¿Sabes perrear?


Brutal. La cantidad de estados emocionales que tuvo que gestionar Ada Hegerberg en un segundo ante tal pregunta en la entrega del primer balón de Oro en la categoría femenina de la historia, fue brutal.

Nerviosismo y tensión por ir a recoger el premio en una gala multitudinaria. Alegría catártica porque los esfuerzos diarios han dado sus frutos. Y justo ahí, en ese momento, en el escenario se rayó el disco que tocaba perfecto hacia un día de esos que debería ser de felicidad total para Ada. En ese segundo de incoherencia del presentador preguntándole eso, esa emoción se convirtió en rabia, asco, frustración, ira y, finalmente, tristeza.

Tienes que ser una campeona para gestionar así las emociones, y claro que lo es. La noruega ha sido elegida como la mejor futbolista con este reconocimiento. Pero volvemos a encontrarnos con que tiene que superarse una vez más, como nos sigue sucediendo a las mujeres. No pudo disfrutar la gala tranquila como Modric. ¿No se lo merece como derecho propio solo porque es mujer? Con uno tratan de temas lógicos y adecuados a la profesión que ejercen. Con ella no. Nuevamente vemos que al ser una mujer ya le cae una pregunta machista, irrespetuosa y burda. La falta de profesionalidad quedó de manifiesto con este guion de gala tan cutre, anticuado y en fin, vomitivo. Lo preocupante es que un guion de una gala de esta magnitud está gestionado, preparado y bien estudiado como para que se pueda escapar algo así, es decir, que ha existido el delito con premeditación y alevosía. No hubo dudas al pronunciar ¿sabes perrear? e, inmediatamente por supuesto, risitas a esta broma de mal gusto.

También me parece preocupante la gestión de esta noticia según qué medios. Se vuelve a ver que no todos hablan con un lenguaje claro, no sexista y contundente siendo, como deberían ser, un ejemplo de condena ante esta «broma» machista. La responsabilidad de los medios también debe tender a visibilizar estas faltas de respeto. Ante este tipo de comentarios toca placar para conseguir tener un escenario de igualdad, y libre de vergüenza para los próximos Modrics, Adas, Luisas, Rogelios, o como se llamen.

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