¿Algo más patriota que un águila?

El campeón New England y Philadelphia juegan el domingo la final de la NFL


redacción / la voz

El mayor espectáculo del mundo lo es porque cada año es capaz de regalarse una vuelta de tuerca a cuenta de su propia historia, sin necesidad de condimentos artificiales. Porque le sale de dentro. Nada más norteamericano que la final de la NFL, el campeonato de football que corona a los ídolos y encumbra al deporte como negocio, al negocio por deporte. La que consigue que el campeón de Estados Unidos sea el campeón del mundo conocido. Esta vez (desde las 00.30 horas en la madrugada del domingo al lunes, retransmitido por Movistar #0), jugarán los de siempre. Los que siempre ganan, New England Patriots (llevan cinco y son los vigentes campeones), contra los que siempre pierden, Philadelphia Eagles (esta es su tercera Super Bowl y ya cayeron en las de 1981 y 2005, esta precisamente contra los Patriots).

A pesar de ello, los expertos sostienen, estadísticas en mano, que aquel pasado es muy lejano, que la defensa de los Eagles es mejor y llega en un momento óptimo y que si Tom Brady hizo un pacto con el diablo para mantenerse siempre joven y vigoroso, no es problema de las Águilas, porque, al fin y al cabo, hablando de Estados Unidos, ¿algo más patriota que un águila?

Porque la Super Bowl es mucho más que un oval surcando los aires. De hecho, para algunos, es lo de menos. La cita del domingo es la catarsis absoluta del concepto norteamericano del deporte. Comenzando por la sede de la Super Bowl (la 52.ª, 48.ª de la era moderna), el U. S. Bank Stadium de Minneapolis, un coloso que costó casi mil millones de euros. Cada uno de los 66.000 espectadores que accedan a él habrán pagado entre 3.500 y 16.000 euros para disfrutar en vivo de la interpretación del himno estadounidense (el The Star-Spangled Banner) por parte de Pink y del concierto en el intermedio por parte de Justin Timberlake. Emulándoles desde la distancia estarán unos 112 millones de personas (el descalabro en las audiencias es analizado como una simple caída de la televisión tradicional, ya que los demás caminos de visionado aún no son computados) que comerán 1.300 millones de alitas de pollo remojándolas con unos mil millones de litros de cerveza mientras ven anuncios que se cotizan a seis millones de euros el medio minuto y en los que Cindy Crawford es la gran estrella. Indigestiones aparte, dos millones de norteamericanos aducen enfermedad para faltar al trabajo el lunes siguiente.

Entre tanto, el glamur se dispara entre bambalinas. Stallone y Will Smith apoyan a los Eagles. Su jugador, Zach Ertz, está casado con la futbolista campeona del mundo Julie Johnston, de los Red Stars. Pero los Patriots tienen al considerado matrimonio más perfecto de América, el formado por Tom Brady y Gisele Bündchen, aunque también es el más odiado. En relación a estas tiranteces, circula una encuesta que da a elegir: «¿Quién te cae peor, los jugadores de los Patriots o los aficionados de los Eagles?».

A más de seis mil kilómetros y con el Atlántico por medio, Galicia no se lo perderá. Son muchos los clubes (Atlantics, Towers...) que organizan quedadas para disfrutar en directo del mayor espectáculo del mundo.

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