temporada. Ocupó el decimoquinto lugar en la clasificación de pilotos.

Tan desesperado estaba que empezó a buscarse nuevos intereses. En mayo tomó parte por primera vez en su carrera en las 500 millas de Indianápolis. No pudo acabarlas, pero fue elegido mejor novato y, en noviembre, volvió a demostrar su interés por nuevos retos al confirmar su participación en la próxima edición de las 24 Horas de Le Mans. El año que viene se reencontrará con Renault, cuyos coches le llevaron a sus dos títulos. El fabricante francés proporcionará los motores a McLaren en lo que muchos esperan que sea un retorno a la competición de la escudería inglesa y el piloto ovetense.

Otra noticia triste llegó del mundo del ciclismo. En agosto, dos días antes del comienzo de la Vuelta a España, la Unión Ciclista Internacional (UCI) anunció que Samuel Sánchez había dado positivo en un control antidopaje realizado fuera de competición a principios de ese mismo mes. A sus 39 años, ya cerca de la retirada, el ovetense, campeón olímpico en Pekín 2008, se quedó así sin participar en la gran carrera española. En octubre, los resultados del contraanálisis confirmaron la presencia en su muestra de rastros de una sustancia que libera la hormona del crecimiento. Su equipo, el BMC, decidió expulsarle. Sánchez, que mantiene su inocencia, ha evitado las declaraciones y ha encomendado un recurso a sus abogados. Con una sanción a su edad, es probable que no vuelva a competir.

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