Del flower power al black power

El podio de los 200 metros de los Juegos de México fue un símbolo de la lucha contra el racismo


Cómo ha cambiado el mundo. Eso debieron pensar los atónitos asistentes a la final de los 200 metros lisos en los Juegos Olímpicos de México, tal día como hoy hace medio siglo. En lo más alto de aquel podio, el estadounidense Tommie Smith elevaba su puño derecho enfundado en un guante negro. A su izquierda, John Carlos hacía lo propio con su puño izquierdo. Estaban descalzos, mostrando sus calcetines negros. Además, rindieron su rostro en señal de protesta. Aquello simbolizaba el black power (poder negro), la lucha contra el racismo. Fue plata el australiano de raza blanca Peter Norman. Todavía es el recordman de la distancia en su país. Pero a nadie le importó.

Tras la ceremonia del podio, Smith y Carlos lo dejaron claro: «Digan al mundo blanco que ya estamos cansados de ser vistos y tratados como animales, de ser caballos de exhibición. Como hemos ganado, dirán que han triunfado unos norteamericanos, si hubiésemos hecho algo malo, dirían que lo hizo un negro». Ambos pertenecían al Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos. Seis meses antes, Martin Luther King había sido asesinado. Los Juegos de México se celebraron con el boicot de la comunidad internacional a Sudáfrica por su política de apartheid. Alemania participó dividida por primera vez.

Smith y Carlos tuvieron arrestos para abrirle los ojos al planeta. Su toque de atención suscitó división (sus compatriotas les abuchearon con el dedo pulgar hacia abajo), así estaba la sociedad el año que cambió el mundo. Siguieron sufriendo racismo y la esposa de Carlos, que había comprado los guantes, acabó suicidándose. A pesar de todo, ese fue el momento en el que el flower power dio paso al black power y confluyeron la no violencia y la acción antirracista.

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