Un titán desde la adolescencia

Un asturiano de solo 16 años completa en bicicleta centenares de kilómetros a través del desierto, acompañado por su padre, y emociona a avezados deportistas de las dos ruedas

Pablo Antuña cruza el desierto de Marruecos, sobre su bicileta
Pablo Antuña cruza el desierto de Marruecos, sobre su bicileta

Redacción

«¿Dónde está el baño, papá?». Aquilino Antuña se retira un poco del teléfono para responder, pero la conversación se escucha perfectamente a través de la línea de teléfono que crepita. «Pues, no lo sé, hijo. Pregunta». Esta sería una conversación completamente normal entre un padre y un hijo de 16 años, si no llega a ser porque el que busca el urinario es Pablo Antuña, un asturiano que pese a su juventud acaba de completar centenares de kilómetros a través del desierto de Marruecos, en bicicleta, y en unas condiciones tan extremas que ha conseguido emocionada a aguerridos deportistas de las dos ruedas. Ha sufrido llagas y deshidratación. Ha pedaleado, pegado puñetazos a la arena y llorado. Pero, al final, Pablo Antuña se ha convertido en el corredor más joven en completar la Titán Desert, una de las pruebas más extremas para los aficionados.

Las imágenes grabadas por el mediático broker Josef Ajram y colgadas en su Facebook son un fiel reflejo de la gesta. Durante la segunda de las seis etapas de las que consta la prueba, Pablo Antuña sufrió un fuerte episodio de deshidratación, así que su padre, junto al que corría, le aconsejó que abandonara. Cada vez que escuchaba esa palabra rompía a llorar. Los médicos de la Titan le pusieron más de un litro y medio de suero para mejorar su situación, aunque no acababa de estar bien del todo. Pero en vista de su determinación, impropia para su edad, todos se aliaron. El equipo médico escoltó el resto del recorrido a su equipo, en el que también estaba su padre Aquilino y otro amigo, Miguel. Juntos cruzaron la meta una hora antes de que se cerrar el control, después de 10 horas. Hasta el campamento llegó la noticia de las condiciones en que Pablo estaba pedaleando, así que todos, rivales, acompañantes y organizadores les hicieron un pasillo y comenzaron a ovacionarles desde que les atisbaron en la distancia. En el vídeo se ve cómo cruzan la meta y cómo padre e hijo se funde en un abrazo mientras gran parte de los que presenciaban las imágenes rompen a llorar.

Una prueba de fondo

La Titan Desert ya ha terminado y pueden hablar con la tranquilidad que les confiere haber superado la prueba. Al día siguiente, del episodio de deshidratación Pablo no pudo salir. Pero como completó cinco de las seis etapas de las que consta la carrera ha sido merecedor de un título acreditativo. Aquilino y Miguel las recorrieron todas y han recibido el premio de finishers, que es a lo que aspira la gran mayoría de los participantes.

Esta hazaña comenzó a gestarse justo hace un año. Aquilino Antuña ya corrió en la edición de 2017 y su hijo, entonces, fue un acompañante. Le deslumbró todo el montaje y comenzó a hablar de correr. A su padre no le pareció mala idea, aunque confiesa que creyó que era un calentó que no iba a llegar a buen puerto. «Le dije que si quería se lo pagaba pero tenía que entrenar y prepararse a fondo», cuenta todavía desde Marruecos este asturiano afincado en Madrid, nacido en Pumarabule. 

Pablo Antuña empuja su bicileta sobre la arena de Marruecos en una de las etapas de la Titan Desert
Pablo Antuña empuja su bicileta sobre la arena de Marruecos en una de las etapas de la Titan Desert

Aunque Pablo no hubiera llegado a cruzar la línea de salida, Aquilino hubiera dado por buena la idea solo por las horas que pasaron juntos entrenando, y por todo el tiempo que su hijo «no estuvo pegado a la consola». Pero la Titan Desert ha sacado en este joven un amor propio y una capacidad de superación impropia de los 16 años. «Él, que es un quejica, aquí ha sufrido llagas tremendas por el sillín. El último día le miraba y le veía como tenía que pedalear de pie. Además, por la arena, en gran parte del recorrido, las ruedas se entierran y hay que bajarse de la bicicleta y empujarla. Le veía dar puñetazos al suelo y seguir», comenta su padre todavía impactado por esa fortaleza.

Estuvo preocupado, sobre todo, el día de la deshidratación. Esa segunda etapa fue tan dura que los tres litros de agua que llevaban a la espalda en una mochila camel de la que bebían por un tubo no fueron suficientes para llegar hasta el siguiente punto de avituallamiento. Por eso tuvo que intervenir el equipo médico con el suero. Pero no se atrevió a prohibirle seguir cuando vio su determinación y cómo lloraba con desconsuelo solo de pensar en abandonar.

Aquilino Antuña está orgulloso de la gesta de su hijo, pero no esperaba que saliera del ámbito familiar. De hecho, sus tíos y primos seguían sus andanzas desde Asturias, con el corazón en un puño. Los vídeos del pasillo que les hicieron sus compañeros traspasaron las fronteras de la Titan Desert. Periódicos deportivos se han hecho eco y ahora Pablo es una referencia. No obstante, con los pies en los suelos y el orgullo por las nubes, todos vuelven a casa para continuar con su día a día y, quizá, con la idea en mente de marcarse nuevas metas. Saben por experiencia que lucharán para cumplirlas.

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